Rincones entrañables de Catriel: las fotos que eligieron nuestros lectores para mostrar su cariño por la ciudad
De cara a su 127° aniversario, desde RÍO NEGRO invitamos a que sumen su aporte, como muestra de arraigo, identidad y pertenencia con este punto de la provincia.
Cada generación, en su época, vivió grandes momentos. Aquí, algunos compartidos por nuestra audiencia. Foto: Diego Beguiristain, Promoción 1995 del Bachiller N°21.
Tierra nutrida por las aguas del río Colorado, se carga de sentido en la medida en que sus habitantes, nativos o por elección, la recorren, la atesoran, la atraviesan, buscan en ella hacer crecer sueños, proyectos y anhelos. Un barrio, una esquina, la sede de un club, una escuela o una plaza pueden ser esos rincones que vale la pena conocer, a partir de las anécdotas que allí transcurrieron, como prueba y testimonio de lo que significaba ser de Catriel, ayer, hoy y desde siempre.
«El bachiller N° 21 y las vivencias de los jóvenes en los ‘90«

“Fui muy feliz en ese colegio, entre el ‘91 y el ‘95”, escribió nuestro lector, Diego Beguiristain, para hablar de su paso por la Secundaria en Catriel. Mientras el edificio se ampliaba y refaccionaba, junto a sus compañeros asistían en contraturno a clases de Educación Práctica, para colaborar con la siembra del césped. “Pala en mano, a dar vuelta la tierra. Desde el centro de Estudiantes también se colaboraba yendo a pintar”, recordó.
El resto de la rutina se repartía en otros sitios de la ciudad, que muchos deben recordar. “Nos juntabamos en confiterías como ‘Shuriken’ o ‘Kario’, salíamos a ‘Maison Blue’ (luego ‘Garash’), ‘Mi Tia’ Disco Pub, ‘Kaluka’ o ‘Cash bank’. Jugábamos al pool en ‘Alhambra’ o en lo de Pulozzi. Alquilaba películas VHS en ‘Epsilon’, arreglábamos la bici en ‘Gus-gas’, jugábamos a los ‘fichines’ en el local de Torrecilla. Alentábamos a la Unión Deportiva Catriel, ‘la Depo’ o jugabas en el ‘20 de junio’, su clásico rival. Pero si te gustaba el rugby ibas al Catriel Rugby Club, camino El Pozón, pasando el Barrio ‘4 Esquinas’”, enumeró.
“Salías de tu casa y no volvías hasta la noche. Y si no volvías, ya sabían dónde buscarte o con quién estabas: con los amigos de siempre”, concluyó.
La vieja pasarela, el cruce de los petroleros hacia La Pampa:

“Un año más, otro amanecer, otro tiempo aferrados a la esperanza de un mejor porvenir como aquel 29 de junio de 1985, cuando llegamos. Pasan los años, pero quedan los recuerdos, y esos instantes vividos se plasman en lugares que fueron motivo de crecimiento. Hoy van de la mano con un paisaje con memoria, historias de vida que ‘el Pampero’, este viento patagónico, no permite olvidar. Y la vieja pasarela, un lugar que supo de tristezas, dolores, angustias, pero también de un sin números de alegrías, continúa en pie y nos acerca a lo que fue el progreso en este rincón rionegrino”, nos compartieron Oscar Lago y Norma Chaves.
«La Pasarela» es una postal de la ciudad, describieron, que recuerda el lugar por donde pasaban cotidianamente los trabajadores petroleros hacia La Pampa, “llevando sobre sus hombros los pesares particulares de cada uno, así como también las alegrías”, afirmó este vecino radicado por opción en Catriel, donde ejerció por 37 años como empleado de la cooperativa Telefónica Cotecal.
“El Pozón”, semillero del rugby donde empezó la pasión

Hoy se lo puede ubicar en la calle Bibiana García, hacia el sur del ejido, pero si de recuerdos se trata, al momento de esta foto, en los años ‘80, era uno de tantos puntos que marcaban el límite visible de la ciudad, lo último de todo, antes de pasar al “campo”, como decían los vecinos.
Tierra agreste, donde había que ponerle el cuerpo a las espinas en una caída deportiva, allí se fue armando un semillero, que contenía a pequeños inquietos que ya se le animaban a la “guinda”.
Maximiliano y Jorge Campot son los protagonistas de esta imagen que grafica lo que vivieron otros tantos, cuando el rugby se afianzaba detrás de Nurdim Sol, Eduardo Barrionuevo, Hugo Peletay, Raul Rodríguez, Luis Lorenze, Félix “Pincho” Oga, Rubén Navarro, Juan Ferrari, “Yalo” Hecheleiner y Coziansky. No imaginaban, quizás, todos los logros que vendrían después.
Un mirador para la introspección

“Catriel siempre en el corazón”, dijo Alexis Oser, sacerdote nacido en la ciudad, hoy radicado en Allen. Desde su experiencia, eligió para hablar de su tierra natal el paisaje en torno al mirador donde está el monumento a Ceferino. “Es un lugar que para mi es muy simbólico, muy fuerte, siempre que voy desde chico, porque me permite tomar distancia del pueblo y pensar qué chiquitos que somos, tomar distancia de los problemas, está muy cerca del cielo, y la vista panorámica, con el río Colorado, se ve del otro lado La Pampa, los caminos que van y vienen, es una imagen muy figurativa que invita a reflexionar”, opinó.
“Catriel es conocida como la puerta norte de la Patagonia, es la puerta también cuando llegan los que vienen del otro lado del Colorado, que llegan a Río Negro y lo primero que se encuentran a mano izquierda es Catriel con sus luces, de noche, y de día un pueblito allá abajo al que por alguna razón, algún despefecto mecánico, alguna necesidad, los obliga a meterse y donde se encuentran con muy buena gente”, valoró.
Postales de época, en el archivo de nuestros lectores
«Siempre recuerdo de chico la plaza de Cotecal, donde mi abuela y mi tía me llevaban siempre, lleno de piedritas, con esa palmera grande. También la heladería ‘Mónaco’, ambos lugares que me permitían reencontrarme con mi familia y que amaba (época 2000- 2010). Aprovecho para mandarle un saludo a mi tía Roxana Novoa, Carina Novoa y mi abuela Aurora Bravo por construir esos bellos recuerdos de mi infancia», compartió con RÍO NEGRO Alejandro Berdugo, nieto de Autora Bravo, Nicanor Bravo y Teresa Quiñones, pioneros en Catriel desde 1910.























Tierra nutrida por las aguas del río Colorado, se carga de sentido en la medida en que sus habitantes, nativos o por elección, la recorren, la atesoran, la atraviesan, buscan en ella hacer crecer sueños, proyectos y anhelos. Un barrio, una esquina, la sede de un club, una escuela o una plaza pueden ser esos rincones que vale la pena conocer, a partir de las anécdotas que allí transcurrieron, como prueba y testimonio de lo que significaba ser de Catriel, ayer, hoy y desde siempre.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios