Autos subsidiados
Si fuera posible subsidiar todas las actividades industriales, el gobierno kirchnerista no vacilaría en hacerlo, pero, por desgracia, no cuenta con recursos suficientes y por lo tanto se ve obligado a elegir entre los distintos sectores. Por ser el automotor el más sensible, y por diversos motivos el más emblemático, ha optado por privilegiarlo en un intento por revertir el desplome estrepitoso de las ventas que ha llevado a la virtual parálisis de muchas plantas, lo que ha tenido un impacto decididamente negativo en el empleo al multiplicarse las suspensiones y los despidos, además de plantear el peligro de que estallen conflictos laborales inmanejables. Aunque algunos empresarios del sector reaccionaron con escepticismo ante el lanzamiento, por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, del plan Procreauto de créditos subsidiados, el consenso es que ayudará a aumentar las ventas –se habla de 15.000 más en el año corriente de las previstas antes del anuncio–, lo que serviría para amortiguar la caída que, en mayo, había reducido la producción de autos en un 35%. Sin embargo, puesto que muchas empresas han acumulado una cantidad impresionante de unidades aún no vendidas, tendría que pasar cierto tiempo antes de que las fábricas usaran nuevamente una proporción que podría considerarse normal de la capacidad instalada. Según las estadísticas suministradas por el Indec, en la actualidad la mayoría funciona a media máquina al aprovechar sólo el 50%. Los problemas de la industria automotriz –y de la industria en su conjunto– se han visto agravados por los esfuerzos oficiales por frenar la sangría de dólares. Lo mismo que en todos los demás países, incluyendo los más desarrollados, tanto las plantas terminales como las de los autopartistas tienen que importar muchas piezas que, desde luego, se hicieron más costosas en pesos de resultas de la devaluación abrupta de enero, mientras que los intentos del gobierno de obstaculizar la entrada de insumos procedentes del exterior siguen provocando muchas dificultades. Si bien Guillermo Moreno ya no está en la Secretaría de Comercio, se han mantenido las barreras aduaneras que erigió en un esfuerzo inútil por impulsar el autoabastecimiento reclamado por los teóricos de “vivir con lo nuestro”. Al hacerse cada vez más dolorosa la falta de dólares, el gobierno no podrá derribarlas aun cuando a esta altura los funcionarios económicos más lúcidos entenderán muy bien que han perjudicado enormemente a la industria nacional. Mal que les pese a los convencidos de que el país debería estar en condiciones de fabricar absolutamente todo, liberándose así del resto del mundo, vivimos en una época signada por la globalización en que hasta la industria de Estados Unidos depende de una amplia gama de insumos importados. En el corto plazo, la política de subsidios favorecida por el kirchnerismo brindó resultados que parecieron buenos, ya que contribuyó a estimular el consumo que, a su vez, hizo aumentar la producción local, pero, combinada con el proteccionismo, pronto comenzó a tener consecuencias negativas al llevar a una suba insostenible de las importaciones no sólo de productos terminados sino también de insumos imprescindibles. Puede que la situación en que se encuentra la mayoría de los empresas fabricantes no sea tan dramática como la de aquellas del sector energético que, debido a la voluntad oficial de defender el bolsillo de los consumidores urbanos por motivos electoralistas, dejaron de producir lo bastante como para cubrir las necesidades internas, de ahí el costo apenas soportable de importaciones que, entre otras cosas, ha privado al Banco Central de una parte significante de las reservas que, como acaba de recordarnos el conflicto humillante con “los buitres”, de no haberse despilfarrado hubiera servido para minimizar el riesgo de que el país caiga en default técnico, pero así y todo dista de ser satisfactoria. Es por lo tanto lógico que muchos empresarios sean reacios a arriesgarse invirtiendo más hasta que se aclare el panorama financiero, algo que, tal y como están las cosas, no sucederá en el futuro inmediato aun cuando, para alivio de todos, el gobierno lograra apaciguar a los holdouts militantes y a la Justicia norteamericana a un costo razonable.