Boca no para de festejar, River no deja de sufrir

Fue 3 a 2, en un intenso superclásico jugado bajo la lluvia.

Redacción

Por Redacción

Eran dos realidades disímiles, el día y la noche. Y así continuarán. Boca sigue de fiesta, no sólo por el triunfo sino también porque profundizó la crisis de su primo no querido. Terminó 3-2, en una gran noche de Palacio.

Es cierto que Daniel Passarella tuvo escaso tiempo para impregnar su idea en este plantel que parece navegar sin rumbo. Y justamente se tuvo que ver las caras con su antítesis, que viene dulce en todos los sentidos.

La actualidad de cada uno se notó a la legua en el primer tiempo. Porque aunque los volantes hicieron del sacrificio su primer mandamiento, y Gallardo intentó ser el receptor de las miradas no sólo por el 'escándalo Merlo', Boca siempre se mostró no sólo más compacto, sino más profundo, mucho más filoso.

El 'Rolfi' Montenegro le ponía movilidad, pero el que exigía era Rodrigo Palacio, que a los 5 se comió un gol increíble.

Hubo avisos en los dos arcos, porque Fede Domínguez cerró dos veces muy bien y Jonathan Santana la tiró por arriba tras un pase milimétrico del «Muñeco».

Sí, Juan Krupoviesa había avisado un par de veces desde afuera, hasta que a los 42 la intensa lluvia y Lux lo ayudaron un poco; porque el rebote lo tomó Palacio y no perdonó de cabeza.

Entonces aparecieron lo fantasmas del Káiser, porque a los 3 del complemento Ibarra dibujó una jugada a pura cintura y potencia y nuevamente Palacio amargó a River.

Fue un partido raro. Cuando todo hacía pensar que el «millonario» estaba enterrado, apareció Montenegro, aprovechó una mala acción del «Cata» Díaz y le puso condimento al superclásico.

Entonces el «Rolfi» se hizo cargo de la situación, y tuve tres claras para empatar.

Y un nuevo viraje. En el mejor momento de River, apareció la contundencia del campeón en el pie derecho de Díaz, que clavó en el ángulo un soberbio tiro libre.

River lo buscó, puso energías y tuvo algunas situaciones más, en el descuento Fernández puso el 3 a 2, pero ya era muy tarde.

Passarella nuevamente arrancó mal contra su archirival, un karma del que no consigue despegarse. Boca sigue de fiesta, River no para de sufrir.

Detalles de la fiesta

El reloj marcó las 22.16 cuando el cielo se tornó un abanico multicolor que le dio cierto aspecto de fiesta a este superclásico, y también le quitó un poco los ojos de encima al «Muñeco» Gallardo, el gran protagonista de la lluviosa noche marplatense.

¿Cuál fue el recibimiento para quien fue sindicado como el culpable de la renuncia de Merlo?

Buena, porque no fue blanco de la hostilidad de su gente y que, contrariamente a lo que se creía, hubo parte de los hinchas que le ofrendaron «piropos». Los simpatizantes xeneizes resultaron más ruidosos, aunque los «millonarios» no se quedaron atrás. Emparejaron el sonido con fuegos artificiales lanzados desde afuera, detrás de su tribuna.

Como hubo algunos que se portaron mal y la pagaron. Sino, pregúntele a los siete personas que revendían entradas, y que terminaron su noche tras las rejas.


Eran dos realidades disímiles, el día y la noche. Y así continuarán. Boca sigue de fiesta, no sólo por el triunfo sino también porque profundizó la crisis de su primo no querido. Terminó 3-2, en una gran noche de Palacio.

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