Babasónicos, la mejor frecuencia para la Fiesta

La banda se presenta esta noche en el escenario principal de la Fiesta Nacional de la Manzana, en Roca. Antes, el baterista Diego Castellano habló con “Río Negro”.



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En escena: Adrián Dárgelos al frente y Diego Castellano atrás.

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A fines de enero, la mayoría de los músicos de Babasónicos estaban concluyendo sus vacaciones, después de mucho tiempo de no parar y de andar por los caminos de América.

Diego Castellano, unos de los fundadores y baterista de la banda, era el único en Buenos Aires para la entrevista con “Río Negro”. Tranquilo, pausado, medido en el uso de la palabra, abrió la charla volviendo muy atrás en el tiempo. “Yo no me imaginaba, allá por los comienzos, todo lo que nos fue sucediendo luego. ¿Quién sabe? Lo que nos movía a hacer esto era un deseo de concretar, ganas de hacer y de conquistar un lugar”, dice el baterista que hoy subirá al escenario de la Fiesta Nacional de la Manzana.

–¿Ser reconocidos estaba entre las cuestiones a considerar entonces?

–Eso sí, porque cuando se realiza una actividad de este tipo, artística, a cuanta más gente se llega, es como que cumple un papel. Es una cuestión interna pero que, a la vez, se proyecta hacia afuera. ¿Te soy sincero? Yo estoy sorprendido. Mucho no lo pienso, pero ahora que me preguntás, me siento estupefacto... Pasa que se repartió en tantos años (21) y eso hizo que no fuera un sentimiento fuerte. La verdad, no puedo creer todo lo que hemos hecho. Recuerdo, cuando grabamos el primer disco (“Pasto”).- Yo pensaba que ojalá lo entendiera alguien, que le llegue y lo sienta igual que nosotros... Tiene que estar medio loco para que le guste. Claro, y después la conexión se fue dando y nos otorgaba cada vez más fuerzas para seguir.”

–Les daba sentido...

–Sí, porque se confirman un poco los delirios. A veces nos cuestionábamos por qué lo hacíamos, reflexionábamos sobre el camino que recorríamos. No sólo por cabeza dura o porque me motiva o me lo mueve el corazón. Cuando alguien lo interpreta o siente lo mismo que nosotros, o algo parecido, de alguna forma sentís que hiciste bien tu trabajo, que tu labor tiene sentido. Porque en un principio podés ir hacia un montón de direcciones y elegís sólo lo que te gusta.”

–Ustedes fueron construyendo un tipo de música, una estética, una estructura armónica, aprovecharon la voz de Adrián (Dargelos), una poética, originales, diferentes...

–Cierto. Eso también se fue dando. Desde el comienzo, siempre quisimos diferenciarnos, hacer una música que no encontrábamos alrededor, de la que teníamos algunos referentes, artistas que nos gustaban. Pero básicamente, no nos atraía lo que ocurría acá. Entonces, fuimos por la vía más directa y nos largamos a hacer lo que nos parecía debía ser. Y sí, era bastante raro, medio desfachatado el asunto... Como que faltábamos el respeto... Un tanto rebeldes. Eso generó una fisura, una grieta que fue abriendo un espacio.

–También pusieron un cuidado preciso en el uso de la palabra, de las palabras. No apelaron a una poesía fácil, de rima simple, pegadiza. Por el contrario, las letras son muy sugerentes, abiertas a la interpretación de quien las escucha.

–Las inquietudes de Adrián mantienen una especie de comunión con nosotros. Desde la poesía abre dimensiones de interpretación. Es lo que se llama, obra abierta... No es unidireccional sino que tiene múltiples lecturas, casi todas válidas en un punto. Y siempre, nuestro objetivo fue conmover. Mejor, mover fibras que no se estaban tocando.

–Incluso en ustedes mismos.

–Seguro, porque a nosotros nos sorprende también como a la gente. Al hacer un disco... ya hicimos varios (diez de estudio), y estás con un papel en blanco y un lápiz, vas creando y al principio tenés una idea que considerás nueva y te sorprende. Pero no siempre... Entonces investigás, sacás todo lo que viene y te frustrás un poco, porque sentís que te repetís. Pero, bueno, hay que transitar ese proceso bastante tedioso, para pasar la línea; superar el propio hastío y traspasar un límite. Y todo ese trabajo de acumulación tiene el premio de transitar una zona más liberadora en la que fluyen cosas que ni siquiera habías imaginado. Ahí sentís que seguimos... En nuestro caso, siempre es un desafío encontrar algo que nos sorprenda.

–En los últimos años, trabajaron mucho en el exterior, poco en Argentina, cambiaron de compañía grabadora. ¿Es ésta, época de un nuevo cambio?

–Creo que sí. Del disco pasado (“Mucho”) al último (“A propósito”), percibimos que estamos en otra frecuencia. Nos aburrimos bastante de nosotros mismos y estamos viendo unos horizontes que nos entusiasman, en los que no habíamos estado. Hay cosas que ya transitamos y a las que no queremos volver. En la música existe un fenómeno relacionado con el paso del tiempo, creaste algo y llegaste a un hito, como que escalaste una montaña y no vas a volver a subirla... Ya está, hay que buscar otra cosa. Y eso mantiene viva a una banda, a un músico. Si encontrara una fórmula, es como que me jubilo, me compro una casa y vivo del alquiler. Pero, para eso –que no está mal– no me dedico a esto. Lo interesante es la movilidad, el fluir. Es una situación totalmente inestable, en un aspecto. La música pide de vos, todo, y si no lo dás, no sirve. Es como caminar en la cuerda floja, siempre concentrado en el presente. Hay cosas que ya sabemos cómo son, procesos propios de tocar o de la dinámica de Babasónicos. Nos damos cuenta cómo funcionamos y eso está bueno, por un lado, porque ahorramos tiempo en llegar a un punto, pero el riesgo es que sea el mismo al que antes llegamos. Hay que buscar otra manera y ahí está la magia que nos tiene a todos juntos trabajando.

Eduardo Rouillet

La banda de Lanús lleva 21 años en las pistas.


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