Desde lo alto, la construcción pudo haber sido mirador pero también sitio de vigilancia.
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¿Bunker nazi? ¿Hotel de Perón? El misterio de la fortaleza en ruinas en Bariloche

¿Qué son esos vestigios en lo alto de un peñón de Villa Tacul? Sobran las versiones y faltan certezas: un bunker nazi, una confitería de la fundación Eva Perón o un hotel alemán.

Una de las playas más tranquilas y escondidas que disfrutan los barilochenses y que convoca cada vez a más turistas está ubicada en un extremo del parque municipal Llao Llao. Es la bahía de Villa Tacul, donde los visitantes más curiosos suelen registrar y fotografiar una enigmática construcción en ruinas, emplazada a unos 500 metros de la bahía, sobre un mirador natural, y sin referencia alguna.

En la villa hay apenas nueve casas, la mayoría sin moradores permanentes, y también está asentada allí desde hace pocos años la comunidad mapuche Tacul Cheuque, integrada por descendientes del poblador que da nombre al lugar.

La belleza del bosque, la costa lacustre y los islotes de la bahía convive con el misterio de las enormes vigas y paredes de hormigón que yacen amontonadas en lo alto del pequeño promontorio con vista al lago.

Los restos revelan que se trataba de una estructura de grandes dimensiones, y la montaña de escombros luce claramente como el resultado de una demolición adrede y no del deterioro natural que ataca a cualquier edificio abandonado.

“Lo implosionaron en los años 50”, aseguró Diana Lochner, presidenta de la junta vecinal Llao Llao y residente desde hace años en Tacul.

En ese dato coinciden otras fuentes, como los guardabosques municipales que trabajan en el lugar y también Ana María Dominick Tacul, vocera de la comunidad mapuche.

Pero las diferencias aparecen cuando cada uno da su versión sobre el origen del extraño edificio. El guardabosque Aníbal Millalonco dijo que se trataba de un hotel “construido en la época de Perón”, cuya primera presidencia se inició en 1946, y que nunca llegó a ser inaugurado.

Dominick Tacul también aseguró que la robusta construcción data de “cuando entró Perón” y coincide con la época en la que adjudicó lotes costeros en Tacul “a sus amigos”. Dijo que en esa intervención su abuelo, Ismael Tacul, fue desplazada del lugar.

En cambio, Diana Lochner, aseguró que la mega obra fue iniciada por la empresa alemana Siemens en los años 30. Ratificó que se trataba de un hotel y que nunca logró tener habilitación definitiva. Finalmente lo demolieron “para evitar que se instalen intrusos”.

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Un rincón paradisíaco


Villa Tacul está ubicada a unos 30 kilómetros de Bariloche, en pleno Circuito Chico y rodeada de un espeso bosque nativo que tiene categoría de “intangible” y forma parte del parque municipal Llao Llao.

Se puede llegar a pie desde el hotel Llao Llao (algo más de 3 kilómetros), y desde allí parten senderos que permiten recorrer el bosque, acceder a bahías escondidas y llegar también a la máxima elevación de la península, denominada cerro Llao Llao, de unos 1.080 metros sobre el nivel del mar.

Sobre las ruinas emplazadas en Tacul existe también una intrincada mitología que remite a la presunta intención de emplear el edificio como “refugio” de jerarcas nazis.

Esa creencia se alimentó a partir de la fuerte presencia alemana en el lugar y también al desmesurado grosor de las paredes, que le dan un aspecto de “bunker” o fortaleza, innecesario para un simple “hotel”. Otro elemento sugestivo son los sótanos o túneles que habría en el subsuelo de la estructura y que hoy están tapiados.

Millalonco admitió que la falta de cartelería también contribuye a generar especulaciones. Dijo que el municipio trabaja en la recopilación de datos “con pobladores antiguos y cuidadores del lugar” para colocar en breve un letrero orientativo.

Mientras tanto el guardabosque debe responder una y otra vez las preguntas de los visitantes y habla del “hotel de Perón”, pero no se atreve a desmentir ninguna otra versión. Incluso usa la palabra “bunker” para referirse al enclave.

La huella de Perón

Antes que él realizo largo tiempo esa tarea Alfredo Chaves, quien también se desempeñó como guarda ambiental en Llao Llao y quien ofreció otras precisiones. “El primero que me contó sobre las ruinas fue Francisco Pfaab, que trabajó en los 50 como casero en Tacul. La obra originalmente iba a ser una confitería y hostería. Era un proyecto de la fundación Evita, similar a otras de carácter social que había en todo el país. Esto fue en los años 40 -relató Chaves-. Nunca fue inaugurada, pero sí llegó a tener escaleras, aberturas y revestimientos. En los 50 fue demolida por la dictadura, como ocurrió con el emprendimiento atómico de isla Huemul. Un poco a modo de revancha con Perón”.

Dijo que cuando le tocó trabajar en el lugar “las preguntas eran permanentes” y en esa época surgieron también los rumores sobe “la cuestión nazi”, que derivaron en algún intento de “aprovechar ese mito como atractivo turístico”.

Chaves desacreditó esas versiones porque, a su entender, “no tienen una fuente directa en dichos de los pobladores”.

Lochner ofreció precisiones distintas y dijo que la obra data de épocas previas a Perón, que la construcción “tenía tres pisos” y que incluía dos viviendas más chicas a un costado “que estaban destinadas al personal” y que todavía perduran.

Agregó que los escombros resultantes de la “implosión” permanecen intocados en el lugar desde hace décadas y que “hay fuentes fidedignas de que éso no era ningún refugio ni construcción militar”.

Según la mujer, la presencia de los restos en ese estado representan un cierto riesgo para las personas que recorren el sitio y los vecinos de Tacul preferirían que todo fuera retirado.

Un barrio aislado de la ciudad y muy exclusivo


Villa Tacul nació como un pequeño barrio exclusivo, enclavado en un bosque de ensueño, que fue pensado como la avanzada de una urbanización mayor.

El guardabosque Alfredo Chaves dijo que hay mapas con más subdivisiones que se extendían sobre el actual parque Llao Llao, pero que se frenaron con la ley Luelmo, que transfirió al municipio en 1957 las tierras fiscales ubicadas dentro del ejido, tuteladas hasta entonces por Parques Nacionales.

Tiempo después la municipalidad constituyó el parque Llao Llao, que carácter de “inalienable”, con el mandato expreso de conservarlo “intacto para las generaciones venideras”. Pero las nueve propiedades privadas que quedaron insertas dentro del área protegida siguen allí, tan intangibles como el bosque, y nunca se promovió su expropiación.

Diana Lochner dijo que el fraccionamiento original surgió “en el primer gobierno de Perón, que tenía amigos a los que les debía favores y otorgó estos lotes en titularidad”.

Su padre compró en 1954 a uno de los primeros propietarios. Aseguró que la villa quedó consolidada en su carácter inicial y “nadie puede subdividir ni ampliar”. Dijo que los propios vecinos se encargan de que todo esté “limpio y ordenado” y también de abrir el camino cuando nieva, porque “el municipio no llega”.

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Lochner vive todo el año en el lugar, pero en las otras viviendas hay cuidadores, porque sus propietarios son de Buenos Aires -según dijo-, y sólo pasan temporadas.

La mujer duda de los derechos de la comunidad mapuche sobre el lugar, dijo que pidieron acceder al expediente en el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas pero no tuvieron respuesta.

La comunidad inició allí una recuperación territorial hace doce años.

Ana María Dominick Tacul es nieta de Ismael Tacul, quien llegó a Llao Llao en 1912 desde Chiloé. Dijo que el municipio le reconoció a la comunidad en fecha reciente derechos sobre un predio de siete hectáreas y proyectan realizar allí un aprovechamiento turístico.

El mito nazi no para de ganar adeptos


La presencia nazi en Bariloche tiene una larga historia, que se remonta a los años 30. Desde entonces generó abundante literatura y concentró la atención mundial en 1994 cuando fue detenido y luego extraditado el excapitán de las SS hitlerianas Erich Priebke.

En ese contexto, las ruinas de Tacul, cuya paternidad nadie reclama, calzan justo para contribuir al mito. La fisonomía del edificio no se condice con el de una amable hostería sino que remite más bien a una instalación ideada como resguardo, y al mismo tiempo como atalaya de vigilancia.

La prepotencia de las vigas y columnas parece expuesta a propósito para convencer a los escépticos.  La vocera de la comunidad mapuche allí asentada, Ana María Dominick Tacul, afirmó que las familias propietarias recibieron “títulos firmados de puño y letra por Perón” y la mayoría era de origen alemán. “Lo digo yo, que también son de ascendencia alemana por parte de padre”, afirmó. La construcción “estaba destinada a refugiar gente”. También refirió que en el entorno había “casamatas”, que describió como “pozos en la tierra” para la custodia del lugar.


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