Adiós al humor comprometido de Adolfo Castelo
Murió en su casa a los 64 años. Desde hace poco más de un año sufría cáncer de pulmón.
Conductor radial, televisivo y hombre de los medios gráficos, pero por sobre todas las cosas un lúcido, descarnado y, al mismo tiempo, amable observador de la realidad, el periodista Adolfo Castelo falleció ayer en la ciudad de Buenos Aires a los 64 años. De amplísima trayectoria profesional, actualmente conducía el programa radial «Mirá lo que te digo» y era el director de la revista semanal 'TXT', Castelo falleció a causa de un cáncer de pulmón que se le había declarado a mediados del 2003.
El deceso del periodista, padre de Daniela y Carla, se produjo en su domicilio del barrio porteño de Palermo y fue confirmado ayer a la tarde por su colega y amigo Jorge Halperín. Los restos de Castelo eran velados anoche en el salón Juan Domingo Perón de la Legislatura porteña.
De voz ronca, pelo blanco y humor fino, Castelo dio rienda suelta a la ironía más cuidada y sutil, dando cátedra del llamado humor absurdo y humor inteligente. Aquejado con una enfermedad que no le dio tregua, el mismo Castelo se encargó de comunicar a sus oyentes, desde su programa de radio, sobre el mal que lo afectaba, descubierto al regreso de un viaje a España que emprendió el año pasado junto a su hermano, para conocer la tierra de sus padres: Galicia.
En junio pasado, recibió el premio «Martín Fierro» como «Mejor conductor de radio», por su programa radial y emocionó al auditorio al momento de recibirlo. El hombre se sacó la gorra y dijo: «Gracias, en este momento este premio es medicina». Después, eligió una editorial de su revista para explicar a sus lectores sobre su salud y agradecer a sus colaboradores. El pasado 4 de octubre, fue distinguido como «Ciudadano Ilustre» por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Fumador empedernido, en los últimos meses trabajab recluido desde su casa, desde donde salía al aire para el programa que conducía junto a Jorge Halperín, «Mirá lo que te digo».
Declarado «enfermo de Boca» y con sueños irrealizados de pintor («de aquella frustración nació mi vocación periodística», señaló alguna vez) en una entrevista concedida a la revista 3 puntos, Castello siempre sostuvo que no hacía política sino humor comprometido: «Yo no hago política, hago humor comprometido, digamos que mi humor tiene un condimento que se podría llamar ideológico y eso es lo que me gusta hacer», reflexionó.
Antes, en 2000 cuando integró el staff de «Medios locos» por Canal 7, alertó que el hecho que «los medios estén en manos de dos o tres multimedios hace que la independencia del periodista corra un gran riesgo». Tampoco tuvo reparos en reconocer otra de sus probadas vistudes laborales y confesó: «Soy un gran partenaire porque soy generoso, no quiero sacar ventaja y sólo hago lo mío y muy bien».
El hombre de todos los medios
Nacido en Capital Federal y con infancia en el barrio de Palermo Viejo, Castelo se inició en los medios a través de colaboraciones en las legendarias revistas Tía Vicenta y Rico Tipo, pasando luego a la radio.
En ese ámbito y entre otras labores, formó antológica dupla con Alejandro Dolina en el emblemático «Demasiado tarde para lágrimas», en las trasnoches de radio El Mundo a comienzos de los '80, donde se transmitieron partidos de truco y se hicieron sombras chinescas. De esa misma época es el programa televisivo «La noticia rebelde», una creación colectiva que compartió con Carlos Abrevaya, Jorge Guinzbourg y Raúl Becerra y que cambió para siempre el humor político en el país, introduciendo nuevas fórmulas para la televisión, rescatada luego bajo otros formatos por programas como «Kaos» y «CQC». «Nosotros inauguramos allí el humor que envolvía a personajes formales», sostuvo en cierto reportaje para marcar la clave del programa que desmitificó los parámetros de los medios masivos, desnudando imposturas y fallos a través del humor.
Además, fue fundador de las revistas TXT, «Salimos», «Marcado» y «Cuatro patas». Entre los programas de radio en los que participó se encuentran «Las mañanitas de Radio Libertad», «Fontanashow», «Claves para bajar de la cama», «Uno por semana», «El ventilador», «El tiburón blanco» y «Turno tarde». La etapa más reciente de su recorrido profesional lo vinculó con Jorge Lanata (tuvo presencia en los periodísticos «Día D clásico» y «Día D»).
En 2003 comenzaron los reconocimientos para una carrera coherente e implacable, en que obtuvo el premio como Mejor Conductor Radial en los premios Clarín de 2003 y Animación y conducción masculina radial en los Martín
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