Bomberos, héroes vivientes





Otra vez, durante casi dos semanas, nuestros bomberos siguen trabajando para detener focos de incendios simultáneos que afectan  no solamente a Córdoba sino a otras 12 provincias. Creo oportuno poner de relieve la grave desconsideración con nuestros bomberos voluntarios, concretamente dada su disponibilidad absoluta, su arrojo, valentía y heroísmo, su noble temperamento, grandeza de espíritu y generosidad sin intermitencias ante cada incendio, todo lo cual habla de nuestras mezquindades e ingratitudes sociales como de cierta indignidad civil y conciudadana que hemos naturalizado.


Ojalá empecemos a darnos cuenta de que todas esas personas, bomberos voluntarios, se están jugando su vida en cada “gesta ígnea” batallando en desigualdad de condiciones - sin equipamientos, pertrechos, logística apropiada ni recursos suficientes-, para enfrentar con hidalguía cada incendio provincial, urbano y rural.


Un detalle: en Córdoba en apenas 20 años, ya se quemaron por los incendios más de 800.000 hectáreas; casi 100 mil de estas últimas solamente en el insofocable incendio actual.


Los titulares de semejantes destratos públicos y privados, son al fin y al cabo quienes, magnánimamente, están logrando en la medida de lo imposible, salvar vidas, fauna, biodiversidad, recursos naturales (flora, biomas, biósfera, etc.) y hasta propiedades ajenas… ¿Cómo puede ser eso?, ¡Qué escándalo… es del todo injusto, inmoral y ojalá cambie!


Más aún, la implícita influencia de valores y actitudes ejemplares de nuestros bomberos voluntarios sobre la conducta y el comportamiento humano en la sociedad es, definitivamente, invalorable.
A todo esto, ¿qué más hace falta que hagan, ofrenden y demuestren nuestros bomberos para activar con trámite exprés la legislación necesaria, apropiada y suficiente para viaticarlos diariamente, para remunerarles mensualmente y asegurarles un retiro decoroso (no como el actual) para cada uno de estos ciudadanos que trabajan en condiciones cada día más extremas e inmanejables?  


Se trata de hombres, mujeres y jóvenes que dejan sus familias, tareas, comercios, estudios, talleres, etc. (¿lucro cesante?) para combatir las llamas… ¡cuándo, cómo, dónde y hasta que sea necesario!
¿Cuántos bomberos en algún cumpleaños, festejo o adversidad familiar, nochebuena o año nuevo, en lugar de pasarla con sus familias y amigos, tienen que estar en la línea del frente, manteniéndonos a salvo de otro incendio?  


Su servicio público ya debe ser reconocido, su sacrificio no puede ser ignorado. Obviamente, necesitan y merecen alta compensación regular. La provincia, la nación, los municipios, cooperativamente, debe proporcionárselas. Ahora.
Lo cierto es que, todos estamos admirados, conmovidos, asombrados y orgullosos de nuestros bomberos voluntarios cordobeses, pero con eso, con medallas, diplomas y aplausos  no alcanza.


Despropósito paradójico que, siendo imposible contrastar el accionar inapreciable de nuestros bomberos voluntarios con los escándalos incesantes de una privilegiada e inútil casta política (la de obscenas dietas, viáticos, pasajes, choferes, secretarias hot); esa casta que también integró e integra nuestro improductivo Congreso de la Nación, tan reprochable y cuestionable por sus connotaciones de aguantadero (vg, Menem & cía. y en tantos no representantes del pueblo, los mismos que desde 1983 no sueltan “ninguna teta”), por ahora, las cosas aún son como no deberían ser.


Por último, toda conciencia de ciudadanía como virtud cívica debe motivar nuestras responsabilidades y deberes tanto personales como profesionales y comunitarios. Esta, y no otra, es la mejor garantía de la consagración de los derechos, como emanación natural del entrecruzamiento de los deberes de todos. Ese es el horizonte de una civilización cooperativa de sujetos éticos para la cual, en este caso, el cabal reconocimiento y generosa remuneración de nuestros bomberos, no debe esperar.

* Experto Coneau / Cooperativismo.


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