Doña Clodulfa de Bustamante: educadora y visionaria


Clodulfa Francisca Fernández Vera de Bustamante nació en Chilecito, en los llanos de La Rioja, el 17 de septiembre de 1902. Héctor, el hijo de Clodulfa, Tota para sus íntimos, atesora recuerdos de su infancia. La mamá de Clodulfa se preocupó por la educación de su descendencia y los envió a estudiar a Catamarca, de donde Tota egresó como maestra.

Héctor Bustamante, santiagueño de origen, fue jefe de Investigación de la policía neuquina territoriana y debió dejar Catamarca por cuestiones políticas ya que era radical y habían vencido los conservadores. Casado con Tota, a fines de 1925 dejaron Catamarca para radicarse en Neuquén. En el camino, en Santa Fe, nació el mayor, Héctor, que prestó testimonio para la realización de estas notas, hace varios años. Luego nacieron tres más: Raúl, Lidia Ordalia y Zulema. Tota comenzó como maestra de la escuela Nº 121 y al poco tiempo ingresó en la vieja escuela Nº 2, en la que permaneció hasta el fin de su carrera. Un hermano de su esposo, Emilio, fue el director de la escuela 125, afamado docente y director, padre de Jorge Bustamante, médico cardiólogo, y de Emilio.

Héctor nos dijo: “mamá era prima hermana de Rosario Vera Peñaloza, aquella docente especializada en los Jardines de Infantes, que formó parte del Consejo Nacional de Educación. Un día viajamos con mamá a Buenos Aires a hacer trámites al Consejo: no nos querían recibir. Entonces le dijo a la secretaria que era Tota Fernández; por ese motivo salió una señora a recibirnos: era Rosario Vera Peñaloza”. Cuando su padre debió trasladarse a Buta Ranquil, Héctor era un niño, lo acompañó. “En el lugar vivían Abraham Elem, el turco Emilio, el director de la Escuela, señor Catalá y nosotros”.

Allí Héctor cursó quinto grado. Cuando regresó a Neuquén y comenzó en la escuela Nº 2, la maestra trajo su certificado de sexto grado, su madre doña Clodulfa lo rompió porque consideró que su hijo “no estaba preparado para pasar de grado”. Embargado de emoción, Héctor nos habló de la honradez de su padre “cuando fue interventor en la Municipalidad, en el Chateau gris no quiso aceptar hectáreas de tierra en Centenario”. En Neuquén Capital vivían en la calle Roca 71, frente a la casa del Farmacéutico Vercegnazzi, que vivía en Roca y Diagonal Alvear. Héctor hijo se casó con María Josefa Roda, oriunda de Viedma. De esta unión nacieron dos hijos: Héctor José, Pelusa, y Patricia Laura, que les dieron cuatro nietos. Héctor siempre trabajó como Técnico en implantes de marcapasos cardíacos, que es el que interviene en la operación con la parte eléctrica. Visitador médico de la firma Pfizer, donde trabajó 17 años, y luego en la firma Astra, que comercia la anestesia. Esta profesión le permitió conocer toda la Patagonia y visitar Estados Unidos. Su hijo Pelusa continuó esa tarea.

En 1955 Tota se jubiló y con su esposo se fueron a vivir a Buenos Aires: primero a Morón y luego a Capital Federal. Queremos terminar estos recuerdos de Tota con sus aún vigentes palabras acerca de la labor de la escuela y el hogar: “Artículo, dedicado a los padres de mis alumnos, a hacerles llegar ligeras consideraciones acerca de la necesidad de que ellos contribuyan con su autoridad y sanos consejos a la mayor finalidad de la ardua tarea que realiza el maestro.

La escuela solo retiene al niño en sus aulas pocas horas, las restantes las pasa en compañía de sus padres, y es allí justamente donde debe seguir la acción de la escuela; el consejo del maestro y el ejemplo de sus progenitores. ¿Cómo conseguiremos entonces la hermandad que debe existir entre la Escuela y el Hogar? Muy sencillo: que concurra el padre del alumno a este santuario, a la casa del estudio toda vez que su presencia sea requerida por los maestros; que no permita jamás que en su presencia se viertan conceptos despectivos de la Escuela donde se prepara el espíritu, se cultiva la inteligencia y se forma el carácter de sus hijos para la vida sana y productiva del mañana”. ¿Qué más podemos agregar? Lo que dijo Tota la pinta de cuerpo entero, nosotros solo podemos recordarla y recordar su misión para que sus ideas estén vivas por siempre.