Acequias para que los mallines no se sequen

El sistema desarrollado en la UNC protege estas formaciones.



Los mallines

Un corte en un mallín permite ver cómo es el suelo y hasta dónde llega la napa freática.
Un equipo de investigación de la Universidad Nacional del Comahue le encontró la vuelta para hacer sustentable, con muy poco dinero, la producción agropecuaria en los mallines, esas praderas rodeadas de meseta que abundan en la Patagonia y que, como en el reino del revés, recibe riego de abajo hacia arriba, gracias a la “bomba solar”.

Mallín no es una palabra extraña para los habitantes de la región, ¿pero cuántos saben qué es exactamente? Se trata de una zona de forma cóncava con una napa freática cercana a la superficie y un suelo que permite el ascenso capilar desde esa napa, de tal manera que provee humedad a la vegetación.

El corazón de estas formaciones, que pertenecen a la era cuaternaria, es su cauce central, una especie de arroyo que corre por el medio del mallín y distribuye el agua en la napa.

Se estima que entre el 4 y el 8% de la superficie de la Patagonia son mallines. En estos verdaderos oasis en medio del desierto se produce 30 veces más pasto que en la estepa.

Aunque, en definitiva, es la lluvia la que le aporta agua de riego a los mallines, el suelo no la absorbe desde arriba sino de la napa porque el basalto que conforma la meseta que rodea estos valles cóncavos es sumamente permeable.

De todos modos la naturaleza no los hizo perfectos porque cuando la producción agropecuaria más los necesita, los mallines pierden agua por el déficit de lluvias del verano. Y la disminución de la napa va degradando el suelo y la vegetación.

Cuando se da este fenómeno, las lluvias erosionan con fuerza los mallines y terminan por socavar su cauce principal. En definitiva, la napa se seca.

El ingeniero agrónomo Federico Horne dirige este equipo de investigación de la facultad de Ciencias Agrarias, que también integran su colega Patricia Schmid, los ingenieros en Recursos Hídricos Gabriela Polla y Sergio Stangaferro, y la geóloga Cecilia Dufilho. Junto a otros colaboradores, forman parte del Instituto de Tierras, Aguas y Medio Ambiente de la UNC.

La solución que le encontraron al déficit de humedad en este tipo de tierras parece sencilla y, aunque no lo plantean en estos términos, se trata de reproducir el mismo mecanismo de “humidificación” para acercar la napa a la superficie mediante canales muy superficiales que redistribuyen el agua del cauce central.

La idea ya pasó la etapa de ensayo y está aplicándose en un mallín de 3.000 hectáreas de la zona de El Huecú, donde crían ovejas y vacas.

Se han desarrollado ya otras ideas para encontrarle una solución al déficit de humedad, pero el que estos investigadores desenvolvieron tiene un costo de sólo 50 dólares por hectárea, contra los 1.000 de otras opciones de riego desde la superficie.

Además del de El Huecú, el sistema se está aplicando, en algunos casos en fase de ensayo, en Piedra del Aguila, Zapala, Junín de los Andes, Las Lajas y hasta en Comallo, en la Línea Sur rionegrina. Lo que estos investigadores inventaron se basa en el desvío del agua del cauce central por acequias de infiltración mediante compuertas.

Separadas 500 metros entre sí (dependiendo del tipo de suelos), estas acequias de infiltración llevan el agua del cauce central por determinados recorridos hasta permitir la infiltración a la napa de manera que puedan lograrse que todo el mallín tenga la misma humedad.

Para manejar el sistema es imprescindible conducirse con un instrumento llamado “freatímetro” para saber cuándo abrir y cerrar las compuertas.

Además a cada mallín le corresponde un cálculo sobre la cantidad de animales que pueden pastar en él porque una superpoblación degradaría la superficie, lo que a la larga terminaría por dañar la fuente de agua que es esa valiosa napa.

Aquí es donde el freatímetro adquiere también importancia porque de los datos que arroje dependerá la cantidad de animales que podrán pastar en el mallín. (AC)

Martín Belvis

rncipolletti@arnet.com.ar

La solución abre nuevos horizontes de producción

En los mallines de Neuquén y Río Negro se crían vacas, ovejas, cabras, chivos y hasta ciervos. La humedad de sus suelos permite que sean zonas de pastoreo importantes, pero los especialistas están convencidos de que puede extenderse la producción agrícola, siempre y cuando las especies soporten la rigurosidad del clima.

Los investigadores de la facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad del Comahue se entusiasman pensando que los mallines pueden extender sus horizontes de aprovechamiento, ayudados por la solución que le encontraron al déficit de humedad. Claro que siempre de acuerdo a las limitaciones que deben disponerse para evitar la sobreexplotación del suelo.

Los mallines pueden ser tierras de producción en el campo de la fruticultura, horticultura y hasta floricultura.

Para los investigadores, no sería descabellado pensar que en los mallines puede haber cultivo de trigo. De hecho, hasta mediados del siglo pasado en la cordillera chubutense la producción de trigo fue importantísima; como muestra, queda un molino en Trevelin que hoy es un museo.

Es fundamental el hecho de que el suelo de un mallín de cordillera raramente es salino, lo que ayuda al cultivo. (AC)

Los mallines


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