“Actitud difícil de comprender”

Redacción

Por Redacción

Quiero hacer referencia a una costumbre que se viene instalando en San Martín de los Andes y también en otras localidades turísticas desde hace unos años. Se trata del cierre de una gran cantidad de negocios, administraciones y prácticas profesionales durante la totalidad de los días que van desde el 23 de diciembre hasta el lunes que sigue el 1º de enero, que en el caso presente implicó un cierre de doce días corridos. Eso representa el 3,3% de los días del año, y se puede inferir que el porcentaje del valor del trabajo anual que se perdió en la ciudad sea de esa magnitud. La actitud de los comerciantes, funcionarios y profesionales que toman este camino es difícil de comprender, mostrando tal vez una falta de respeto para con sus medios de vida que sólo sería entendible en la etapa de la adolescencia. En este período del año llega la mayor cantidad de turistas, los constructores necesitan materiales para terminar las obras de sus clientes (todos los corralones cerraron), a la gente le hace falta asistencia médica (los especialistas de la ciudad se fueron sin establecer una coordinación previa con las autoridades sanitarias y no aseguraron guardias adecuadas) y la gente necesita habilitaciones municipales y servicios profesionales (fue casi imposible hacer cualquier trámite durante ¡doce días!). La actitud de los poderes públicos llama la atención, ya que no sólo no se dan por enterados sino que, asumiendo una actitud francamente irresponsable, convalidan esta lamentable situación y en ningún momento tratan de consensuar alguna medida para mitigar los efectos del intempestivo éxodo: pareciera que el gobierno creyera que en su país ideal, lo mejor sería que nadie trabajara nunca. Pues es muy lamentable que se tome ese camino en un país como el nuestro, que asentó su prosperidad en la tesonera vocación de trabajo de millones de inmigrantes que trajeron sus habilidades y sus brazos para ganarse la vida y trataron de legar a sus herederos los valores del trabajo. Es de desear que las asociaciones profesionales, los sindicatos y el gobierno adopten una actitud más madura en el futuro y se dediquen a ensalzar el trabajo, que es lo que ennoblece al hombre, en vez del ocio, que en este grado de descontrol al que hemos llegado no sólo lo envilece sino que lo hace perder su independencia. Miguel de Larminat, DNI 8.308.529 – San Martín de los Andes

Miguel de Larminat, DNI 8.308.529 – San Martín de los Andes


Quiero hacer referencia a una costumbre que se viene instalando en San Martín de los Andes y también en otras localidades turísticas desde hace unos años. Se trata del cierre de una gran cantidad de negocios, administraciones y prácticas profesionales durante la totalidad de los días que van desde el 23 de diciembre hasta el lunes que sigue el 1º de enero, que en el caso presente implicó un cierre de doce días corridos. Eso representa el 3,3% de los días del año, y se puede inferir que el porcentaje del valor del trabajo anual que se perdió en la ciudad sea de esa magnitud. La actitud de los comerciantes, funcionarios y profesionales que toman este camino es difícil de comprender, mostrando tal vez una falta de respeto para con sus medios de vida que sólo sería entendible en la etapa de la adolescencia. En este período del año llega la mayor cantidad de turistas, los constructores necesitan materiales para terminar las obras de sus clientes (todos los corralones cerraron), a la gente le hace falta asistencia médica (los especialistas de la ciudad se fueron sin establecer una coordinación previa con las autoridades sanitarias y no aseguraron guardias adecuadas) y la gente necesita habilitaciones municipales y servicios profesionales (fue casi imposible hacer cualquier trámite durante ¡doce días!). La actitud de los poderes públicos llama la atención, ya que no sólo no se dan por enterados sino que, asumiendo una actitud francamente irresponsable, convalidan esta lamentable situación y en ningún momento tratan de consensuar alguna medida para mitigar los efectos del intempestivo éxodo: pareciera que el gobierno creyera que en su país ideal, lo mejor sería que nadie trabajara nunca. Pues es muy lamentable que se tome ese camino en un país como el nuestro, que asentó su prosperidad en la tesonera vocación de trabajo de millones de inmigrantes que trajeron sus habilidades y sus brazos para ganarse la vida y trataron de legar a sus herederos los valores del trabajo. Es de desear que las asociaciones profesionales, los sindicatos y el gobierno adopten una actitud más madura en el futuro y se dediquen a ensalzar el trabajo, que es lo que ennoblece al hombre, en vez del ocio, que en este grado de descontrol al que hemos llegado no sólo lo envilece sino que lo hace perder su independencia. Miguel de Larminat, DNI 8.308.529 - San Martín de los Andes

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