“El sueño de la piba”: transformó el galpón donde su padre guardaba el camión en una casa de 105 m2
A los cinco años acompañaba a su padre a construir el galpón. Hoy, a los 37, Antonella convirtió aquella antigua obra en un hogar cálido y luminoso de 105 m2 en La Plata, tras dos años y medio de esfuerzo familiar.
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“Es el sueño de la piba”, dice Antonella. A los 37, acaba de mudarse con su marido y sus dos hijos al galpón que Beto, su padre, construyó para guardar el camión con el que se ganaba la vida con la venta de tierra.
Beto ya no camina este mundo, pero una vez volvió en forma de mariposa para posarse en la mano de su hija en el partido de La Plata (Buenos Aires) donde ella transformó aquel galpón en un hogar de ventanales, luz natural, salamandra y tantos otros detalles que lo vuelven tan cálido y luminoso. Todavía falta para terminarlo, pero las ganas pudieron más y ya se instalaron.
“No me arrepiento de haber tomado esa decisión. La recomendaría a quienes estén dispuestos a convivir, por un tiempo, con una obra en proceso y a entender que no hace falta que todo esté perfecto para empezar a disfrutar de un hogar”, explica Anto, como todos la llaman.
Es parte de una movida galponera que se expande por el país, con casos como el de Yésica y David que transformaron un antiguo taller en un pequeño pueblo bonaersense, o el de Luisina que construyó desde cero con la estética de un galpón en el Valle Medio de Río Negro, o Mariana, que restauró la barraca de un pionero francés en la Patagonia, entre muchos otros.
La construcción del galpón»: «Uno de los recuerdos más lindos que tengo con él»
Ella, cuenta, tenía cinco o seis años cuando su papá lo construyó a mediados de los ‘90. “Yo lo ‘ayudaba’, lo acompañaba. Es uno de los recuerdos más lindos que tengo con él. Desde mi adolescencia empecé a soñar con transformar ese galpón en mi hogar”, continúa.



El tiempo pasó y para lograrlo puso en esa obra el combo de su formación: egresada como diseñadora de interiores en la Universidad del Este, sumó estudios y cursos: diseño de espacios verdes, decoración de interiores y Feng Shui, la filosofía china que busca el equilibrio y la armonía en los espacios que habitamos.
Una vez que desarrolló el concepto y los detalles del diseño, trabajó junto a un arquitecto e ingenieros para los planos técnicos y estructurales: “Se encargaron de los cálculos de materiales, cargas y estructura, algo indispensable para que el proyecto fuera seguro y estuviera bien resuelto”, dice.
Clave: tener todo el proyecto planificado antes de empezar
La obra empezó el 15 de enero de 2023. “Fueron dos años y medio de construcción, y todavía sigue en proceso. Más allá del resultado, lo más valioso fue el camino. Disfruté cada etapa”, agrega.


Tener definido el proyecto antes de comenzar la obra fue clave. Tenía todo planificado en la computadora y eso marcó un rumbo claro. “Después fui haciéndolo a mi ritmo y según las posibilidades de cada momento, pero contar con esa planificación fue fundamental”, explica.
Manos a la obra
«Durante años pensé que primero tenía que ahorrar todo el dinero para recién ahí empezar la obra. Pero un día hice un clic: entendí que, como se trataba de una remodelación, no necesitaba tener todo resuelto desde el principio. Podía comenzar con lo que tenía en ese momento», dice.
El primer paso fue comprar dos ventanas muy económicas en un remate de antigüedades.

“Y le pedí a mi cuñado, junto con un albañil, que las colocaran. A partir de ahí empecé a avanzar de a poco, conseguía materiales y resolvía cada etapa a medida que podía”, relata Anto.
El galpón medía 13,65 × 5 metros, pero hoy tiene 105 metros cuadrados habitables.


“Durante la remodelación aprovechamos la altura para sumar dos entrepisos: uno de material, con losa, y otro liviano, con estructura metálica y piso de madera. De esa manera logramos ampliar la superficie sin modificar la estructura original”, dice.
La mudanza
“Un día instalamos una salamandra y fui a probarla. Cuando estaba ahí prendiendo el fueguito me llamó mi prima para contarme que había soñado con mi papá. Sentí ese sueño como una señal muy fuerte, como si él me estuviera diciendo: ‘Anto, llegó el momento’. Fue una corazonada. Llamé un flete, organicé la mudanza para el día siguiente y esa misma noche preparé todas las cajas de la mudanza. Fue una locura”, relata.
Recuerda aquellos días de caos e improvisación como parte de una hermosa aventura, incluyendo la primera cena que la salamandra no logró cocinar del todo.



¿Y cómo fue la primera noche? “Era un lugar completamente nuevo, sin cortinas, rodeada de cajas y con sonidos desconocidos. Además, me resultaba muy extraño habitar un espacio tan grande. Veníamos de vivir durante muchos años en un dúplex muy pequeño y, de repente, el cambio de escala era enorme. Todo se sentía distinto y llevaba un tiempo acostumbrarse”, cuenta.
“Pero la mañana siguiente fue inolvidable. Me desperté con la luz entrando por los ventanales y con el sonido de los pájaros. En el dúplex nunca había experimentado algo así. Descubrí una tranquilidad que no sabía que existía tan cerca. Sentí que, en ese lugar, la naturaleza tiene presencia y la paz también tiene un sonido”.


Vivir en la obra hizo que todo avanzara mucho más rápido. “Antes venía durante el día y, cuando anochecía, tenía que volver al dúplex. En cambio, una vez instalada, podía aprovechar cada momento para pintar, armar muebles, colocar estantes o resolver detalles. Sentía que cada día el proyecto avanzaba un poco más”, recuerda.
De levantar una pared de ladrillos a pintar
Durante la obra descubrió que podía aprender oficios sobre la marcha: “Cada vez que veía trabajar a alguien, trataba de aprender y después animarme a hacerlo. Abrí paredes para colocar ventanas con pico y maza, levanté materiales pesados, pinté, hice carpintería y hasta levanté una pared de ladrillos para el baño de planta baja. Siempre me gustó meter mano y, si había algo que podía hacer, lo hacía”, dice.
El día de la losa faltaron todos los ayudantes del albañil, pero él estaba decidido a hacerla solo igual. “Entonces me puse la camiseta, llamé a mis hermanas, a mi hijo y a una vecina, y entre todos sacamos adelante la losa. Es uno de esos momentos que nunca voy a olvidar: refleja cómo fue toda esta obra. Aprender, animarse y resolver”, cuenta Antonella.


¿Pasos a seguir? La lista es larga, pero la energía también: falta terminar el piso del comedor y la cocina con un sellador o un microcemento alisado, revestir la isla con microcemento, hacer el bajo mesada y un gran mueble de madera a medida, de piso a techo, que irá detrás de la isla.
Además, la pintura definitiva del comedor y la cocina, revestir las paredes del baño de planta baja, comprar e instalar el inodoro del baño de planta alta, colocar cortinas e incorporar un nuevo calefactor. Y hacer los placares, gran parte de la carpintería a medida, instalar luminarias y pintar las rejas.
La pregunta que más le hace su comunidad de 37 mil seguidores
Entre las preguntas que le hace su comunidad de de 37 mil seguidores en Instagram, encabezaq la lista cómo calefacciona el galpón.
Su respuesta: «Por ahora lo resolvimos de una manera bastante simple: con una salamandra y una estufa ubicada en el sector de nuestra habitación. Fue la solución que encontramos para atravesar este primer invierno, sabiendo que el próximo llegaremos con la casa más preparada. También tenemos un aire acondicionado que todavía nos falta instalar en la habitación».

«El entrepiso mantiene muy bien el calor y, con la salamandra, alcanza sin problemas. Sin embargo, por el gran volumen que tiene el living, comedor y cocina, estamos evaluando incorporar una estufa rusa o un calefactor de mayor potencia. También nos recomendaron instalar un ventilador de techo para redistribuir el aire caliente que naturalmente se acumula arriba», cuenta Antonella.
Algo que aprendió durante todo este proceso es el valor de escuchar a la comunidad que la acompaña en las redes sociales. «Me encanta hacerlos participar de muchas decisiones porque descubrí que, entre todos, se genera una enorme fuente de experiencias reales. Muchas veces las recomendaciones de personas que ya pasaron por situaciones similares me ayudaron a tomar mejores decisiones», cuenta Antonella..
Cómo vivió el cambio la familia
¿Cómo vivió el cambio su familia? “Mi marido siempre se sorprendió de cómo llevé adelante la obra. Me decía que era dinamita, por la energía que tenía y por la cantidad de cosas que hacía. Por sus horarios de trabajo no podía estar tanto como yo y venía a ayudar los fines de semana o cuando podía. Hoy está muy feliz viviendo acá, sobre todo por el parque y el cambio de calidad de vida«, dice Anto.

«Mi hija vivió todo el proceso muy de cerca. Como era chiquita, venía siempre conmigo a la obra y disfrutaba mucho porque dentro del predio también viven su abuela y sus tías. Pasó de crecer en un departamento a tener una casa con parque, donde anda en bicicleta, juega con los perros, se trepa a los árboles e invita a sus amigas y primos. La veo feliz». continúa.
Y su hijo también fue parte de la construcción: «Nos ayudó a hacer la losa del entrepiso, cavó pozos y participó en distintas tareas de la obra. Me da mucho orgullo verlo haber sido parte de este proyecto. Hoy disfruta de una habitación mucho más luminosa y de una cocina amplia, que aprovecha porque le encanta cocinar».


“Vivo la casa como un proyecto en evolución -dice Antonella-. No tengo apuro por terminarla; disfruto mucho del proceso y de ir completándola de a poco, a mi ritmo y con el mismo entusiasmo con el que la empecé. Siento que, de alguna forma, cada rincón guarda una parte de la historia de mi padre, y poder darle una nueva vida es también una forma de honrar su legado«.
Más info: https://www.instagram.com/antondiseno/
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