Aventuras en el río

El recorrido de 12 km insume tres horas hasta el lago Huechulafquen.

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El rafting es de grado 2, un nivel apto para que disfruten grandes y chicos.

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La excursión permite, por un rato, ser parte del río y su entorno.

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Últimos preparativos antes de la partida.

Turismo

Desde el río cristalino, la vista de animales silvestres con el fondo paisajístico de estepa y montañas resulta digna de las más valiosas pinturas al óleo. Hasta que llega un rápido. El guía se olvida de los ciervos y los pajaritos y pide coraje a los remeros. La balsa acelera su ritmo, se dobla y salta sobre los montículos de agua una y otra vez, en una danza destinada a empapar a los navegantes. Hasta que vuelve la calma. Hasta el próximo rápido. Desde hace cinco temporadas, el río Chimehuín se ha convertido en una opción turística ideal que combina rafting, adrenalina, nado en las zonas de corriente suave y contemplación de la naturaleza a lo largo de un recorrido de 12 kilómetros, el cual insume casi tres horas en el ambiente acuático, desde poco después de la desembocadura del lago Huechulafquen hasta el recodo conocido como La Herradura. La alternativa fue impuesta por la agencia de turismo Picurú, con habilitaciones de Provincia y Prefectura Naval, por fuera de las excursiones tradicionales, las salidas de trekking, los viajes punto a punto y el alquiler de bicicletas por hora, sumando un producto turístico de calidad a Junín de los Andes. El rafting es de grado 2, un nivel conveniente para realizar en familia y transcurrir media jornada de una manera distinta en la ciudad. La salida incluye el traslado en combi y una reparadora merienda en la costa del Chimehuín, con café, té, mate, bebidas frías, torta frita y dulces caseros de frutas regionales. El costo de la excursión es de 220 pesos por persona, con descuentos para menores. Además de disfrutar los rápidos y de las corrientes suaves, los guías de las balsas hacen una escala en el recorrido donde ofrecen a los navegantes “nadar” un rápido con las piernas para adelante, flotando gracias a los chalecos salva vidas, y otro en la “Piedra del viento”, debajo de la cual el agua formó un hondo pozón, para que los turistas se arrojen desde una altura aproximada de dos metros sin peligro de alcanzar el lecho del río.


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