Carnavaleando

Así se titula el proyecto editorial del fotógrafo y periodista Guido Piotrkowski, quien registró durante una década diversas fiestas latinoamericanas desde Argentina a Panamá, pasando por Brasil, Uruguay, Bolivia y Colombia. Aquí, ocho de sus imágenes en un recorrido documental y emotivo.

Por Redacción

Barranquilla: quien lo vive es quien lo goza “Quien lo vive es quien lo goza”, repiten una y otra en Barranquilla, un leitmotiv que los barranquilleros cumplen a rajatabla. Declarada como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco, es una de las mayores fiestas colombianas, en la que participan anualmente más de un millón de personas. Aquí se fusionan las culturas europea, africana e indígena combinando las festividades católicas traídas por los conquistadores con ceremonias aborígenes y la herencia musical de los esclavos africanos.

“Quien lo vive es quien lo goza”, repiten una y otra en Barranquilla, un leitmotiv que los barranquilleros cumplen a rajatabla. Declarada como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco, es una de las mayores fiestas colombianas, en la que participan anualmente más de un millón de personas. Aquí se fusionan las culturas europea, africana e indígena combinando las festividades católicas traídas por los conquistadores con ceremonias aborígenes y la herencia musical de los esclavos africanos.

Barranquilla: quien lo vive es quien lo goza

Oruro: obra maestra de la humanidad El carnaval de Oruro fue declarado como Obra Maestra del Patrimonio Intangible de la Humanidad por la Unesco. Unos cincuenta grupos folclóricos, entre caporales, morenadas, diabladas y tinkus, desfilan en una larga procesión. Los bailarines, ataviados en magníficos y coloridos trajes y máscaras, marchan hacia el punto final de este desfile, el santuario de la virgen del Socavón, la “Mamita”, a quien le dedican los bailes y sus promesas. Después de veinte horas de baile ininterrumpidos, llegará la hora del Alba, cuando a la cinco de la mañana, las mejores bandas se junten en las graderías de las avenida Cívica a tocar frente a frente, hasta que el desfile del domingo vuelva a comenzar.

El carnaval de Oruro fue declarado como Obra Maestra del Patrimonio Intangible de la Humanidad por la Unesco. Unos cincuenta grupos folclóricos, entre caporales, morenadas, diabladas y tinkus, desfilan en una larga procesión. Los bailarines, ataviados en magníficos y coloridos trajes y máscaras, marchan hacia el punto final de este desfile, el santuario de la virgen del Socavón, la “Mamita”, a quien le dedican los bailes y sus promesas. Después de veinte horas de baile ininterrumpidos, llegará la hora del Alba, cuando a la cinco de la mañana, las mejores bandas se junten en las graderías de las avenida Cívica a tocar frente a frente, hasta que el desfile del domingo vuelva a comenzar.

En Río de Janeiro, las malas lenguas dicen que el carnaval nació en las calles y murió en el sambódromo. Y que el carnaval de los turistas es en el Sapucaí, mientras que el carnaval carioca en los blocos. Si aquí todo el año es carnaval, durante los días en que Momo es rey la “cidade maravilhosa” se convierte en el paraíso de los excesos bajo un Cristo Redentor que se hace el distraído. A la vera del mar o en pleno centro, todo el mundo danza en un gran baile de disfraces callejero. Río destila samba, sudor y alegría.

Río: samba, sudor y risas En Río de Janeiro, las malas lenguas dicen que el carnaval nació en las calles y murió en el sambódromo. Y que el carnaval de los turistas es en el Sapucaí, mientras que el carnaval carioca en los blocos. Si aquí todo el año es carnaval, durante los días en que Momo es rey la “cidade maravilhosa” se convierte en el paraíso de los excesos bajo un Cristo Redentor que se hace el distraído. A la vera del mar o en pleno centro, todo el mundo danza en un gran baile de disfraces callejero. Río destila samba, sudor y alegría.

Lo único que se toma en serio el panameño es el carnaval, suelen decir por aquí. Panamá arde: desde la ciudad a Las Tablas, donde se celebra el carnaval mayor, y pequeñas poblaciones como Penonomé, que se destaca por el particular carnaval acuático, el festejo es un continuo frenesí: cuatro días de fiestas carnestolendas a “puro goce”. En la ciudad, la gente baila bajo la lluvia de los “culecos”, chorros de agua arrojados desde camiones cisterna. “Ésta es la fiesta del pueblo, tenemos cuatro días de un jolgorio saludable!”, dice un integrante de las comparsa Jamaiquinos de Río Abajo. “Le damos alegría al público, compartimos nuestra felicidad. Panamá es un lugar de raíces, de cultura y de mucho amor.”

Panamá: es lo único que se toma en serio Lo único que se toma en serio el panameño es el carnaval, suelen decir por aquí. Panamá arde: desde la ciudad a Las Tablas, donde se celebra el carnaval mayor, y pequeñas poblaciones como Penonomé, que se destaca por el particular carnaval acuático, el festejo es un continuo frenesí: cuatro días de fiestas carnestolendas a “puro goce”. En la ciudad, la gente baila bajo la lluvia de los “culecos”, chorros de agua arrojados desde camiones cisterna. “Ésta es la fiesta del pueblo, tenemos cuatro días de un jolgorio saludable!”, dice un integrante de las comparsa Jamaiquinos de Río Abajo. “Le damos alegría al público, compartimos nuestra felicidad. Panamá es un lugar de raíces, de cultura y de mucho amor.”

En Salvador, los tríos eléctricos –gigantescos camiones que funcionan como escenarios móviles– sacuden la ciudad y arrastran multitudes por las calles. El pueblo se estremece al compás de los ritmos afro, el axé y el pagode. “El carnaval es el poder del pueblo, es una forma de desahogo” –dice Reginaldo, director del histórico bloco “Secos y Molhados”–. “Tiene cultura y diversidad. Uno puede hacer lo que quiere. Si querés criticar, criticás. Si querés vestirte de mujer, te vestís de mujer. El carnaval tiene el mismo gusto maravilloso de ganarle a Argentina. Es un caos saludable”.

Salvador: el caos saludable En Salvador, los tríos eléctricos –gigantescos camiones que funcionan como escenarios móviles– sacuden la ciudad y arrastran multitudes por las calles. El pueblo se estremece al compás de los ritmos afro, el axé y el pagode. “El carnaval es el poder del pueblo, es una forma de desahogo” –dice Reginaldo, director del histórico bloco “Secos y Molhados”–. “Tiene cultura y diversidad. Uno puede hacer lo que quiere. Si querés criticar, criticás. Si querés vestirte de mujer, te vestís de mujer. El carnaval tiene el mismo gusto maravilloso de ganarle a Argentina. Es un caos saludable”.

En Tilcara se celebra uno de los carnavales más auténticos, coloridos y originales de la Argentina. Rituales de una cultura ancestral e influencia española se fusionan en esta fiesta desenfrenada que se desata en las calles y atraviesa la puerta de los hogares. Los diablitos son los símbolos y traen alegría y buena suerte. Todo comienza con el “desentierro” del diablo y concluye con el “entierro”, cuando se lo quema para que renazca de las cenizas al año siguiente, vigoroso y renovado.

Montevideo, el autoproclamado carnaval más largo del mundo, dura cuarenta días y alcanza su clímax durante el desfile de las Llamadas. La gente acude en masa a los barrios Sur y Palermo, donde unas cuarenta agrupaciones barriales protagonizan dos noches maratónicas, desplegando toda la herencia africana a puro candombe. En tanto, las murgas y sus cantos llenos de ironía, que giran en torno a los hechos más destacados del año y satirizan a la plana mayor de la política local, son otro de los rasgos distintivos que hacen de Montevideo una de las referencias carnavalescas en el mundo.

Tilcara: rituales de una cultura ancestral En Tilcara se celebra uno de los carnavales más auténticos, coloridos y originales de la Argentina. Rituales de una cultura ancestral e influencia española se fusionan en esta fiesta desenfrenada que se desata en las calles y atraviesa la puerta de los hogares. Los diablitos son los símbolos y traen alegría y buena suerte. Todo comienza con el “desentierro” del diablo y concluye con el “entierro”, cuando se lo quema para que renazca de las cenizas al año siguiente, vigoroso y renovado.

En Olinda, millones de personas invaden las callejuelas al compás del frevo y los redobles del maracatú, una mezcla de ritmos africanos y europeos característicos del carnaval de Pernambuco, al nordeste de Brasil. Centenares de agrupaciones desfilan arrastrando multitudes que los siguen al son de sus pegadizas melodías ejecutadas por bandas de vientos y tambores. El carnaval de Olinda es un espectáculo frenético, donde se preservan las más puras tradiciones del nordeste brasileño.

Montevideo: murgas, ironías y candombe Montevideo, el autoproclamado carnaval más largo del mundo, dura cuarenta días y alcanza su clímax durante el desfile de las Llamadas. La gente acude en masa a los barrios Sur y Palermo, donde unas cuarenta agrupaciones barriales protagonizan dos noches maratónicas, desplegando toda la herencia africana a puro candombe. En tanto, las murgas y sus cantos llenos de ironía, que giran en torno a los hechos más destacados del año y satirizan a la plana mayor de la política local, son otro de los rasgos distintivos que hacen de Montevideo una de las referencias carnavalescas en el mundo.

Olinda: un espectáculo frenético En Olinda, millones de personas invaden las callejuelas al compás del frevo y los redobles del maracatú, una mezcla de ritmos africanos y europeos característicos del carnaval de Pernambuco, al nordeste de Brasil. Centenares de agrupaciones desfilan arrastrando multitudes que los siguen al son de sus pegadizas melodías ejecutadas por bandas de vientos y tambores. El carnaval de Olinda es un espectáculo frenético, donde se preservan las más puras tradiciones del nordeste brasileño.

Libro con financiamiento colectivo Guido Piotrkowski lleva más de una década registrando fiestas populares de América Latina. El material, que en breve tomará forma de libro, es un importante acervo de crónicas e imágenes de los principales carnavales de Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia, Colombia y Panamá. Este editor independiente optó por el sistema de financiamiento colectivo para publicar lo que será el primer libro argentino sobre carnavales latinoamericanos. Cada persona que se suma al proyecto con un pequeño aporte (de $50, $250 o más) recibe a cambio una recompensa: fotos originales y libros, entre otras. Si no llegase a recaudar la totalidad del dinero, el aporte vuelve a cada uno de los activistas. El proyecto puede verse en panaldeideas.com/proyectos/carnavaleando/ y en la página de Facebook Proyecto Carnavaleando. Hasta el 16 de junio hay tiempo de colaborar y ser parte de este recorrido documental


Comentarios


Carnavaleando