Azares y causas

Por Redacción

LA SEMANA EN BARILOCHE

En una actividad tan sensible como el turismo -y tan ajena a los “mercados cautivos”- cualquier “ruido” en plena temporada puede causar perjuicios graves e inmediatos. Ruido que puede provenir de una erupción volcánica, un brote de gripe “A”, de la ausencia de nieve o bien de una protesta sindical.

Es indispensable sin embargo diferenciar los casos. El reclamo que lleva adelante hace diez días el sindicato gastronómico nada tiene que ver con el azar, la naturaleza o cualquier otro factor inmanejable.

El sindicato Uthgra exige desde hace varios meses una discusión de los salarios con mirada “regional”, hasta ahora sin resultados y sin recibir contrapropuestas. Los empresarios se aferran al criterio de “aplicar las escalas nacionales”.

La puja por el ingreso económico que produce el turismo resulta inevitable cuando está a la vista que la actividad comercializa productos que no son de primera necesidad, mueve miles de millones de pesos cada año, exhibe una significativa capacidad ociosa y aun así registra un ritmo de inversiones importante, a pesar de los vaivenes económicos.

Es posible que la hotelería de alta gama ofrezca hoy en Bariloche un panorama bastante similar al de hace 15 ó 20 años, dada la ausencia de grandes cadenas que sí están presentes en otras ciudades del país. Pero aun en ese rubro hubo nuevas inversiones de origen local como los hoteles Alma del Lago, Inacayal y Villa Huinid.

La cantidad de emprendimientos de bungalows y cabañas se multiplicó en forma notoria en los últimos años, lo mismo que los hostels, mientras al mismo tiempo retroceden o quedan fuera de juego las pequeñas hosterías.

Pero el ejemplo que mejor ilustra la dinámica del sector es el turismo estudiantil, que desarrolló en el último tiempo una hotelería de nivel impensado en los años 90, cuando las quejas por la calidad del servicio eran moneda corriente.

Hoy los paquetes del llamado “turismo joven” cuestan más de 20 mil pesos y se pagan por anticipado. La calidad pasó a ser prioridad, todo se hizo más sofisticado y -por una cuestión de costos- es raro que viajen cursos completos. Ni es el objetivo de las empresas.

Los trabajadores de los hoteles estudiantiles conviven con esa realidad, pero también deben aceptar multiplicidad de tareas al margen del convenio colectivo, sobrecarga horaria y otros abusos que el sindicato denuncia con frecuencia ante la secretaría de Trabajo.

En ese contexto surge entonces el reclamo salarial que apunta -según los propios gremialistas- a “adecuar” las remuneraciones ya pactadas a nivel nacional “a la realidad de Bariloche”, mediante un anticipo de los pagos para los meses del invierno, a fin de que impacten también sobre los ingresos de los trabajadores temporarios.

Para la categoría “testigo” de una mucama en hotel de 3 estrellas, el aumento de la paritaria nacional sería de 1.332 pesos en los meses de junio, julio y agosto. La Uthgra Bariloche quiere llevarlo a 2.516 pesos. En septiembre reclama que el incremento ya otorgado de 2.072 pesos sea también a nivel local de 2.516.

El sindicato dice estar dispuesto a “negociar”, es decir a considerar una alternativa que se acerque a lo pedido. Pero hasta ahora las cámaras empresarias mantuvieron un rechazo sin fisuras, aun tras la fallida convocatoria de la intendente María Martini por acercar a las partes.

La Uthgra sopesó fuerzas, descartó el paro y optó por los “escraches” y bloqueos de ruta. Trabadas las cosas en ese punto, llama la atención que los principales actores políticos no se sientan interpelados. Y que aun en plena campaña no hayan iniciado gestión alguna (salvo el tibio intento de Martini) ni opinado en público sobre la pulseada que tiene en vilo a la ciudad y que involucra a más de 900 empresas de distinto tamaño y a unos 7.000 trabajadores.

Más allá de sus vínculos o simpatías con uno u otro sector, deberían tomar nota de que el trasfondo de la minicrisis es más pesado de lo que parece y excede a sus protagonistas directos, ya que pone sobre la mesa las graves distorsiones que arrastra Bariloche en materia de distribución del ingreso.

Basta un ejemplo. Hace pocos años un alto dirigente de la Cámara de Turismo explicó a los concejales de la comisión de Economía que la tasa municipal de Inspección, Seguridad e Higiene (columna vertebral de la recaudación) estaba gravemente atrasada respecto del promedio nacional. Fluctuaba por entonces entre el 0,3% y el 0,4% de la facturación bruta, cuando en el país llegaba al 0,7%.

Los propios empresarios (surrealismo puro) propusieron corregirla de a 0,1% por año hasta equilibrar las cosas. Interpretaron que el cuadro “alta desigualdad+Estado desfinanciado” era socialmente inviable y también “perjudicaba al destino”. Hoy todo sigue igual. Claro que a la Cámara de Turismo y sus organizaciones miembro se les podría sugerir que el salario es otro factor de intervención de alto impacto sobre el bienestar y la calidad de vida de los barilochenses.

De cualquier modo, aquella intervención esbozó una cruce de corresponsabilidades que hasta hoy las “agendas” se han empeñado en desestimar.

dmarzal@rionegro.com.ar

Daniel Marzal