Canteras clandestinas y daño ambiental



Ricardo Villar*

El gobierno municipal de la ciudad de Neuquén ha empezado a desbaratar una vieja maniobra que ha afectado al patrimonio vecinal, tanto en lo económico como en lo ambiental. Me refiero a la extracción clandestina de áridos de una zona (de bardas) que está declarada intangible por la Carta Orgánica municipal.


Esta práctica –antigua como expresé en el párrafo anterior– ha sido posible por la audacia de algunas empresas pero, sobre todo, por la falta de controles de parte de las autoridades, que no pueden alegar desconocimiento de lo que pasa en sus jurisdicciones.
Si ese fuera el argumento, se estarían autoincriminando como incompetentes. Otro enfoque –más grave aún– es que miraron para otro lado, ante el ilícito.


No es la primera vez que acudo a esta columna para reclamar por el respeto al artículo 49º de la Carta Orgánica, sin haber encontrado oídos que escucharan y menos mentes y decisiones para una acción de represión y control.


Han existido otros vecinos y organizaciones locales que también se han preocupado por los hechos, con similares resultados. Inacción.
Ahora se ha producido una acción gubernamental alentadora con la irrupción de las máximas autoridades municipales en los socavones que se han realizado sobre el suelo, cuyas imágenes fílmicas y fotografías han asombrado a muchos.


Allí encontraron maquinarias de gran porte y camiones, que escaparon ante la presencia oficial, manifestación concreta de saberse culpables de la clandestinidad de sus acciones.
¿Cómo seguirá esta historia? Espero que los pasos siguientes del gobierno municipal sean consecuentes con la primera acción. La maniobra ha quedado en claro, los perjuicios para el erario municipal están a la vista, y se podrían cuantificar con precisión, a través de medir la superficie afectada por las extracciones y su profundidad.


En este punto, también hay que verificar lo que se cree con certezas: si ese material obtenido clandestinamente ha sido vendido al propio Municipio para obras de mejoramiento urbano. Es decir, si le sustrajeron los materiales –que seguramente computaron en los costos presupuestados– y se los vendieron al propio organismo afectado.


Párrafo aparte para el daño ambiental.
Esto no tiene una cuantificación económica, porque la destrucción de la riqueza de la biodiversidad del suelo y de los tesoros geológicos no tienen precio y la remediación es imposible.
El daño es irreparable, criminal, y alguien se tiene que cargar con las responsabilidades. Los neuquinos debemos terminar con la impunidad para los daños ambientales, sea del suelo, del aire, del agua, de la flora o de la fauna, y los genere un particular, una empresa o un organismo estatal.
Como medida inmediata, el intendente ha anunciado la habilitación de una cantera municipal, para regular la extracción de áridos. Vale la iniciativa, si se tienen en cuenta varios resguardos.


Desde la elección de la zona a sacrificar hasta el control de la explotación, para que no se convierta en una nueva unidad de negocios para algunos y de perjuicios para el Municipio.
Me alienta que los neuquinos hemos ganado sensibilidad para con las cuestiones ambientales. Desde allí deben surgir las demandas para que posibles intereses económicos y políticos terminen por convertir a estos episodios como “temas del verano”.


*Exdiputado neuquino, UCR, CC-ARI


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