“Arturo Illia: a 50 años del derrocamiento de la honestidad”



A posteriori de la puesta en vigencia de la ley Sáenz Peña que promovía el voto universal, secreto y obligatorio como herramienta para canalizar la voluntad popular a través del sistema democrático, hubo seis golpes militares que destituyeron otros tantos gobiernos elegidos por el pueblo (en 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976), gobiernos de facto en los cuales catorce dictadores lucieron por medio de la usurpación la banda presidencial.

La mayoría de los historiadores de este fenómeno concluyen en que, para la comprensión de las recurrentes quiebras del sistema institucional, los conspiradores que hundirían la república contaron con el aval de las minorías oligárquicas del país, apoyadas externamente por países imperialistas (fundamentalmente Estados Unidos e Inglaterra) que tenían por objetivo la colonización de América Latina y además, en algunos casos, con la participación de sectores de partidos políticos de la oposición. Curiosamente esta irrupción o presencia “política” de las Fuerzas Armadas, que ha llegado a ser endémica, ha sido motivo de profundos estudios por historiadores norteamericanos como el caso de Robert A. Potash, quien ha investigado y analizado el fenómeno con seriedad, reflejando en sucesivos tratados su visión al respecto, o del pensador, escritor y filósofo Noam Chomsky, cuyas deducciones y definiciones clarifican el procedimiento efectuado por estas dictaduras. Del análisis de esta historia zigzagueante de la política argentina, en donde el péndulo oscilaba entre democracia y dictadura, se advierte que el no contar con un arraigado concepto de los valores de la democracia por parte de la ciudadanía también contribuyó a la inestabilidad de la misma.

En ese marco histórico se produce, el 28 de junio de 1966, el quinto y penúltimo golpe militar en nuestro país. Se criticaba al gobierno del Dr. Illia resaltando la incompatibilidad existente entre un sistema que en el plano de los derechos cívicos admitía la más amplia libertad y en el campo económico se esforzaba por organizar el desarrollo y en general, planificar los sectores del consumo y la producción. En menos de mil días que duró su gestión practicó una democracia sin precedentes (gobernó sin un solo día de estado de sitio y sin un solo desaparecido o preso político); recuperó la economía logrando los mas altos índices de crecimiento del producto bruto; impulsó la cultura, hasta permitir que las universidades alcanzaran el más alto prestigio internacional y respaldando la total vigencia de la reforma universitaria; en el campo social los trabajadores alcanzaron un crecimiento de su salario real, dando respuesta a sus necesidades educativas, habitacionales y médico sanitarias; defendió con pasión la soberanía frente a todas las presiones.

Fue el gobierno que en toda la historia del país dedicó mayor porcentaje del presupuesto nacional a la educación: el 24 %. Estas medidas populares hicieron que las usinas del golpismo, que no sólo residían en los cuarteles del ejército sino también en los sindicatos y en los diarios y revistas de la prensa de la época, trabajaran intensamente para su derrocamiento. A los aspectos señalados se sumaron dos decisiones patrióticas del presidente, quien en uso y respeto de la soberanía de los argentinos aprobó la anulación de los contratos petroleros derivando las explotaciones de los contratistas bajo el control de la empresa estatal YPF y la de remitir al Congreso nacional la ley sobre Medicamentos que promovía la regulación y el control sobre los aumentos de precios tanto en la etapa de elaboración como en su comercialización. A Arturo Illia se lo conoce justificadamente como “el presidente de la Constitución”, por el acatamiento que hizo de la misma, respetando cabalmente la división de poderes en defensa de la república.

Con Illia y su paso por el gobierno se vivió una atmósfera de salud moral, se fue del gobierno más pobre de lo que entró. Decía Raúl Alfonsín al recordarlo: “En las escuelas del mañana, los niños aprenderán la vida de un médico rural que gobernó de acuerdo con la ley, que creía en la verdad y en la palabra, que andaba a pie por los caminos polvorientos de la decencia”. Fue el presidente más honesto de la historia de nuestro país, orgullo de la Unión Cívica Radical y de todos los argentinos, ejemplo a imitar en estos días de intolerante corrupción y para todos los de conducta demencial que todavía apuestan a la tentación de volver a una tiranía salvadora.

Enrique Carlos Mogensen

Expresidente Comité UCR Bariloche (1983/85). Presidente UCR Línea Bariloche

“Fue el gobierno

que en toda la historia del país dedicó mayor porcentaje del presupuesto

nacional a la

educación, el 24%, y defendió con pasión la soberanía”.

Enrique Carlos Mogensen

Expresidente Comité UCR Bariloche (1983/85). Presidente UCR Línea Bariloche

Bariloche

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“Fue el gobierno
que en toda la historia del país dedicó mayor porcentaje del presupuesto
nacional a la
educación, el 24%, y defendió con pasión la soberanía”.

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