Sanar y agradecer
Dinora Vros
DNI 10.924.150
A veces, dar las gracias por lo que debería ser normal parece una redundancia.
Concurrí al Hospital Ramón Carrillo por un pinzamiento cervical, que impedía moverme. El agravante era que vivo lejos del hospital y que, circunstancialmente, estaba yo sola a cargo de mí misma.
Había esperado veinticuatro horas para poder manejar. Los pozos que acompañan mi recorrido, y que habitualmente son apenas un elemento más de la resignación cotidiana , con esta dolencia se habían convertido en cuchillos que se clavaban alternativamente en mi cuello y en mi espalda, sin piedad.
Llegué a la guardia, fui atendida con cortesía y rápidamente. En el triage el enfermero e me toma la presión y conversa mirándome a los ojos. En esa charla ya se vislumbra algún exceso de mi parte: ciertos movimientos que se dan de patadas con la cronología que se refleja sin piedad en mi número de documento.
Después llega el momento del médico. Otra vez, el encuentro con alguien a quien le importa. Y en la conversación cae otro velo: un acontecimiento familiar que también podría ser el causante de semejante nudo.
Algo empieza a ceder. El dolor, todavía no.Un pinchazo en mi parte posterior para aliviar la molestia . Los remedios que voy a necesitar, en los días posteriores en mis manos.
Antes de atravesar la puerta escucho la voz del médico: “que salga todo bien con tu nieto”
No sé su nombre Doc, pero puedo reconocer la voz que cura.
Gracias, Hospital Ramón Carrillo de San Martín de los Andes
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