Antonio Alonso, el Gallego de la confitería El Ciervo





Su charla franca y sincera nos acompañaba mientras almorzábamos. Su pasión por la buena cocina, su buen trato será inolvidable.


Hace unos días partió de este mundo el Gallego, dueño de la confitería emblema de nuestra juventud, testimonio de historias valletanas.

Fieles testigos de una época (los ’70 y los ’80) fueron aquellas “confiterías” que nos acogían, que nos daban abrigo en los diferentes momentos de nuestras vidas. Don Antonio Alonso, el Gallego de El Ciervo, aún con todos los años que llevaba en estas tierras, parecía que recién se acababa de bajar del barco. Su acento nunca se borró, su simpática compañía nos transportaba al Neuquén del ayer. Antonio nació en Constanza de Garabanes, Galicia, y llegó al país en 1957 y a Neuquén en 1970. Primero atendió la confitería de don Cayetano Saladino, en Láinez y Alcorta, y luego El Ciervo (emplazado en terreno perteneciente a la Sociedad Española), el 3 de febrero de 1971.

Su anterior concesionario había sido Luis Vitale, un gran gastronómico. Don Alonso nos contó hace unos años sobre las nuevas generaciones de clientes que iban reemplazando a las anteriores. Y que en 1970 “no había un hogar que no tuviera el teléfono del Ciervo. Llovían las llamadas preguntando si aquellos niños estaban aquí. Neuquén era pequeño, nos conocíamos todos, y el control sobre los jóvenes era más rápido”.” A las 21 o las 22.30 hs., un sábado, se iban a bailar al Boliche Gente (de Jorge Fernández Garro y Chiquito Zelatta) y a Blip Blup y algunos se atrevían a concurrir a la boite del Hotel Confluencia. A los bailes del Club Pacífico animado por la orquesta de Cholo Perego, a Mi Casita -boliche de la 5ta Galería- en la primera cuadra de calle Roca o a Sunset”.

“Al llegar esa hora y estar este local lleno empezaba a llegar la gente mayor y los jóvenes voluntariamente se levantaban y les daban el asiento a los mayores”, agregó. “Aquel era un tiempo que ojalá volviera. Este negocio me dio tantos deleites, cantidad de amigos, cuando llegué aquí no tenía nada, sólo agallas”, acotó Alonso y continuó relatando que en 1975 reformó el salón, refugio de aquellas generaciones, y que tuvo que pedir un préstamo al Banco Ganadero aconsejado por sus amigos Osés y Ramin de RHOR Mayorista.

Vino sin estudios, ya que nació en una aldea. “Mi padre me dijo: en el mundo hay tres universidades: la de la calle, la de los libros y la principal, la de la familia. Cuando nació mi hijo, Gabriel, lo llamé a mi padre a España y él me mandó una carta, ´ni que fuera un profesor’, marcándome todos los ítems para que pusiera en práctica con mi hijo. Soy un inmigrante agradecido de este país, vine a Neuquén por unos meses y hace más de cinco décadas que estoy aquí”, concluyó cuando lo entrevistamos. En la foto vemos el local del Ciervo en los ’70, a la derecha la construcción de la Galería Jardín.

Al enterarme de su deceso me vinieron a la memoria aquellos días de nuestra juventud y sentí la necesidad de congregarme junto a mis compañeros de escuela, de bailes, de tertulias, de confiterías… en suma, de nuestra vida en el Neuquén de ayer, e intento recopilar recuerdos y transcribirlos en esta hoja. ¡Que gratos momentos vividos en El Ciervo… Encuentros, romances, charlas de adolescentes… ¡qué épocas! ¡Peleas entre novios… Hamburguesas, lomitos, Coca Cola, cuántos recuerdos! Una alumna del Colegio San Martín, viajaba desde Cinco Saltos y al llegar temprano, a esta ciudad, desayunaba en el Ciervo; para esto el gallego hacía esperar al lustrabotas (le daba algo de comer) para que le lustrara sus zapatos, así la preceptora no la retaba por no tener sus zapatos impecables.

¡Un ejemplo de trabajo, de tesonera y fecunda labor! marcado en los corazones de los neuquinos que concurrimos y que aún concurríamos a su local.

¡La charla franca, sincera, que solía prodigarnos Antonio nos acompañaba mientras almorzábamos, su pasión por la buena cocina, su buen trato será inolvidable! ¡Hoy te despide el Neuquén que te recibiera en la segunda mitad del siglo XX y que lo apropiaste, porque fuiste un honesto gallego argentinizado!


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Antonio Alonso, el Gallego de la confitería El Ciervo