Biblioteca Alberdi, un símbolo cultural para los neuquinos


La biblioteca pionera de la ciudad, fue bautizada en honor al padre de la Constitución.


Nació en la segunda década del siglo XX en un territorio nacional de la Norpatagonia ávido de conocimiento y con la ayuda del empuje visionario de hombres que pusieron la fuerza para su concreción. En la Provincia de Neuquén en el año 1984 se promulgaron las Leyes n º 1627 y 1628 de creación del departamento de Bibliotecas Populares y protección de las mismas, permitiendo a estas organizaciones que cumplimenten todos los requisitos solicitados, recibir subvenciones anuales, personal especializado, bibliografía.

La Ordenanza 10824/07 es un instrumento dado por el Municipio neuquino para que las bibliotecas populares recibieran apoyo financiero y técnico para su optimización. La biblioteca popular Juan Bautista Alberdi fue fundada por un grupo de vecinos del pueblo de Neuquén el 10 de noviembre de 1928 de acuerdo con el acta inaugural. El acta fundacional N° 2 establece que fue aprobada la memoria de la comisión provisoria, los estatutos, y fue elegida la comisión directiva, que quedó integrada de la siguiente manera: Francisco Carreño, presidente, Juan Gómez Aguerre, vicepresidente, Virgilio La Vella, secretario, Carlos Sacco, tesorero. Como vocales: Evaristo Lucero, Eduardo Castro Rendón y Rafael Castilla. Vocales suplentes: Ernestina Eremita, Domingo Larghi y Javier Salvadó.

Según el relato de la Sra. de Gobich, que escribiera la historia de la institución, fue inaugurada el sábado 17 de noviembre de 1928 según consta en el acta N° 3, en la que los miembros de la comisión directiva se reunieron en la escuela N° 2 unos días antes y decidieron la fecha mencionada para la inauguración oficial. Hay que recordar que en sus primeros tiempos comenzó a funcionar en la vieja escuela Nº 2, sita en Avenida Argentina y Carlos H. Rodríguez, edificio que lamentablemente fuera demolido y con ella desapareció parte de nuestra historia.

Luego se iniciaron las gestiones para conseguir un terreno: se trasladó en 1931 a un local cedido por el municipio en la Avenida Argentina al 100, donde estuvo cuatro años. En febrero de 1933 llegó el título provisorio del terreno, donado por la Asociación Española de Socorros Mutuos, al que se le colocó muro y cerco de alambre hasta que comenzaron a construir el 12 de noviembre de 1934. La obra estuvo a cargo de Héctor Santucho: el 8 de diciembre del mismo año se comenzó a techar y se concluyó al año siguiente. Su presidente- en esa coyuntura- era el doctor Juan Julián Lastra, recordado jurista y literato de esta capital. En diciembre de 1936 se entregó a la biblioteca el título de propiedad de la fracción del terreno ubicado en los lotes urbanos H y J, de la manzana 55 del pueblo del Neuquén.

La empresa constructora era de Buffolo. El edificio tuvo varias ampliaciones a lo largo de su historia llevadas a cabo por distintos profesionales de la construcción: Rufino Uzábal, Arq. Zappa, Arq. Liliana Montes Le Fort, la empresa Pérez Companc, y el Arq. Oscar Silvetti. Luego de muchos años de gestión fue posible concretar la realización de un nuevo edificio para su sede -sito en la Avenida Argentina esquina República de Italia-el cual ha sido diseñado teniendo en cuenta las normas de IFLA/UNESCO, que se llevó a cabo a través de un subsidio del estado provincial y las tareas a un estudio de arquitectura de la ciudad I.A.G; fue Inaugurado en noviembre de 2013.

A través de la importancia de la historia oral y para darle un cierre a la síntesis de la historia de la institución, hace años contactamos a hijos de los integrantes de la primera comisión directiva como el hijo de don Lucero, Ricardo, que nos facilitó con orgullo la fotografía que acompaña este escrito firmada por aquellos pioneros del saber entre los que se encontraba su padre: recordemos que don Lucero fue director de la escuela N° 2. Además, la hija del Dr. Eduardo Castro Rendón, Inés Castro de Vignolles, nos facilitó fotografías de su padre como precursor de salud (el Hospital Regional lleva su nombre) y de la biblioteca. Recordarlos, homenajearlos a ellos y sus descendientes -un saludo afectuoso al hijo de don Lucero en su cumpleaños- nos hacen luchar por nuestra utopía que fue la misma de aquellos visionarios: la lectura, el correcto lenguaje, la expresión clara y el amor por el conocimiento y el saber.