Caso Bordón»Sentí el momento en que mi hijo moría»

La madre de Sebastián Bordón confía en que condenarán a los asesinos en el juicio que comenzará en 20 días

BUENOS AIRES (Télam).- «Sentí en mi cuerpo el momento exacto en el que mi hijo estaba muriendo», dijo consternada ayer Miriam Medina, la madre del estudiante secundario Sebastián Bordón, por cuyo asesinato ocurrido en octubre de 1997 serán juzgados dentro de 20 días siete policías y dos civiles de la provincia de Mendoza.

La mujer, que derrocha fortaleza y la atribuye al «corazón con rabia y el reclamo del útero», sólo se quiebra cuando detalla la forma en que su hijo de 18 años fue brutalmente golpeado y, agonizante, abandonado en cautiverio hasta que murió por inanición y deshidratación.

En su humilde vivienda del barrio de trabajadores 3 de Diciembre, en el partido bonaerense de Moreno, Miriam se secó las lágrimas y, cebando mates dulces, relató cómo supo, «mejor que los peritos», qué día y a qué hora murió Sebastián.

«Los informes de los forenses hablaban de que Sebastián murió entre el 6 y el 8 de octubre, pero yo en la madrugada del 7 me sentí muy mal. Me latía mucho el corazón y sentí que algo se elevaba. Fue el momento en que murió, no me quedan dudas», puntualizó.

De acuerdo a la investigación que toda la familia lleva adelante junto a abogados y familiares de otras víctimas de casos de brutalidad policial, el adolescente -por motivos aún no muy claros- resolvió separarse de sus compañeros de la Escuela Media 4 durante el viaje de fin de curso por la precordillera mendocina.

Las dos profesoras que acompañaban al contingente decidieron dejar al egresado en el puesto policial de El Nihuil, encargándole a los suboficiales que se encontraban de guardia que lo cuidaran hasta la llegada del padre desde Moreno para llevarlo de vuelta a su hogar.

Luis Bordón viajó inmediatamente a buscar a su hijo al destacamento del centro turístico -situado a 50 kilómetros de la ciudad de San Rafael, en el sur mendocino- con la esperanza de que Sebastián sólo padeciera una depresión juvenil de la que no le costaría salir. Pero nunca más lo vio.

Luego de abandonar el aeropuerto de San Rafael, llamó por teléfono al destacamento policial de El Nihuil para organizar el reencuentro con el chico. Ese fue el inicio de la desesperación.

Nunca llegó

Un cabo de esa seccional le dijo a Luis Bordón que se quedara en San Rafael porque le iban a llevar a su hijo hasta la comisaría 38 de esa ciudad.

Sebastián nunca llegó. Un suboficial le dijo: «El atorrante de su hijo se escapó»- y las «falsas» búsquedas fueron infructuosas.

El cadáver de Sebastián apareció once días más tarde en un cañadón, con golpes en todo el cuerpo, los brazos y antebrazos quebrados, la clavícula rota y un profundo corte en la cabeza.

Recién dos meses después se comenzó a develar el encubrimiento policial y, poco a poco, fueron cayendo los presuntos policías asesinos y los civiles que contribuyeron a la desviación de la investigación.

«Uno no lucha sólo contra el dolor de perder un hijo, que es lo peor que te puede pasar en esta vida, sino que también los hace contra el sistema perverso en el que vivimos», relata Miriam.

«El odio que tengo es lo que me permite seguir adelante. Se lo prometí a mi hijo: cada uno de los que lo tocó, va a caer», dice Miriam, mientras una lágrima, una más, recorre su pómulo.


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