Ausencia de liderazgo y de empatía

La vacilante gestión  presidencial, confusa, no pocas veces contradictoria en el abordaje nacional de la pandemia, agrega una  grave inquietud a todas las otras propias e inherentes al  Covid-19  y sus temibles secuelas.


Las restricciones que una necesaria respuesta a la pandemia exigen, llevó al presidente Alberto Fernández a la adopción masiva de decisiones extralimitadas, incoherentes, prolongadas en demasía cuándo no, claramente contradictorias cada vez que sus propios ministros son desautorizados o desmentidos bochornosamente.


Inicialmente, tras haber pretendido ejercer infructuosamente un férreo y omnímodo control personal centralizado de las medidas para hacer frente a la pandemia –filminas mediante-, posterior y especulativamente, dados los costos políticos derivados de semejantes contradicciones e incoherencias, súbitamente sin mayor infraestructura ni financiamiento federal fue delegando la adopción de las medidas pertinentes y su definición en los gobiernos provinciales y municipales, reapareciendo así el problema de las diferencias entre territorios o singularidades epidemiológicas locales (hasta las anarquías como en Formosa, San Luis, etc.), defraudando de tal manera la exigencia generalizada de una dirección común, interdisciplinaria  y cooperativa, esto es, con informada, solvente e imprescindible unidad de criterio ante las divergencias, violaciones y relajamientos.


De tal manera,  el Gobierno nacional como protector y suministrador de certezas institucionales básicas, falló ostensiblemente,  algo de la mayor gravedad cuando en este contexto vírico, liderazgo y empatía son presupuestos imprescindibles para todo lo demás.


En medio de una traumática pandemia ´sine die´, fuimos sabiendo y sufriendo las consecuencias de su impacto: incertidumbre y angustia primero, crisis económica después y, por último, falta de perspectiva o serias estrategias de salida; ello obviamente sin perjuicio de la dolorosa luctuosidad humana, educativa, económica y demás.
Dado el agravamiento de la situación epidemiológica, la ralentización y la polémica vacunatoria, era y es imprescindible el liderazgo de un gobierno nacional que pudiera paliar y remediar tales males fijando metas claras, creíbles y consensuadas, publicitando una estrategia marco general, coherente y posible, articulando y financiando  esfuerzos entre el Estado, las provincias, las comunas y los municipios, con el necesario acompañamiento de una importante dosis de empatía presidencial, sin hijos ni entenados.


Salvo el temor social de los primeros meses, nada de esto ha existido: no ha habido liderazgo ni empatía ni coherencia como tampoco se ha visibilizado una estrategia de mediano plazo que diera razón de la política gubernamental implementada.
Todo lo contrario, el gobierno nacional, extraviando legitimidad, confiabilidad y lealtades, se “lava las manos” y no se hace cargo cada vez que transfiere o invade con prepotencia, autonomías y responsabilidades propias de gobiernos provinciales y municipales.


No ha habido liderazgo ni empatía ni coherencia como tampoco se ha visibilizado una estrategia de mediano plazo que diera razón de la política implementada.



Los ciudadanos están cansados por demasiadas restricciones y limitaciones a su vida cotidiana, las que cada vez se tornan más pesadas dado su alto contenido de ironía práctica, capaz de descomponer el más sólido sistema de verosimilitud.


Tan prolongada duración de tal situación de excepción en la que vivimos a duras penas, se torna más gravosa cada día que pasa sin que nadie ofrezca solución (ni indemnización ninguna vg., mediante discriminaciones tributarias y tarifarias positivas) a la incomodidad, al hastío a que las limitaciones interminables se asocia, al temor a que el deterioro económico se cronifique  y/o  nos veamos expuestos a un desempleo, reconversión o transformación de improbable salida, mientras transitamos ya muy cansinamente hacia un horizonte de precarización permanente, sin visos de salida,  ni IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) ni ATP (Asistencia de Emergencia al Trabajo y a la Producción); al menos conforme las determinaciones del último decreto de necesidad y urgencia (DNU) 334, publicado el 22 de mayo, el que además estableció que el próximo fin de semana -5 y 6 de junio- se volverá al aislamiento estricto.


Finalmente, la sensación de desamparo, desconcierto y perplejidad es general. La población no percibe dirección nacional, ni capacidad ni empatía federal por parte del presidente y su gobierno. El fracaso del liderazgo presidencial aparece así como absoluto.

* Experto Coneau / Cooperativismo. Docente e investigador universitario


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