El arquitecto invisible: la historia íntima del hombre que diseñó el Centro Cívico de Bariloche orgulloso de ser un empleado del Estado
Ernesto de Estrada dibujó los 428 planos y lo construyó a los 30 años. Reconocido recién cinco décadas después, defensor del espacio público y de Parques Nacionales, discutió con Alejandro Bustillo por la autoría del proyecto y con su hermano Exequiel Bustillo por el monumento a Roca. Por qué no aceptó los terrenos que quisieron regalarle y el detrás de escena de la obra icónica de la Patagonia contada por su hijo Gonzalo.

Es el sábado 17 de marzo de 1990. A los 81 años, el arquitecto y urbanista Ernesto de Estrada vuelve a Bariloche para ser homenajeado durante los festejos por los 50 años del Centro Cívico. Es la primera vez que lo van a reconocer por esa obra icónica de la Patagonia, una U gigante de hormigón armado y paredes revestidas con madera y piedras del cerro Carbón que brilla de cara al lago Nahuel Huapi y las montañas.
Viaja acompañado por el noveno de sus diez hijos y único colega en la familia, Gonzalo, entonces de 38 años, quien recibe antes de partir un encargo estricto de su madre, Nelly Frías: la bolsita con los remedios que debe tomar su padre. En el hotel, los ordena según el horario en la mesita de luz.
-Guardalos, hasta que vuelva a Buenos Aires no voy a tomar ninguno -dice Ernesto. El tono no deja dudas.
-Pero mirá que… -intenta igual Gonzalo.
-Guardalos -. No acepta debate: teme que los medicamentos le resten lucidez o energía. Salen a la calle y los vecinos le regalan chocolates, artesanías, los invitan a comer, se pelean para alojarlos: una oportuna publicidad de El Turista en la tele y un reportaje de la periodista Noemí Molinas, que organizó el evento, vuelven su rostro conocido y por donde andan lo saludan, lo felicitan.
Durante una entrevista en la radio, le preguntan por un puente aprobado por el municipio que se construiría para acceder a un hotel: inflexible, dice que es una barbaridad, que primero está el espacio público y después el privado, que no tapen el paisaje.
Padre e hijo van luego al despacho del intendente Gagliardi, que está rodeado por seis personas. Los ignoran. Solo José Mengolini, que había trabajado en Parques Nacionales, los saluda. Más tarde, cuando llegan al acto, ya habían retirado la escalerita para subir al escenario, a un metro de altura. Entre el público hay voluntarios que se ofrecen para ayudarlo a trepar. Una vez arriba, se queda atrás, hasta que aparece otra vez Mengolini.
-Usted tiene que estar adelante -le dice.
-Acá estoy bien -responde, pero lo toma del brazo y entre pechazos y codos bien puestos logra ubicarlo junto al jefe comunal, que no tiene otra opción que saludarlo. Transcurre el acto, el desfile y el intendente y su comitiva parten raudos. Ernesto de Estrada baja por la escalera. Los vecinos lo rodean, lo palmean, le piden autógrafos, los chicos le llevan dibujos de las torres del Cívico para que los firme.
Esta mañana de invierno su hijo relata cada detalle de aquella escena que presenció 36 años atrás. Afuera los copos pintan de blanco a Bariloche y un colectivo con 48 egresados derrapa y choca a siete autos. Adentro, sin poder salir de su casa por la nevada, Gonzalo recuerda a su padre emocionado, feliz, aquella vez que volvió a Bariloche.
De Buenos Aires a París
En 1933, Ernesto de Estrada es un joven arquitecto recién egresado de la Universidad de Buenos Aires que consigue una beca para un posgrado soñado: ir a estudiar urbanismo a París en La Sorbona.
Hay profesionales de todo el mundo y él se hace amigo de un tucumano y un uruguayo. Ya con un nuevo diploma en la mano, los tres se disponen a continuar viaje rumbo a Alemania: era el gran momento de la Bauhaus y toda la explosión moderna. Pero un profesor se reúne con ellos y les recomienda otro plan.
-Mejor conozcan pueblos parecidos a los que tienen en sus países -les dice. Hace los contactos con alcaldes de pueblos en Bélgica, Francia e Italia y les consigue trabajo a cambio de alojamiento y comida. Compran un viejo Ford T y recorren Europa durante dos años y medio para resolver cuestiones urbanísticas, una tarea que sería vital en la formación de Ernesto de Estrada y el concepto que elegiría para el Centro Cívico.
Un desafío en Bariloche
Aquel joven de perfil bajo, tranquilo, criado con sus nueve hermanos en la cultura del estudio como herramienta del progreso regresa a Buenos Aires en 1936 con una mochila cargada de desafíos resueltos. Es el mismo, pero es mejor, más completo. Sin embargo, no consigue trabajo hasta que lo contactan con Exequiel Bustillo, el hombre que impulsa la creación de los primeros parques nacionales del país como si en eso le fuera la vida.
Bustillo lo envía a Bariloche para que recorriera el escenario de su sueño. Tarda 72 horas en llegar y se encuentra con una aldea de tres mil habitantes, con apenas ocho hoteles de pocas habitaciones y todo por hacer.
Vuelve entusiasmado y se convierte en el primer arquitecto y urbanista de Parques Nacionales. Su lugar, de momento, son las oficinas de Buenos Aires.
La gesta de Parques Nacionales
Ernesto de Estrada, su colega Miguel Ángel Césari y el propio Bustillo son tres jóvenes sin experiencia en el aparato estatal que fogonean una obra colosal en toda la Argentina, en especial en Bariloche y su área de influencia, hasta Villa La Angostura y San Martín de los Andes.
Exequiel Bustillo es el motor que sabe abrir las puertas justas. Abogado, exlegislador, con contactos profundos en la alta sociedad porteña y carácter de acero, era capaz de cerrar con llave las puertas de la Cámara de Diputados pasada la medianoche para asegurarse de que nadie se fuera sin votar la Ley 12.103, la norma fundacional del sistema de áreas protegidas del país.
Con tanto por diseñar y construir, Exequiel le pide a su hermano Alejandro Bustillo, arquitecto del Llao Llao entre otras grandes obras, que le preste por dos años a un talento de su estudio para que se sume al equipo inicial de Parques.
Se trata de Miguel Ángel Césari, que se quedaría toda su vida en su nuevo destino y haría un aporte fundamental como jefe de construcciones.
Por entonces, Exequiel le pide a Ernesto de Estrada que diseñe el palacio municipal, el correo, la aduana y la comisaría en los terrenos que Parques tiene esparcidos en Bariloche.
El arquitecto de 28 años recuerda el pintoresquismo del centro de Europa que tanto lo influyó cuando lo recorría en el Ford T con sus dos amigos.
Le devuelve una idea genial: todas esas oficinas y las que anexa (juzgado de paz, biblioteca, confitería, salón de eventos) deberían estar en un mismo edificio de 5.800 metros cuadrados, de cara a una plaza seca pensada para que la disfruten los habitantes de la ciudad y los turistas. Los materiales deberían ser de la cordillera para que la obra se integre al paisaje.
Bustillo abre bien grandes los ojos cuando lo escucha. Levita. Quiere conseguir los fondos ya para hacerlo. Un viernes a la noche, cuando Ernesto de Estrada ya se ha ido, pasa por su oficina y observa el boceto del proyecto en el tablero. Es aún preliminar y nadie más lo ha visto. Lo toma y lo lleva a “La Nación”, entusiasmado.
El lunes 2 de noviembre de 1936, cuando lee el diario en el desayuno antes de ir a trabajar, el que se asombra es el arquitecto. Ve su dibujo, con este título: “Ha sido preparado un plan de urbanización para San Carlos de Bariloche”.
-A papá le dio mucha vergüenza, decía que no era un buen perspectivista, que era un boceto. Se quería matar. Y lo quería matar a Bustillo -recuerda Gonzalo de Estrada con una sonrisa.
Los proyectos se precipitan y la financiación también. El Centro Cívico es construido en solo 17 meses.
Paradojas de la historia, en la Argentina de la Década Infame, los fondos aparecen. Es, también, la Argentina Año Cero: no hay una sola denuncia por desvío de fondos, las licitaciones están detalladas peso por peso, ninguno de los involucrados con accceso a la información invierte en terrenos donde saben que harán obras clave que elevarán su valor.
«Gracias señora, pero yo trabajo para el Estado»
En reconocimiento por su trabajo, la viuda de Capraro quiere entregarle los terrenos de una manzana completa a Ernesto de Estrada.
-Gracias señora, pero yo trabajo para el Estado, no puedo recibir regalos -responde el arquitecto. A veces reniega porque Parques se atrasa en pagar su sueldo de 1.500 pesos.
Sin iglesia pero con biblioteca
El Cívico no tiene iglesia: Bustillo argumenta que con sus contactos de la alta sociedad porteña puede conseguir fondos para construirla en otro lado.
En cambio, sí tiene Biblioteca Popular: el arquitecto explica que es indispensable, Bustillo no la objeta. De Estrada la diseña de 980 m2.
-Usted está loco -le dicen los bibliotecarios. La diseña, también, con una sala de eventos (hoy sala teatral), al lado del juzgado.
-La gente se casaba y hacía la fiesta ahí. Y así la mantenían -dice Gonzalo.
El monumento a Roca: la polémica sin fin
Exequiel Bustillo propone instalar un monumento en homenaje al general Julio Argentino Roca en la plaza seca, a la que llama «Expedicionarios del Desierto». Le plantea la idea al hijo de Roca, Julio Argentino Pascual, por entonces vicepresidente de la Nación: apuesta a conseguir así más fondos para Parques Nacionales. Está por ocurrir la discusión más seria con Ernesto de Estrada.
-Ahí no, la plaza es seca -dice el arquitecto. Bustillo insiste. De Estrada se enoja.
-No, no, ahí no. Desplácelo -Bustillo no cede.
-Voy a mandar un informe por escrito con mi propuesta.
-Mándelo, lo pongo igual -dice Bustillo. El monumento de Roca es inaugurado el 14 de enero de 1941. Al hijo no le gusta.
-Lo hicieron viejo y vencido. Tenía 32 años cuando hizo la campaña -se queja.
La armonía que había buscado el arquitecto con las simbologías del reloj (un misionero, un poblador originario, un soldado, un agricultor) queda eclipsada para siempre con esa figura que divide aguas como pocas en la Argentina. El símbolo pasa a ser él: de bronce, a caballo y la mirada en el Nahuel Huapi.
Polémica por la autoría
En 1980, a los 90 años, al arquitecto Alejandro Bustillo se le ocurre decir en un reportaje con la revista «Gente» que es el autor del Centro Cívico. Y en una clase de historia en la facultad, Gonzalo escucha lo mismo de boca del profesor.
-¿Qué vas a hacer, papá? -le pregunta. Ernesto de Estrada, que había firmado los 428 planos del proyecto y tiene una pequeña placa con su nombre como arquitecto director en una pared del Centro Cívico, reacciona y escribe una carta al correo de lectores de “El Diario de Bariloche”. Bustillo responde y la discusión escala de tono.
-Usted no era ni más ni menos que un empleado público, ¿cómo se cree que iba a hacer semejante obra? -le dice Bustillo en la última carta.
-Con el honor de servir al Estado; el orgullo de ser empleado público y de trabajar en Parques Nacionales -le responde Ernesto de Estrada. En un reportaje, el arquitecto Césari lo confirma como el autor del proyecto y define a Alejandro Bustillo como el mentor del tipo de arquitectura que se desarrolló en el Parque Nacional Nahuel Huapi.
Diez años después, en 1990, Ernesto de Estrada recibe el primer reconocimiento público, que no olvidaría. Más tarde, decide invertir sus ahorros en un departamento en el Bariloche Center, una mole que detesta. La familia, extrañada, le pregunta por qué.
-Así no veo esta mole pero tengo la mejor vista del Centro Cívico -contesta.
De padre a hijo
En los 90, Gonzalo de Estrada, que abrazó la causa de Parques Nacionales con la misma mística que su padre, se radicó en Bariloche. Como vecino o funcionario, abogó, también como Ernesto, por el desarrollo armónico de la ciudad, el cuidado del Centro Cívico, la recuperación de sus oficinas públicas para dar paso a espacios culturales, turísticos y ambientales y convirtió a la Biblioteca Popular Sarmiento en una vibrante usina cultural.
El motivo hay que buscarlo en el último viaje de su padre a Bariloche. Mientras caminaban por el Cívico, claro, le empezó a hablar de la herencia.
Su hijo lo miró sorprendido: sabía que no había nada para repartir. Más de una vez, con sus nueve hermanos habían hecho una vaquita para ayudar a sus padres.
-A vos te toca la Biblioteca, así que de acá en adelante tenés que ser el arquitecto de ellos para toda tu vida -le dijo. La recorrieron y después se fueron a tomar un café. Su padre, recuerda Gonzalo, se reía de su brillante idea.
Seguí el canal de WhatsApp del suplemento Arquitectura y Diseño de Diario RÍO NEGRO con información de los proyectos más interesantes de Río Negro, Neuquén y toda la Argentina.
Comentarios