La variante Moyano

Por Redacción

En contra de quienes insisten en que el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner es la continuación de aquel de su marido y antecesor, el jefe de la CGT Hugo Moyano se ha puesto a insinuar que en realidad son muy diferentes, que entre el kirchnerismo de Cristina y la versión original hay una distancia que sigue aumentando. Fue en base a esta tesis un tanto aventurada que el jueves pasado, a un año de la muerte del ex presidente, el camionero aseveró que “el mejor homenaje que podemos hacerle a Néstor Kirchner es que los trabajadores participen en las ganancias. Ésa es la verdadera profundización del modelo”. Se trata de un intento por parte de Moyano, que no habrá olvidado que fue precisamente Cristina que vetó dicho proyecto por entender que tendría consecuencias económicas negativas, de hacer pensar que si el homenajeado viviera se opondría a los esfuerzos de su viuda y quienes la rodean por reducir su poder, alejándolo de la cúpula de la CGT y, quizás, dejando de ayudarlo a mantener a raya a los resueltos a obligarlo a rendir cuentas ante la Justicia por las diversas irregularidades que le atribuyen. Aunque no hay motivos para suponer que Néstor Kirchner hubiera respaldado las pretensiones de Moyano, a la presidenta no podría sino incomodarla una maniobra destinada a difundir la idea de que en cierto modo se ha apartado del rumbo fijado por “el Nestornauta”. Que la relación entre Moyano y algunos integrantes del círculo áulico de Cristina sea conflictiva nunca ha sido un secreto. Parecería que el camionero se lleva bien con el ministro de Economía y vicepresidente electo Amado Boudou, pero otros lo consideran un representante típico de la “burocracia sindical” contra la que combatieron, con violencia asesina, los montoneros en los años setenta del siglo pasado, y no están dispuestos a perdonarlo. Asimismo, es habitual dar por descontado que las alusiones de la presidenta a la necesidad de que los jefes sindicales se pongan a la altura de las circunstancias están dirigidas contra Moyano, el que, desde luego, ha exigido aumentos salariales llamativamente mayores a lo que sería razonable si la tasa de inflación registrada por el Indec reflejara fielmente la evolución del costo de vida. Con todo, hasta ahora la presidenta ha procurado no enfrentarse abiertamente con Moyano, sin duda por entender que a pesar de la escasa popularidad del camionero, sería más que capaz de ocasionarle un sinfín de dificultades. Puede que, ya reelegida por una mayoría sustancial, Cristina pronto cambie de actitud y trate de desvincularse de un aliado al que no parece querer, pero sería de suponer que en tal caso Moyano reaccionaría acusándola de no respetar el kirchnerismo auténtico, para entonces movilizar a sus huestes camioneras que no vacilarían en concretar su amenaza de “paralizar el país” en defensa de su caudillo. Si bien a menudo Moyano se proclama tan kirchnerista como el que más, lo que no significa nada ya que hoy en día casi todos los peronistas dicen lo mismo, nadie ignora que sus propios intereses no coinciden en absoluto con los de Cristina. Como le recordó en el primer aniversario del fallecimiento de su marido, quiere seguir siendo el jefe formal de la rama sindical del movimiento peronista y cree que ha llegado la hora de presionarla para que deje de oponerse a sus pedidos. Por lo demás, aun cuando se viera forzado a abandonar la jefatura de la central obrera, como líder indiscutido de los camioneros, Moyano seguiría siendo por lejos el sindicalista más poderoso del país, acaso el único que, de proponérselo, estaría en condiciones de pararlo por completo. Puesto que es bien posible que en los meses próximos el gobierno se vea constreñido a llevar a cabo una política de ajuste –aunque empleara un eufemismo menos urticante–, a sindicalistas como Moyano, para no hablar de los comprometidos con movimientos izquierdistas, no les faltarán pretextos para asumir una postura netamente opositora, planteando exigencias de diverso tipo con el propósito no sólo de brindar la impresión de estar defendiendo el bolsillo de los afiliados a sus organizaciones, sino también de conservar el poder, y las oportunidades para manejar cantidades ingentes de dinero que el poder les ha suministrado, que han adquirido en el transcurso de los años últimos.


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