A los inicios de una nueva era cultural

Redacción

Por Redacción

Daniel Molina* @rayovirtual

Qué altura alcanzaría una hoja de papel suficientemente fina y extensa como para que podamos doblarla cincuenta veces sobre sí misma? Es un experimento imposible de llevar a cabo en la práctica. Este experimento sólo se puede hacer teóricamente: si la hoja tiene menos de medio milímetro de alto, al doblarla cincuenta veces sobre si misma alcanza la distancia que nos separa de la Luna. Y si fueran cincuenta y una vez, sería ida a la Luna y vuelta a la Tierra. Así funciona lo exponencial. Para la mayoría de nosotros lo exponencial es algo difícil de imaginar. En el mundo cotidiano estamos acostumbrados a manejarnos con series aritméticas, esas en las que cada unidad que se agrega suma un punto: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11… Pero en las series exponenciales cada paso es la duplicación del anterior: 1, 2, 4, 8, 16, 32, 64, 128, 256, 512, 1024… Hasta hace un cuarto de siglo no teníamos nada en nuestra experiencia cotidiana que se guiara por la aceleración exponencial. Hoy, por el contrario, todo lo nuevo en nuestro mundo cultural se rige por esta serialidad: desde internet hasta los flujos financieros. Estamos en medio del cambio cultural más radical que sufrió el ser humano desde la aparición de los primeros balbuceos del lenguaje, hace unos 100.000 años. Para comprender la aceleración en el desarrollo de la comunicación, comparemos lo que tardaron algunos dispositivos para ser adoptados por un gran público. Al libro le llevó tres siglos llegar a 50 millones de lectores distintos. El teléfono los logró en “sólo” 70 años. La radio lo hizo en 30 años y la TV en 13 años. A internet le llevó sólo 4 años llegar a 50 millones de usuarios. Pero una vez instalada internet todo se aceleró siguiendo la lógica de lo exponencial. Una aplicación ya clásica, como Angry Birds, alcanzó los 50 millones en 35 días. Y el video del Gangnam Style alcanzó los 50 millones en 24 horas. La fotografía analógica se inventó en 1828. Tuvo una vida de 170 años antes de que se popularizara la fotografía digital. En esos 170 años se tomaron miles de millones de fotos. Esa enorme cantidad es pequeña frente a la exuberancia de la fotografía digital: hoy se toman, por día, el doble de fotos que todas las que se tomaron en los 170 años de fotografía analógica. Se producen por día tantos documentos de cultura como todo lo que produjo la humanidad en los 35.000 años que van desde las pinturas rupestres más antiguas hasta la masificación de internet. Así como el lenguaje nos transformó en los animales que dominaron a todos los demás y se adueñaron completamente del planeta, la creación del mundo virtual nos está transformando radicalmente, pero aún no sabemos en qué. Y todo esto sucedió en sólo 25 años. Un cambio típico de la transición cultural hacia la era digital es que ya no sólo vivimos en el mundo de los átomos una vida animal sino que ahora somos anfibios: gran parte de nuestra vida transcurre en el mundo virtual. Vivimos en contacto permanente con muchos otros, a la mayoría de los cuales no conocemos más que por sus interacciones virtuales. Cinco mil millones de personas están conectadas las 24 horas a internet. La mayoría de ellas ya pasa más del 60% de su tiempo mirando una pantalla. Unos mil millones (el 20% del total actual) pasa el 80% o más de su tiempo conectado. Hoy no somos más individuos sino que funcionamos como neuronas de un cerebro planetario, haciendo permanentemente sinapsis. Es en el contacto con los otros (virtuales, por lo general) que existimos. La idea de individuo nació con la Modernidad, cuando creamos un espacio personal y secreto que denominamos intimidad. Todo eso ya no existe ni tiene sentido. Estamos solos y, a la vez, no tenemos ni un segundo a solas. En la nueva etapa cultural se ha borrado la frontera, que siempre fue muy porosa, entre verdad y ficción. ¿Qué hay de cierto o de ficcional en el mundo virtual? ¿Soy lo que digo ser? ¿Cómo puedo saber si el otro virtual con el que hablo existe o no? Estamos yendo más rápido de lo que nuestra mente puede pensar. No tenemos las palabras que describan esta experiencia. No sabemos qué significa crear este otro mundo, pero igual lo estamos haciendo. El gran desafío de la época pareciera ser inventar el lenguaje que dé cuenta de esta nueva aventura. ¿Lo haremos? *Crítico cultural

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