Aquél asfalto rojo
Neuquén
Mediante la amable colaboración de antiguos vecinos de la calle Sarmiento, de la ciudad de Neuquén, me fue posible reconstruir un suceso de hace 82 años, del que fuera responsable la Municipalidad capitalina, Intendencia Ricardo Salazar Possi.
Transcurrían los primeros meses de otro año durante el cual las lluvias brillaban por su ausencia, circunstancias que, seguramente, alentó a la comuna para llevar adelante una experiencia hasta entonces inédita, quizás en cualquier lugar y terreno , al menos de nuestro país. Se consideraba la posibilidad de hacer una compactación de arcilla sobre la superficie del tramo callejero de 300 metros, entre las arterias Lainez y Chaneton. Y se hizo nomás!!
Palabras como alegría y sorpresa, eran a la medida en cuanto a todo el mérito que correspondía adjudicarle a la iniciativa de tan novedosa carpeta asfáltica, como si se tratara –siendo arcilla- de la obra de un maestro alfarero.
A la media tarde del 11 de marzo de 1944, jornada soleada, sin acto previo de inauguración, numerosos vecinos, niños y adolescentes, la mayoría provista de bicicletas, concurría presurosa a circular o disfrutar de la flamante pista, practicando idas y vueltas de un extremo a otro.
La convocatoria se hizo a través de la red de altavoces que comandaba el ya encumbrado empresario de materiales eléctricos Abraham Gotlip. Esas bocinas se escuchaban en toda la extensión de la Avenida Argentina, arteria que entonces desvanecía a la altura del cruce con calle Talero.
La “muni” había hecho el milagro, pero que poco duró. Antes de las 72 horas, una copiosa precipitación interrumpía su letargo y se “descolgaba” sin piedad, hasta convertir el espléndido escenario, en un barrizal. Tanto se fracturó la bandeja de arcilla, que un equipo de Vialidad -máquina y personal- casi de inmediato debió levantar de punta a punta todo el material desintegrado.
Adiós a la novedosa franja de tránsito y pasatiempo. El piberío de las inmediaciones no tenía consuelo. Otra vez a pedalear sobre el ripio.
Los comerciantes que, hasta pocas horas antes se restregaban las manos, no salían de su asombro. En tal circunstancia, entre quienes alcanzaron a regodearse con el suceso de “aquél asfalto” frente a su puerta -insistimos, década de los años ’40- podemos recordar a varios y muy queridos vecinos y familias, con mayoría fallecida: Dolores Fernández, “Chichín” Serrano, Luis De La Prieta, los grupos de familia Fábrega, Mayorga, Domene y Ferramola . Evasio Cuña, peluquero y músico, papá de Irma, nuestra reconocida poeta, Norberto Pintos, director del periódico “El Territorio”, Hércules Borella, metalúrgico. Los datos, a su vez, se corresponden con propietarios de importantes comercios que ocuparon parte del espacio aludido.
Anexo a lo narrado, le cuento al lector que yo también estuve circulando con mi bicicleta, el día inaugural. Que en los últimos días, mi inquietud periodística me permitió comprobar que no existe documentación alguna del suceso recordado. Consecuencia de ello, el episodio atraviesa mi mente como si se tratara de un sueño, de una fantasía. De algo que no fue cierto.
Neuquén
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