Brindis en la frontera
Entre tractores, viñedos y vistas de la llanura del Rin, una apasionante recorrida por los senderos de la vendimia en la frontera franco-alemana, donde los límites se diluyen pero la belleza no.
stefan weibenborn
Lentamente, un pequeño arroyo blanco irrumpe en la frenética actividad de los viticultores. Varios tractores acaban de sacar grandes cantidades de uvas de la explotación vinícola de Friedrich Becker. Una escena que se repite todos los años durante la vendimia. El gracioso trencito fronterizo da sus vueltas incansablemente, desde la plaza mayor de la localidad francesa de Wissembourg, pasando por el viñedo Sonnenberg hasta la ciudad de Schweigen-Rechtenbach, la Puerta Alemana del Vino, en el rincón más meridional del Palatinado Renano, desde donde vuelve a territorio francés. El tren turístico forma parte del paisaje y es popular. “Es algo así como una señal de que se ha vuelto a unir lo que debe estar unido”, dice el viticultor Werner Jülg, en alusión a la pasada enemistad entre Alemania y Francia. Durante la época feudal, Schweigen perteneció a la ciudad alemana de Weißenburg, que hoy se llama Wissembourg y pertenece a Francia. Hasta el día de hoy, muchos habitantes de Schweigen se sienten más vinculados a Wissenbourg que a Rechtenbach, localidad con la que Schweigen fue fusionada en 1969. El paso de los nazis No siempre existía tanta unidad. Los nazis construyeron en 1936 la Puerta Alemana del Vino en el borde del Bosque del Palatinado contra Francia. La entrada a la Ruta Alemana del Vino debería marcar un contrapunto frente al renombrado vino francés. Hoy, esa pretensión nazi solo puede arrancar una sonrisa irónica, porque el vino que se elabora en Schweigen tiene su origen en suelo francés, concretamente en Sonnenberg, un viñedo de Wissembourg. Y ya hace tiempo que los vinos elaborados a base de las variedades de uva alemanas Riesling y Spätburgunder se embolsan premios internacionales. Actualmente, los senderos que atraviesan el viñedo Sonnenberg forman parte de un camino franco-alemán. Durante la vendimia, los caminantes de vez en cuando se ven obligados a esquivar tractores. Sin embargo, merece la pena hacer senderismo sobre todo en otoño, cuando el paisaje se viste con los colores de un “Indian Summer”. Vista al rin Desde arriba, el caminante puede disfrutar de una magnífica vista panorámica de la llanura del Rin y hasta del monte Geisberg, en la Selva Negra. Algunos pasos más adelante, después de la próxima curva, también se puede ver Wissembourg con su imponente iglesia abacial de Saint Pierre et Saint Paul y el bonito centro medieval. El camino discurre desde la Puerta Alemana del Vino por el primer sendero enológico alemán y atraviesa las parcelas del viñedo Sonnenberg. ¿Cuáles de ellas son cultivadas por franceses y cuáles por alemanes? “Esto se puede ver por la distancia que hay entre las vides”, explica Jülg. “Nosotros plantamos las vides a una mayor distancia entre ellas”. Los viticultores de Wissembourg cultivan sus viñedos como actividad secundaria. El zumo de uva termina llenando barriles de mil litros cada uno de la cooperativa Cléebourg. De la zona de Sonnenberg solo es originario un vino identificable como francés. “Lo hace mi hermano Paul, quien por motivos de amor se ha radicado en Seebach, en Alsacia”, dice Jülg.
El tren turístico forma parte del paisaje y es popular. “Es algo así como una señal de que se ha vuelto a unir lo que debe estar unido”, dice el viticultor Werner Jülg, en alusión a la pasada enemistad entre Alemania y Francia. Durante la época feudal, Schweigen perteneció a la ciudad alemana de Weißenburg, que hoy se llama Wissembourg y pertenece a Francia. Hasta el día de hoy, muchos habitantes de Schweigen se sienten más vinculados a Wissenbourg que a Rechtenbach, localidad con la que Schweigen fue fusionada en 1969.
El paso de los nazis No siempre existía tanta unidad. Los nazis construyeron en 1936 la Puerta Alemana del Vino en el borde del Bosque del Palatinado contra Francia. La entrada a la Ruta Alemana del Vino debería marcar un contrapunto frente al renombrado vino francés. Hoy, esa pretensión nazi solo puede arrancar una sonrisa irónica, porque el vino que se elabora en Schweigen tiene su origen en suelo francés, concretamente en Sonnenberg, un viñedo de Wissembourg. Y ya hace tiempo que los vinos elaborados a base de las variedades de uva alemanas Riesling y Spätburgunder se embolsan premios internacionales.
Actualmente, los senderos que atraviesan el viñedo Sonnenberg forman parte de un camino franco-alemán. Durante la vendimia, los caminantes de vez en cuando se ven obligados a esquivar tractores. Sin embargo, merece la pena hacer senderismo sobre todo en otoño, cuando el paisaje se viste con los colores de un “Indian Summer”.
Vista al rin Desde arriba, el caminante puede disfrutar de una magnífica vista panorámica de la llanura del Rin y hasta del monte Geisberg, en la Selva Negra. Algunos pasos más adelante, después de la próxima curva, también se puede ver Wissembourg con su imponente iglesia abacial de Saint Pierre et Saint Paul y el bonito centro medieval. El camino discurre desde la Puerta Alemana del Vino por el primer sendero enológico alemán y atraviesa las parcelas del viñedo Sonnenberg.
¿Cuáles de ellas son cultivadas por franceses y cuáles por alemanes? “Esto se puede ver por la distancia que hay entre las vides”, explica Jülg. “Nosotros plantamos las vides a una mayor distancia entre ellas”. Los viticultores de Wissembourg cultivan sus viñedos como actividad secundaria. El zumo de uva termina llenando barriles de mil litros cada uno de la cooperativa Cléebourg. De la zona de Sonnenberg solo es originario un vino identificable como francés. “Lo hace mi hermano Paul, quien por motivos de amor se ha radicado en Seebach, en Alsacia”, dice Jülg.
stefan weibenborn
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