Algo para leer en el mensaje de Biden

PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Alberto Fernández debería repasar el discurso de asunción del presidente Joseph Biden en las escalinatas del Capitolio, en el que destaca el llamado a la unidad en tiempo de fractura social y su apuesta a la “osadía” para relanzar una economía golpeada por la pandemia. Son dos desafíos los de Biden trasladables a la realidad argentina.


Los objetivos presentados por el presidente demócrata no distan demasiado de los que había enunciado Fernández durante la campaña electoral. También Fernández propuso dejar atrás las divisiones y él mismo se ofrecía como un ejemplo de concordia tras su reconciliación con la expresidenta Kirchner. Esa voluntad sedujo a una porción del electorado que reconoció en Fernández un hombre de diálogo, como en efecto siempre lo ha sido. Pero la iniciativa del presidente de cerrar heridas no fue más allá de los límites del Frente de Todos. El verdadero significante del “Todos” con el que se identifica el frente oficialista es en realidad “Nosotros”.


La otra dimensión de la que habló Biden y con la que el presidente también tropezó está asociada a la audacia en tiempos de crisis. Fernández no ha mostrado en lo que va de su mandato ningún rasgo de atrevimiento para sacar a la economía de la postración de una década, como prometió. El estancamiento se profundizó con la pandemia y desnudó un cuadro social alarmante. La falta de resolución de Fernández en el frente económico lo aleja inexorablemente de la matriz peronista-kirchnerista a la que tributa. Es este uno de los principales cargos que le viene haciendo su vicepresidenta. Qué habría dicho Néstor Kirchner.


En el comienzo del año electoral, el gobierno de Fernández enfrenta con contradicciones y escasas ideas el desafío de reactivar una economía exhausta en esta nueva etapa aún inclasificable del coronavirus.
El ministro de Economía Martín Guzmán ratificó que serán discontinuados los programas de ingreso de emergencia (IFE) y la asistencia a la producción a las empresas (ATP) que implementó el año pasado, en el tramo más duro de la caída en la actividad económica. Es una decisión orientada a “ir ordenando las cuentas” fiscales, como expresa el comunicado oficial sobre el diálogo del jueves entre el presidente y la directora del FMI Kristalina Georgieva y el propio ministro reiteró en un acto el viernes en Chaco.


Destacan el llamado a la unidad en tiempo de fractura social y su apuesta a la “osadía” para relanzar una economía golpeada. Desafíos trasladables a la realidad argentina.



Pero por otro lado el Gobierno anunció una nueva saga de intervenciones en la economía con la prórroga de la prohibición de despidos y suspensiones, con tope en el caso de la doble indemnización, y del congelamiento en el valor de los alquileres. Estas decisiones van en la misma dirección que las conocidas semanas atrás por las que se frenó el aumento acordado con las prepagas y se fijó un techo a las subas de tarifas de energía y las de los servicios de telecomunicación, además de la frustrada intervención en las exportaciones de maíz. Son iniciativas que responden al reclamo de Cristina Kirchner, a finales de año en La Plata, de alinear salarios y jubilaciones a los precios de los alimentos y las tarifas. Un plan que no contemplaba Guzmán.


Fernández busca dar tímidas señales de ordenamiento de la economía que su vicepresidenta corrige. Ahora se anunció que el presidente participará por videoconferencia en la reunión del Foro Económico Mundial de Davos, rompiendo una tradición de no asistencia kirchnerista. Ya lo había hecho con el coloquio empresarial de Idea, anatema kirchnerista. Esos gestos, ha quedado demostrado, son solo gestos.


Fernández enfrenta con contradicciones y escasas ideas el reto de administrar una economía estancada en esta nueva etapa aún inclasificable del coronavirus.



Las contradicciones sobre el rumbo del gobierno tuvieron una expresión grotesca el miércoles, con el mensaje de advertencia de la Cancillería a Biden, que debió enmendar Fernández con una carta personal al flamante presidente. Un derrape que se suma al que el propio canciller tuvo meses atrás al informar sobre un reclamo de Fernández a Biden para que presione al representante de EE. UU. en el FMI en favor de un acuerdo con la Argentina, que la Casa Rosada no dudó en calificar de “invención”. Las horas de Felipe Solá parecen contadas.


Comentarios


Algo para leer en el mensaje de Biden