Bajar las tasas, porque el dinero es el espejo de la economía real
Podría decirse que la salida del cepo cambiario fue el hecho de política económica más importante del año 2015, pues significó el fin de las arbitrariedades cambiarias (con sus múltiples fricciones) y permitió a los argentinos retornar al plano de la normalidad. Los daños ocasionados a diversos sectores productivos no podrán ser resueltos de la noche a la mañana, pero el nuevo escenario confronta a las familias y empresas con una nueva realidad, caracterizada, al menos en este sentido, por un escenario de predictibilidad. En los países con regímenes de tipo de cambio flotante (aun en el caso de flotación sucia), la política monetaria nacional por lo general está determinada de forma independiente por el ajuste del tipo de cambio. Ahora, como los precios de los activos se ajustan más rápido que los precios de bienes (Dornbusch 1976), dicho ajuste podría liderar la volatilidad a corto plazo −y desalinear en el mediano plazo− de los tipos de cambio. Jacob Frenkel y Michael Mussa (1980) modelaron el tipo de cambio como un activo de precios futuros, donde cambios relativamente pequeños en las expectativas de la política monetaria (que puede ser afectada por las variables fiscales y comerciales) pueden cambiar las preferencias de cartera con el fin de mover el tipo de cambio, sustancialmente. Así, la teoría aceptada sugiere que la dirección de causalidad de las políticas monetarias nacionales −presentes y futuras− debe ser la flotación del tipo de cambio. Y para la mayoría de los países con tipos de cambio flotante, este punto de vista predominante es sin duda correcto. Sin embargo, la economía mundial presenta hechos que demuestran cómo los desequilibrios macroeconómicos de un período pueden afectar las expectativas del tipo de cambio futuro. Por ejemplo, mediante las distorsiones de las tasas de interés domésticas con respecto a los tipos de interés del resto del mundo. Si bien es prematuro objetar esta desproporción al novel gobierno del presidente Macri, no lo es señalar un punto sobre el que debe poner especial atención en el futuro inmediato. En la Argentina del 17 de diciembre, fecha en que se liberó el mercado de divisas, el mayor tipo de cambio esperado, de 13,7633 pesos por unidad de dólar (provocó una devaluación del tipo de cambio oficial estrechamente controlada, el peso de Argentina cayó un 29%), estuvo sujeto al siguiente trade off: el fuerte incremento de la tasa de interés local. El fin fue retener, defender e incrementar las reservas del Banco Central y, con ello, terminar con la fuga de capitales. De hecho, los diez días que siguieron a la medida permitieron perforar, desde abajo, la barrera de los 25.000 millones de dólares en poder del agente financiero del Estado nacional. Edwards (1983) establece que la relación entre los movimientos en la tasa de interés nominal y el tipo de cambio, dependiendo de la naturaleza de los cambios en la tasa de interés, podrían ser positivos o negativos con respecto a los movimientos del tipo de cambio. Los autores que consideran la PPP (purchasing power parity) como fundamento básico del enfoque de activos afirman una relación positiva entre el tipo de cambio y la tasa de interés. En cambio, aquellos que asumen que la paridad de intereses es el nexo causal entre ambos stocks de dinero argumentan que las tasas de interés y los tipos de cambio se relacionan negativamente. Lo expuesto representa solo una mirada en el concierto de ideas, las cuales dada la incertidumbre que implican siguen siendo controversiales. Por ello, es muy importante que la tasa de interés refleje la cantidad de ahorro disponible para invertir que hay en la sociedad. Tasas bajas deben reflejar más ahorro, tasas altas menos ahorro. El dinero es el espejo de lo que ocurre en la economía real. El mercado crediticio no determina el tipo de interés, sino que acomoda el interés de los préstamos a la cuantía del interés originario, según resulta del descuento de bienes futuros. En consecuencia, la sugerencia que debe hacerse a la nueva administración es que, tan pronto como sea posible, ajuste a la baja el tipo de interés (tipos del mercado) puesto que el interés es un fenómeno homogéneo. No hay varias fuentes de interés: el interés pagado por el empleo de bienes duraderos y el abonado por créditos de consumo es, como todo interés, consecuencia del mayor valor atribuido a los bienes presentes que a los futuros. (*) Doctor en Economía
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Carlos A. Salguero – salguerocarlos@yahoo.com