Un pueblo al sur
Hay cuatro horizontes, en todos llueve. A un cerro con manzanas silvestres; a un volcán; al río y al lago boscoso. ¿Cuál de ellos conduce a la utopía?.
Todavía se cuelgan oficios en las ventanas, que dicen que se muele trigo tostado, que se reparan zapatos, que se cose ropa, que se arreglan flores y otras formas de restauración. Todavía los treiles rompen el silencio sin mesura y en los abarrotes anacrónicos hechos con madera empolvada, suena la última canción de moda. También todavía dos cantinas por manzana y muchas iglesias, muchas iglesias, muchas iglesias ¿Cuántas cantinas y cuántas iglesias se necesitan para que escaseen cantos de irreverencia?
Hay cuatro horizontes, en todos llueve. El primero a un cerro con manzanas silvestres. El segundo a un volcán. El tercero al río. El cuarto a un lago boscoso. ¿Cuál de ellos conduce a la utopía?. Donde el anonimato cayó en desuso todos tienen su propio secreto.
Los horizontes rodean un pozo a la vera de la cordillera, donde en invierno el trabajo llama por la mañana oscura y entrega libertad por la noche aún más oscura con niebla, lluvia, puelche, con humo y frío. En verano, en cambio, el sol alcanza para volver y contemplar la quietud que queda, entonces, a las seis pm abren las puertas descortezadas por la humedad para echar andar el aire, para sentarse a esperar, para mirar quién pasa, quién entra en la panadería, quien sale sin paraguas, quien encuentra la última oferta en la tienda china o quien, no muy lejos, bajo el marco de una puerta, descortezada por la humedad, contempla otro pedazo de pueblo quieto, con el ritmo de una reverencia.
Catalina Saavedra
DNI 95584289
Roca