Afuera apoyo explícito, adentro críticas internas

El Presidente trajo del viejo continente un apoyo público de sus pares europeos de cara al acuerdo con el FMI. Al llegar lo esperaban enormes diferencias dentro del propio oficialismo.

Encaminado. El acuerdo con el organismo multilateral estaría cerca, tras la cumbre entre el Presidente y Kristalina Georgieva.

Una célebre máxima, atribuida a personajes como Aristóteles, Maquiavelo o Winston Churchill, reza que “la política es el arte de lo posible”.
Solo una noción semejante permite comprender el derrotero de la gestión económica en las últimas semanas en Argentina.
El Presidente Alberto Fernández y su Ministro de Economía Martín Guzmán transitando una senda clara y precisa, en pos de lograr los apoyos necesarios para encaminar el desbarajuste de la deuda que dejara como legado la gestión Macri. Ello mientras la segunda ola no da tregua, se sostiene el plan de vacunación, y se confirma que la inflación mensual promedio no baja del 4%.
Al lado (o tal vez detrás), los propios compañeros del mandatario, son los principales críticos del rumbo elegido en materia económica. Manifiestan su apoyo en público, pero operan y maniobran fuera de cámara, exactamente en la dirección opuesta a la elegida por la conducción de su propio gobierno.
Enfrente una oposición impotente para generar alternativas que vayan por fuera de la negación permanente a cualquier propuesta o medida que se adopte de parte del gobierno, con la mira puesta pura y exclusivamente en las elecciones.
Mezquindad. No hay mejor palabra para describir semejante dinámica de parte del arco político en su conjunto.

Los precios, a toda marcha

Conocido el dato de inflación del mes de abril, ya no caben dudas: la inflación será superior (tal vez muy superior) a la que se proyectara en el Presupuesto 2021.
“No es correcto extrapolar la inflación mensual para estimar el acumulado anual”, indicó pedagógicamente Guzmán a mediados de febrero. En ese momento ya habían transcurrido cinco meses con un ratio mensual promedio de inflación cercano al 4%.
Tras las declaraciones del Ministro, llegó el 4,8% de marzo y el 4,1% de abril conocido esta semana. Mal que le pese al conductor de la política económica, tras siete meses con inflación promedio del 4%, la extrapolación es inevitable, e incluso necesaria.
Una sencilla proyección de tres escenarios posibles, permite advertir que las noticias en materia de precios difícilmente sean buenas a fin de año.


Si se registrara una baja drástica de la dinámica de precios desde mayo, y hasta fin de año el ratio mensual se ubicase entre 1,5% y 1,9%, el acumulado anual se ubicaría en torno al 35% (cercano pero mayor al pronóstico plasmado en el Presupuesto). Implicaría reducir la velocidad de los precios a casi un tercio de un mes para el otro. Luce imposible por el propio arrastre estadístico.
Si en cambio el registro mensual desde mayo se ubica entre el 2% y el 2,5% mensual, lo cual seguiría siendo un pronóstico extremadamente optimista, el acumulado anual ascendería al 40%.
Si por el contrario el promedio mensual hasta fin de año se coloca entre el 3,5% y el 4% (el escenario má probable), la proyección indica un acumulado de inflación anual cercano al 55% en 2021. Empardaría el 53% que dejó Macri al partir en 2019, el registro más alto de los últimos 30 años.

La concepción multicausal de la inflación, impone la necesidad de medidas más drásticas que las adoptadas por Guzmán, al que creen ortodoxo.


No caben dudas de que la inflación es un problema. Uno grave al que el plan económico que lleva adelante el Presidente Alberto Fernández no le encuentra solución.
Las diferencias internas no tardaron en aflorar.
Un nuevo aumento del 6% en las naftas desde ayer, generó críticas en el seno del oficialismo, con dirigentes que no dudaron en expresar su descontento públicamente. En efecto, el precio de los combustibles impacta de lleno en toda la cadena de valor, y más temprano que tarde se traslada de forma lineal al precio de los alimentos, golpeando el bolsillo de los que menos tienen.
En la misma línea, el debate en torno a las tarifas sigue generando capítulos en la disputa al interior del gobierno. Luego de que el Ministro se sirviera de la conferencia de prensa en que se presentaba la Tarjeta Alimentar para sentar su posición en la interna, esta semana fue el turno del PJ bonaerense comandado por el diputado Máximo Kirchner, que en un comunicado le pide al gobierno “ordenar las cuentas fiscales, sin descuidar a los sectores vulnerables, es decir, sin ajustar a mansalva como alienta la ortodoxia neoliberal”. De forma imperativa agrega “La pandemia puso de manifiesto desigualdades preexistentes y la salida de esta crisis depende en gran parte de que lo que hagamos para revertirlas. La Argentina de los tarifazos quedó atrás. Los valores de los servicios públicos deben ser justos y ser razonables”. Sobre el final destaca la tarea del Presidente, y la del Gobernador de Buenos Aires Axel Kicillof, pero en todo el escrito evita mencionar el nombre del Ministro.
El mensaje hubiese pasado desapercibido en los medios, si no fuese porque el comunicado del PJ bonaerense fue inmediatamente replicado por Wado De Pedro, Ministro del Interior de la Nación, y compañero de gabinete del propio Martín Guzmán.
La concepción multicausal que impera en el oficialismo para un flagelo como la inflación, impone la necesidad de tomar medidas algo más drásticas que las que viene adoptando Guzmán, al que acusan de ortodoxo y simpatizante con el neoliberalismo. El tiro llega por elevación al propio Presidente, a quien endilgan demasiada tibieza frente al poder de los formadores de precio.

Encontrar afuera lo que no se consigue adentro

Los memoriosos recordarán ciertos análisis en los que se destacaba la forma en que se recibía al ex Presidente Mauricio Macri en sus giras por el exterior. “Se lo valora más en el exterior que en su propio país”, solían repetir los especialistas hasta 2018.
Vaya paradoja, Alberto Fernández y Martín Guzmán comienzan a saborear la hiel de la misma medicina. La comitiva que acaba de regresar de una maratónica gira europea, cosechó en solo una semana en el exterior, un apoyo infinitamente superior al que recibe de los propios integrantes del oficialismo puertas adentro del país.
En solo cinco días, la misión argentina coincidió con los mandatarios de Portugal, España, Francia, Italia, con la número uno del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, y con el Papa Francisco. En cada una de las cumbres con sus pares europeos, el lobby iniciado por el Presidente cosechó el respaldo público hacia su intención de lograr una rebaja de tasas y un entendimiento “flexible” en la negociación con el FMI.

Clave. El mandatario frances, determinante en relación al acuerdo con el Club de París.


Al desembarcar en Ezeiza, Alberto Fernández y Martín Guzmán contaban en sus valijas con el compromiso explícito de la mandamás del Fondo respecto a la voluntad de alcanzar un acuerdo de reestructuración de la deuda con el organismo, antes de fin de año ¿En octubre previo a las elecciones legislativas? Tal vez.
La principal muestra de ello, es la certeza de que el Club de París finalmente postergará el vencimiento por u$s 2.400 millones que opera en mayo y debía cancelarse como máximo en julio. Los países miembros habitualmente ponen como condición para una prórroga, que el país deudor tenga previamente un acuerdo con el FMI. En pocas palabras, si el Club de París otorga la prórroga, hay dos lecturas posibles: o el Club de París acaba de conceder una excepción a sus propios métodos, o el acuerdo entre el FMI y Argentina está encaminado. En ambos casos, la noticia contaría como una estrella más en el medallero de Martín Guzmán.
Llamativamente, mientras el mandatario y su comitiva se esforzaban por cautivar a los europeos con la postura argentina frente al Fondo, en Buenos Aires el bloque del propio Frente de Todos en el Senado de la Nación movilizaba una declaración para solicitar al Presidente que los DEG extraordinarios que enviará el FMI, se utilicen para contener el gasto social por la pandemia, y no para atender los vencimientos que operan este año con el propio organismo.
En efecto, contener los efectos que generó el Covid en la economía, es el motivo por el cual el FMI realiza el giro extraordinario de u$s 4.320 millones a los países miembros que tienen sus cuentas al día con el organismo. Tal es el caso de Argentina.
Sucede que como parte de la negociación en marcha, Guzmán ya tenía pactado con el Fondo utilizar ese dinero para saldar los vencimientos que Argentina debe cancelar al propio FMI en septiembre y diciembre, según lo pautado en 2018 con la administración anterior. La intención del Ministro era evitar la afectación de las reservas del Banco Central, y la tensión de un posible default en caso de que el acuerdo definitivo no este sellado al momento de los vencimientos.
La declaración que impulsaron los senadores oficialistas, finalmente se aprobó el último jueves. “Lo que estamos haciendo es precisamente apoyando, ayudando y colaborando con nuestro gobierno y obviamente con el señor Ministro de Economía para lograr la mejor negociación y la mejor relación posible con las actuales autoridades del FMI”, manifestó el jefe del bloque de senadores del Frente de Todos, Oscar Parrilli.
La lectura en el entorno del Ministro distaba por mucho de la interpretación de Parrilli. Las mayores dificultades que enfrenta hoy Guzmán, deben buscarse hacia el seno de su propio espacio político.


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