Leticia Raimondo abrió caminos con el jardín Ardillitas
Hija de inmigrantes, se lanzó en 1969 a emprender un camino poco transitado: abrió el primer jardín de infantes de gestión privada en Neuquén.

Nuestra homenajeada pertenece a una familia de inmigrantes italianos, Raimondo, asentados en el siglo XX que, como tantos, vinieron a poblar estas inhóspitas tierras de la mano del Ferrocarril del Sud. En 1966 el Estado Nacional era intervenido por el gobierno del General Onganía, la nueva provincia era gobernada por el Interventor Ingeniero Rodolfo Rosauer. Es en su gobierno cuando se produjo la inauguración del primer jardín de infantes de gestión privada sin subsidio estatal, en marzo de 1969. La mentora de esta encomiable tarea, dijimos, es Leticia Raimondo.
Leticia estudió en la vieja escuela Nº 2, ubicada en Avenida Argentina y Carlos H. Rodríguez. Estudios en la escuela San Martín, en Santiago del Estero al 200, y se graduó como Maestra Normal Nacional en la década del ‘60. Ejerció sus tareas en escuelas de Colonia Valentina y en el Barrio La Sirena. Luego estudió para maestra jardinera en el Instituto Bernasconi. Cuando se inauguró el primer jardín de infantes provincial llamado El Conejito la convocaron para trabajar: estuvo entre 1962 y 1969.
Leticia nos contó que “el nombre de su Jardín privado “Ardillitas” fue dado por mi hermana mayor, Nico, que explicó por qué debía llamarse así: por la búsqueda, descubrimiento y asombro que caracteriza a los nenes en su primera etapa de aprendizaje, y asemejándolos con la actitud característica de una ardilla”. Se inauguró en marzo de 1969. Fue registrado con el número 1; años más tarde, y sin subvención, fue incorporado a la educación de gestión privada al crearse la dirección de Nivel Inicial. En sus comienzos, Ardillitas contaba con una sala: luego se inauguraron dos más ante la demanda de la comunidad.
En 1980 se trasladó de Entre Ríos 226 al 789 de la misma calle. Leticia nos relató hace varios años: “El trabajo con la comunidad fue y es una constante activa de la institución, con actos solidarios que vivencian los niños, que aprenden a mirar al otro, aceptan al diferente con amor, como valor de vida, siendo parte de la realidad”.
“La creatividad, el entusiasmo y la vocación, fueron los pilares para sostener el proyecto educativo de Ardillitas, los hábitos, los valores y el amor, la prioridad en su tarea”. Lety agradeció y reconoció “A los padres por acompañarnos y colaborar desde distintos espacios y mi reconocimiento a todo el personal docente, administrativo y auxiliar que estuvo a mi lado desde el inicio: Juanita Pivetti, Katy Cid, Nancy Cid, Liliana Ligaluppi, Marisa Capellán, Beatriz Rivas, Elizabeth Prospitti, Sandra López, Tani de Henríquez, Mariela Blakier, Blanquita Franzán, Verónica Valdivia, Carla Castillo, Belén y Lucia Weinner y Fabio Páez, a todos… ¡Gracias!
Y por supuesto no nos podemos olvidar de los profesores especiales a cargo de distintos talleres, “como así también a todos los que por distintas razones ejercieron su tarea en estos años: dejaron todos sus huellas y su impronta, con lo que fortalecieron la identidad del Jardín”. Los padres de Lety eran Julián Raimondo, italiano de Nápoles, nacido en 1900 y combatiente en la Primera Guerra Mundial, como lo atestiguaban las “balas de sus piernas”.
Su madre se llamaba Santa Ló Martiro, siciliana nacida en 1904. Lety tuvo 8 hermanos: las dos mayores, Nicolasa y Concepción, vinieron de Italia con el matrimonio. Los restantes nacieron en la Argentina en los diferentes lugares en que la familia se trasladaba con el ferrocarril; Carlos Francisco, Orlando, Elsa, Argentina, Horacio, Fany y Leticia.
Recuerda que cuando sus padres compraron el terreno de Tucumán al 200 era una odisea llegar desde la colonia ferroviaria- Independencia y Diag. 25 de mayo- a esta calle, pues tan solo una huella marcaba el desértico camino. Como toda neuquina, concurría a los bailes que organizaba el Club Pacífico, pionera institución neuquina, y fue allí donde conoció a su esposo, Horacio Dvoskin, con el que se casó y tuvo dos hijos, Marcos y Diego, dos nietos completan la familia. Leticia, mujer que, como otras, se lanzara a emprender un camino poco transitado: el de la educación infantil privada en aquel Neuquén, es tía de otra gran Maestra Jardinera y Supervisora del nivel, Susana Hernández. En el día de los Jardines de Infantes y de las Maestras Jardineras nuestro homenaje a todas ellas que abren los caminos y el corazón de la niñez.