Agua: un recurso para usar en forma cooperativa y no especulativa


El planeta se acerca a una crisis mundial por el vital elemento, mientras entre a formar parte de un mercado global y sea asunto de disputas económicas, políticas, diplomáticas, ¿y militares?


Antes que nada, el agua fue, es y será elemento esencial e irremplazablemente básico para toda “vida”: vida humana, celular y microbiana de la tierra, vida vegetal de los cultivos, vida animal del ganado y de la fauna… ¡vidas que se sostienen unas a otras!

Atónitamente, el lunes 14 de diciembre comenzó a cotizar en el mercado de futuros de materias primas debido a la escasez de “agua” cuyo precio fluctuará ahora como lo hacen el petróleo, el cobre o el trigo. El índice Nasdaq Veles California Water Index, con el “ticker” NQH2O, se basa en un indicador de precios de los futuros del agua en California.

Estos contratos de futuros no requieren entrega física de agua y son puramente financieros, basados en el precio semanal promediado entre las cinco principales cuencas de California hasta 2022.

Tal nuevo índice permitirá no tener que recurrir a una estimación “a ojo” del precio futuro del agua, sino a cuáles son las expectativas de los principales actores de este mercado.

La Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) adoptó el 22 de diciembre de 1992 la resolución A/RES/47/193 por la cual el 22 de marzo es declarado Día Mundial del Agua.

Fue el 28 de julio de 2010, a través de la Resolución 64/292 de la Asamblea General de las Naciones Unidas cuando se reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los demás derechos humanos.

Siendo el acceso universal al agua potable un derecho humano, la utilización irracional de este recurso natural (segundo en importancia humana después del aire) sumada al descontrol u ausencia de regulación en la materia, han provocado una tremenda disminución de reservas naturales o acuíferos, incentivando una mercantilización escandalosa de este supremo derecho humano; comprometiendo y tensionando angustiante e inquietantemente las necesidades físicas vitales actuales e intergeneracionales futuras.

El 28 de julio de 2010, a través de la Resolución 64/292, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los demás derechos humanos.

No es casual entonces que en su mensaje de despedida el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, en el Día Mundial del Agua haya propuesto la adopción convergentemente global de medidas audaces para hacer frente a la desigualdad en materia de agua potable y saneamiento, como meta y guía de la labor encaminada a hacer efectiva la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Eso mismo reafirmó al asumir su sucesor António Guterres: proclamó que la dignidad humana será “el núcleo de su trabajo” convencido de que este organismo supranacional mundial -en tanto asociación para garantizar la paz, la seguridad y la alimentación mundial-, está en una posición única para superar los desafíos globales y alcanzar el desarrollo sostenible. Siendo el agua potable y el saneamiento el mayor desafío silencioso mundial, claramente sin los mismos, humanamente no habrá dignidad ni agua ni vida ni paz para todos en la faz de la tierra.

A propósito, un documental del 2012, basado en el libro “Oro azul” de Maude Barlow y Tony Clarke, demuestra cómo el planeta se acerca rápida y peligrosamente a una crisis mundial por el agua, mientras la fuente de vida por excelencia entre a formar parte de un mercado global y sea asunto de disputas en la arena económica, política, diplomática… ¿y militar?

El día del agua es un medio de llamar la atención sobre la importancia de este recurso natural esencial, así como asegurar en todo lo posible, una gestión más razonable y sustentable del mismo, en donde en pleno siglo XXI, en Argentina, no haya más cabida para barbaries como por caso el habitual y masivo derroche de hasta 20 litros de agua potable para vaciar cada poco de orina en cada inodoro, otros cientos de miles de litros para el lavado de autos, veredas, etc.; todo lo cual pudo preverse y resolverse hace un siglo mediante la implementación de doble cañería o equipamiento semejante.

Como sugiriera lucidamente Umberto Eco, supimos muy bien cómo destruir países y ciudades, pueblos y civilizaciones, pero todavía no tenemos ideas precisas sobre cómo conciliar el bienestar colectivo, el porvenir de los jóvenes, la superpoblación del mundo y la prolongación de la vida para todo lo cual el agua potable y el saneamiento son vitales, imprescindibles e insustituibles.

Anticipándonos, advertimos sobre la ultramercantilización financiera cometida en California con el agua y ante escenarios inéditos de escasez y agotamiento apremia a toda la humanidad una cabal determinación para dar comienzo a su reversión, asumiendo mancomunada y cooperativamente nuestro ético deber humano común de solidaridad intergeneracional en todo lo concerniente al mejor y más racional aprovechamiento del agua potable y potabilizable, aún disponible.

Finalmente, desde el punto de vista solidario de la destinación universal de los bienes y de su humanitaria “puesta en común”. Ojalá lleguemos a tiempo para tomar conciencia cooperativa y no especulativamente, sobre la insustituible función vital del recurso natural “agua potable”, fundamentalmente cuando pasamos demasiado tiempo atrapados por ignorancias, derroches, imprudencias, desaprensiones y negociados, e, in extremis, cuando somos una de las últimas generaciones que ya no “puede” cometer el mismo error, otra vez.

*Docente e investigador universitario. Experto en cooperativismo.


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