Carlos Baute, en sintonía con la gente

Antes, habló con “Río Negro” sobre su visita a la región.



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Eduardo Rouillet eduardorouillet@gmail.com

“Yo vivo cantando muchísimo y estoy tan cómodo arriba que siento que voy a explotar de alegría”, asegura el cantante. El cantante, presentador y actor Carlos Baute llega hoy a Neuquén para cantar, a las 21, en el Gimnasio del Parque Central. “Pues, yo soy un fanático de viajar. Me encanta hacerlo, conocer culturas. Ayer llegué a Neuquén y es una suerte porque hoy tengo el día para conocer la ciudad. ¿Sabes? Porque no solamente vengo a cantar sino a saber un poquito más de la gente del lugar, sus costumbres, su modo de ser, en lo posible”, le dice Baute a “Río Negro”. –Además de la avidez de conocimiento ¡sentís extrañeza al encontrarte con personas, aromas, gustos, climas distintos? –Sí, también siento eso, pero soy alguien que está muy atento, absorbiendo todo lo que vivo. Desde que subo al avión, hasta que está aterrizando o en el auto al hotel, empiezo a olfatear y a palpar cómo es la gente allí donde estoy llegando, cómo se comporta entre sí, cuál es la onda en todas las ciudades, pueblos y países que recorro con éste, mi trabajo. Me gusta detectar las diferencias, inclusive de un pueblito a otro, aunque no cruce una frontera internacional. Me la paso observando, tratando de entender, y eso va creando una base que se amplía a medida que voy andando caminos. Me ocupo de estar alerta, de detectar y absorber todas las sensaciones, saberes y sabores que se me presentan. –¡Cómo manejás la duda, la incertidumbre, el temor cuando, al componer, la idea no aparece como la soñaste, la imaginaste, en verso y música? –Yo trato de que no me ocurra, de ser precavido. Las letras, la melodía, los arreglos no siempre fluyen como quiero. Entonces, la verdad, le dedico mucho tiempo a la producción de un disco. Ahorita mismo estoy componiendo material nuevo. Tengo meses, años inclusive, componiendo. Imagina, ya llevo ocho compactos… Desde que terminé “Amarte bien”, estoy escribiendo y ya tengo temas para hacer ya otro. Pero, en el momento que me dicen, en seis meses grabas y aún me falta cerrar las canciones, se me bloquea la cabeza. Entonces, para evitar eso, yo siempre estoy componiendo cada vez que puedo. Y me pasa que es bien complicado que siempre me salgan buenos temas. Es imposible. O la idea que tenía no la pude concretar del todo, o no me deja conforme alguna frase musical o del texto, en fin, muchas cosas pueden no salir bien, a mi pleno gusto. Luego, he aprendido a manejarme con tiempo, trabajando día a día. Hay que trabajar, hay que ponerse a componer. El próximo disco es para octubre y ya tengo mucho hecho. Para cada grabación tengo treinta y cinco temas, por lo menos; ideas, no enteros. Pueden llegar a ser cuarenta con ideas completas con un esqueleto, instrumentos, coro… Y empiezo a mezclar todo esto y a armar maquetas. Puedo ocupar tres semanas ordenando todas las ideas y modelando las canciones que tengo más adelantadas. Me ha pasado de estar en Bolivia y en viaje a Ecuador, me salieron dos canciones, pero de arriba abajo, no con la letra entera, obviamente. Eso es más complicado. Pero la música me salió de una… – ¿Cómo la vas guardando, archivando? –La registro en el ordenador, pero la mando inmediatamente por mail. Por si pierdo esa computadora, por si se daña el disco duro. Eso ya me ocurrió y aprendí. Entonces, cuando ya va por mail, está colgada y ya no la pierdo en la vida. Esa es la manera en que trabajo. –¿Qué tipo de impulsos, de vibraciones, van y vienen entre vos y el público, cuando cantás en vivo, como esta noche? –¡Uf! Es maravilloso… Mira, puedo estar enfermo, con gripe, tener treinta y ocho de temperatura y nada de eso llega a afectarme. Es increíble y yo no lo manejo. Sucede cuando piso el escenario. Es como si estuviera en otra sintonía, en sintonía con la gente, y los inconvenientes que pudiera tener no importan. Esté como esté, yo trato de dar lo mejor de mí siempre, pero más aún cuando el público está allí escuchando, aplaudiendo, cantando conmigo, sosteniéndome. Creo que ningún cantante, aunque seamos actores cuando pisamos las tablas, hace otra cosa que lo mejor posible. Yo vivo cantando muchísimo y estoy tan cómodo arriba que siento que voy a explotar de alegría, de energía, de felicidad.

El cantante, presentador y actor Carlos Baute llega hoy a Neuquén para cantar, a las 21, en el Gimnasio del Parque Central. “Pues, yo soy un fanático de viajar. Me encanta hacerlo, conocer culturas. Ayer llegué a Neuquén y es una suerte porque hoy tengo el día para conocer la ciudad. ¿Sabes? Porque no solamente vengo a cantar sino a saber un poquito más de la gente del lugar, sus costumbres, su modo de ser, en lo posible”, le dice Baute a “Río Negro”. –Además de la avidez de conocimiento ¡sentís extrañeza al encontrarte con personas, aromas, gustos, climas distintos? –Sí, también siento eso, pero soy alguien que está muy atento, absorbiendo todo lo que vivo. Desde que subo al avión, hasta que está aterrizando o en el auto al hotel, empiezo a olfatear y a palpar cómo es la gente allí donde estoy llegando, cómo se comporta entre sí, cuál es la onda en todas las ciudades, pueblos y países que recorro con éste, mi trabajo. Me gusta detectar las diferencias, inclusive de un pueblito a otro, aunque no cruce una frontera internacional. Me la paso observando, tratando de entender, y eso va creando una base que se amplía a medida que voy andando caminos. Me ocupo de estar alerta, de detectar y absorber todas las sensaciones, saberes y sabores que se me presentan. –¡Cómo manejás la duda, la incertidumbre, el temor cuando, al componer, la idea no aparece como la soñaste, la imaginaste, en verso y música? –Yo trato de que no me ocurra, de ser precavido. Las letras, la melodía, los arreglos no siempre fluyen como quiero. Entonces, la verdad, le dedico mucho tiempo a la producción de un disco. Ahorita mismo estoy componiendo material nuevo. Tengo meses, años inclusive, componiendo. Imagina, ya llevo ocho compactos… Desde que terminé “Amarte bien”, estoy escribiendo y ya tengo temas para hacer ya otro. Pero, en el momento que me dicen, en seis meses grabas y aún me falta cerrar las canciones, se me bloquea la cabeza. Entonces, para evitar eso, yo siempre estoy componiendo cada vez que puedo. Y me pasa que es bien complicado que siempre me salgan buenos temas. Es imposible. O la idea que tenía no la pude concretar del todo, o no me deja conforme alguna frase musical o del texto, en fin, muchas cosas pueden no salir bien, a mi pleno gusto. Luego, he aprendido a manejarme con tiempo, trabajando día a día. Hay que trabajar, hay que ponerse a componer. El próximo disco es para octubre y ya tengo mucho hecho. Para cada grabación tengo treinta y cinco temas, por lo menos; ideas, no enteros. Pueden llegar a ser cuarenta con ideas completas con un esqueleto, instrumentos, coro… Y empiezo a mezclar todo esto y a armar maquetas. Puedo ocupar tres semanas ordenando todas las ideas y modelando las canciones que tengo más adelantadas. Me ha pasado de estar en Bolivia y en viaje a Ecuador, me salieron dos canciones, pero de arriba abajo, no con la letra entera, obviamente. Eso es más complicado. Pero la música me salió de una… – ¿Cómo la vas guardando, archivando? –La registro en el ordenador, pero la mando inmediatamente por mail. Por si pierdo esa computadora, por si se daña el disco duro. Eso ya me ocurrió y aprendí. Entonces, cuando ya va por mail, está colgada y ya no la pierdo en la vida. Esa es la manera en que trabajo. –¿Qué tipo de impulsos, de vibraciones, van y vienen entre vos y el público, cuando cantás en vivo, como esta noche? –¡Uf! Es maravilloso… Mira, puedo estar enfermo, con gripe, tener treinta y ocho de temperatura y nada de eso llega a afectarme. Es increíble y yo no lo manejo. Sucede cuando piso el escenario. Es como si estuviera en otra sintonía, en sintonía con la gente, y los inconvenientes que pudiera tener no importan. Esté como esté, yo trato de dar lo mejor de mí siempre, pero más aún cuando el público está allí escuchando, aplaudiendo, cantando conmigo, sosteniéndome. Creo que ningún cantante, aunque seamos actores cuando pisamos las tablas, hace otra cosa que lo mejor posible. Yo vivo cantando muchísimo y estoy tan cómodo arriba que siento que voy a explotar de alegría, de energía, de felicidad.


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