Aguas enfermas… por gobiernos irresponsables
El editorial de “Río Negro” del 28 de enero, titulado “Aguas enfermas”, será el “pie” de esta nota. Excelente reseña de este gran problema: la contaminación de la cuenca hídrica Neuquén –Río Negro. En él se muestra a quienes durante años no hicieron nada y hoy se rasgan las vestiduras, sólo en busca de rédito político. Así aparecen “recursos de amparo” por doquier; con el municipio de General Roca, creo que van siete. El mencionado editorial, sabiéndolo interpretar, permite dos conclusiones: la primera es como, vertiginosamente se ha inflado la oleada de reclamantes (en buena hora) lo que puede complicar la tarea de la justicia, único poder del que esperamos la solución de fondo: un fallo que sea un “nunca más” de la irresponsabilidad ambiental de los gobiernos.
La segunda conclusión es que el problema por ser “federal” (dos provincias) y por involucrar dos gobiernos y todo su séquito de entidades responsables (DPA, AIC, EPAS, etc, etc,) es de muy difícil y/o compleja solución. No es así y procuro demostrarlo. Voy primero a lo técnico y luego lo fáctico.
La solución de tan magno problema es asombrosamente simple: basta con dejar de contaminar. Los ríos y lagos ,en un par de crecidas se “auto- depurarán recambiando sus aguas. Y para dejar de contaminar, no hay nada por descubrir, basta con que se hagan las obras de infraestructura sanitaria (plantas de tratamiento, redes, etc.) que no se hicieron en más de diez años. Ni siquiera en Neuquén, la ciudad que lidera la contaminación, siendo la del país que más creció en los últimos años ¡Qué desatino! Presupuestariamente no es tan simple. Se necesitan, para ambas provincias un estimado de 2.000 millones de pesos. No los pusieron gradualmente, acompañando el crecimiento poblacional… ¡Qué los pongan ahora y lo más rápido posible! Esperamos que la justicia obligue y que a los gobiernos les fije plazos y penalidades por incumplimiento.
Creo (no soy letrado jurídico) que deberían unificarse las diversas causas en una sola. El delito es el mismo y común a todas. Y en un fallo ejemplar fijar penalidades por incumplimiento de los deberes de los funcionarios públicos y luego las etapas de concreción de las obras y penalidades por incumplimiento. Pueden basarse en el fallo “Mendoza” de la Suprema Corte de Justicia nacional sobre la causa “Riachuelo”. Creo que es un modelo a seguir.
No son necesarios esotéricos proyectos, algunos utópicos. Uno de ellos, publicitado como “vertido cero”, puede parecer “la octava maravilla”, pero ¿qué factibilidad tiene? Los efluentes, de toda índole, debidamente tratados no contaminan las aguas. El vertido cero, un verdadero ideal, es enormemente más caro. Descarta las instalaciones en uso (con deficiencias pero es lo que hay). Y en caso de instalaciones nuevas, se duplica la inversión: una para la planta de tratamiento y otra para adecuar el destino final. Y además del costo, lo peor, es la enorme demora en la solución final. No se puede perder tiempo.
¿Qué espera la población de Río Negro y Neuquén, tantas veces defraudada? Que sea la justicia de ambas provincias la que tome las riendas y falle, urgente, con una sentencia que sea un “nunca más” a la destrucción de los acuíferos que dan vida a estas dos maravillosas provincias.
Esta nota será enviada a todos los juzgados intervinientes.
Carlos Héctor López
Asociación Ecológica
DNI 4.820.317
La población espera que la justicia tome las riendas y falle, con una sentencia que sea un “nunca más” a la destrucción de los acuíferos.
Carlos Héctor López
Asociación Ecológica
DNI 4.820.317
Datos
- La población espera que la justicia tome las riendas y falle, con una sentencia que sea un “nunca más” a la destrucción de los acuíferos.
El editorial de “Río Negro” del 28 de enero, titulado “Aguas enfermas”, será el “pie” de esta nota. Excelente reseña de este gran problema: la contaminación de la cuenca hídrica Neuquén –Río Negro. En él se muestra a quienes durante años no hicieron nada y hoy se rasgan las vestiduras, sólo en busca de rédito político. Así aparecen “recursos de amparo” por doquier; con el municipio de General Roca, creo que van siete. El mencionado editorial, sabiéndolo interpretar, permite dos conclusiones: la primera es como, vertiginosamente se ha inflado la oleada de reclamantes (en buena hora) lo que puede complicar la tarea de la justicia, único poder del que esperamos la solución de fondo: un fallo que sea un “nunca más” de la irresponsabilidad ambiental de los gobiernos.
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