Caso Ancatel: «Es angustiante, nadie toma decisiones»
La madre de la víctima habló con "Río Negro". Pide que el abusador cumpla su condena y que no vuelva a San Martín de los Andes. La niña está bajo tratamiento psicológico. Se entera de todo lo que pasa y vive con angustia.
A las 5.30 de la mañana, A. espera junto a la fría ruta en San Martín de los Andes que su abogado la pase a buscar para viajar a Neuquén capital. Seis horas y media después ingresa una vez más (¿cuántas van ya?) a una sala de audiencias. La reciben los muebles indiferentes e impersonales de siempre, los abogados que pueden cambiar o ser los mismos, la custodia policial. A pocos metros de distancia se sienta Matías Ancatel, el joven condenado por abusar de su hija durante un robo hace cinco años.
Durante la audiencia los abogados hablan, gesticulan, intercambian reproches. A. (la inicial no corresponde a su nombre verdadero) mueve la cabeza suavemente, cruza los dedos, suspira. Delante de sus ojos se le está escurriendo una vez más la esperanza de que Ancatel vuelva a la cárcel. Escucha hablar de “declaración de incompetencia, error de notificación, libertad condicional, cuestión de fondo…”. Palabras. Ella tiene que volver con su hija que hoy tiene 14 años y pregunta, se entera de todo, recibe contención psicológica gracias a que la madre puede pagarla, porque el Estado no contribuye con ninguna ayuda.
La audiencia termina en menos de una hora. El fiscal, el defensor de los derechos del niño, el querellante particular, se levantan y se arremolinan alrededor de la jueza. A. se queda sentada sola en una sala que ahora es inmensa. Ancatel sale rápidamente por la puerta, libre como ingresó, y así seguirá porque “declaración de incompetencia, error de notificación, libertad condicional, cuestión de fondo…” Palabras.
“Es angustiante esto, querés una respuesta y no la hay. Vas de audiencia en audiencia y nadie toma decisiones”, dice A. Entre frase y frase tiene que tomar aire. Sus ojos están hundidos más por la tristeza que por el cansancio del viaje.
“Las víctimas estamos ahí sin nada, se siguen negando a escucharnos”, protesta.
A. dice que Ancatel cambió su vida y la de su hija para siempre desde aquel día de marzo de 2014 en que entró a su casa a robar y abusó de la niña. Hubo un tiempo en que conoció algo parecido al alivio: cuando el joven fue condenado a prisión efectiva, en noviembre de 2015.
Pero A. no se enteró de que le dieron la libertad condicional en marzo del 2018 y lo supo de la peor manera: se lo cruzó por la calle, a metros de su casa en San Martín de los Andes.
Paréntesis: Hay un gran debate en el Poder Judicial neuquino entre quienes dicen que tendrían que haberle avisado por ser la madre de la víctima, quienes dicen que le avisaron pero la notificación falló, y quienes afirman que no había obligación de advertirle. La discusión está lejos de los intereses de A.
“Ese dia que me lo crucé fue volver todo para atrás. Volvió el miedo del primer momento, la preocupación para que mi hija no se enterara que él estaba atrás de nuestra casa, que no supiera que estaba en San Martín de los Andes”.
Su hija “ahora está peor, se enteró de todo. Yo quería evitar muchas cosas y no pude, ella sabe la realidad de todo”.
La niña “va a la escuela pero la terapia es fundamental, sí o sí la tiene que hacer, no es fácil atravesar esta situación”. Para eso no recibe ninguna ayuda del Estado, “sale todo de mis gastos, nunca tuve apoyo, sigo manteniendo todo yo sola”.
A. tiene esperanza y tiene planes. “Que esto termine de una vez, que él (jamás lo llama por el nombre) cumpla la condena como debe ser, no verlo más en San Martín. Yo no puedo seguir modificando mi vida por él. Y voy a seguir peleando para que se escuche a las víctimas”.
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