Freud y la psiquiatría

Carta de Lector

Por Carta de lector

Fabián Wotnip

fwotnip@yahoo.com.ar

En la Lección 18 de las Introductorias al Psicoanálisis, Freud nos invita a pensar el síntoma no como un error, no como un mero “mal funcionamiento” biológico, sino como un acto con sentido, una formación que proviene de una historia y se dirige hacia un fin inconsciente. El síntoma —enseña Freud— nace de una experiencia que alguna vez fue consciente, pero que por efecto del conflicto pasó a la sombra psíquica.

Freud, médico y psiquiatra, jamás concibió la vida anímica fragmentada. Para él, la subjetividad era un todo, en el cual cuerpo, memoria, deseo, sufrimiento y pulsión forman una unidad indivisible. Y en ese marco, el psiquiatra ocupaba un lugar insoslayable: el único profesional formado simultáneamente en la comprensión del aparato psíquico y de sus correlatos biológicos, sociales y simbólicos.

Hoy, sin embargo, asistimos a una paradoja preocupante. Mientras la Ley de Salud Mental proclama la importancia de la subjetividad, la singularidad y la historia del paciente, el psiquiatra ha sido desdibujado, reducido, o incluso desplazado. Se lo acusa de “biologicista”, de medicalizar o de representar un modelo que se pretende superar. Pero nada más lejos de la verdad: el psiquiatra que trabaja con el legado freudiano jamás anuló la subjetividad; la hizo el núcleo de su práctica.

Hoy, más que nunca, necesitamos volver a ese espíritu. No para repetir a Freud, sino para honrar aquello que él inauguró: una clínica donde el síntoma habla, donde el paciente es sujeto y donde el psiquiatra, lejos de ser un enemigo de la subjetividad, es uno de sus guardianes más lúcidos.


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Psicología

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