Cazador americano
Corría 1973 un año lleno de fervorosas ilusiones y desencantos y el escritor Haroldo Conti (quien en 1976, con la dictadura militar vigente, pasaría a engrosar la lista de «desaparecidos») le transmitía por carta a un amigo cubano sus impresiones políticas a partir de la asunción de Perón-Perón, con el apoyo de siete millones de votos.
El autor de «Mascaró» afirmaba que el fundador del movimiento había dado «piedra libre» para la actuación de «las bandas de la mafia de la derecha peronista. Estamos decía peor que nunca. Con un cerco de hierro en los límites y el enemigo dentro de la propia casa».
Con mortecina virulencia, las contradicciones en el peronismo han vuelto a surgir a partir de retardadas resoluciones judiciales que pusieron la mira en los decretos para «aniquilar la subversión», de 1975, y en el accionar de la Alianza Anticomunista Argentina (la Triple A), concentrada en la sede del Ministerio de Bienestar Social que controlaba el ya fallecido «brujo» José López Rega, antes del anunciado golpe de Estado.
En la picota están María Estela Martínez de Perón quien no sólo fue indemnizada por los gobiernos de Raúl Alfonsín y Carlos Menem sino que sigue percibiendo una pensión vitalicia en su carácter de ex presidenta constitucional y los ex jerarcas justicialistas Antonio Cafiero y Carlos Ruckauf, éste último diputado nacional adherente al oficialismo kirchnerista por esas cosas del pragmatismo movimientista.
«Hoy por hoy las investigaciones no mueven el amperímetro en el peronismo. Ante la falta de autocrítica, Néstor Kirchner alienta poner blanco sobre negro, previo a la profundización de su modelo de neto corte de centroizquierda», aseguró a «Río Negro» un vocero santacruceño convencido de que la candidatura presidencial de Cristina Fernández para octubre «va en serio».
Mientras se prepara para dar un paso al costado y participar de la organización de una fuerza política nueva lo hará salvo que ocurra una hecatombe que ponga en peligro la continuidad de su proyecto «progresista y capitalista» por contraste al de «socialismo o muerte» de Hugo Chávez, Kirchner no está incómodo con las decisiones de los jueces federales Héctor Acosta, de Mendoza, y Norberto Oyarbide, de los tribunales porteños.
En inusuales declaraciones periodísticas desentendido del «caso Gerez», a esta altura un verdadero papelón, el presidente insistió en «conocer la verdad cualquiera que ésta sea» y apostó a «la reconciliación sin impunidad». Los alcanzados por la larga mano de la Justicia son aquellos que practicaron el terrorismo de Estado, por lo que no entrarían en la configuración de criminales de lesa humanidad los jefes guerrilleros de Montoneros y ERP, según la Corte Suprema. El creador de «Mascaró, el cazador americano» rechazaba las intenciones del general Juan Domingo Perón, quien se había valido de milicias de jóvenes idealistas para combatir contra el régimen militar inaugurado por Juan Carlos Onganía y lograr su retorno a la Argentina, en 1972, para después llamarlos imberbes y echarlos de la Plaza de Mayo. El mismo cuestionamiento, con la palabra «traición» a flor de labios, lo lanzó el cantante León Gieco en su popular «Sólo le pido a Dios».
Las antinomias en el peronismo están latentes, como quedó expuesto el pasado 17 de octubre, durante el traslado de los restos de Perón del cementerio de la Chacarita a la quinta de San Vicente. Aunque, como le dijo a este diario el ultrakirchnerista Carlos Kunkel, en el peronismo gobernante nadie reivindica la lucha armada de los 70, que tuvo su punto culminante con el asesinato del general Pedro Eugenio Aramburu.
En el gobierno de «K» con características de transversalismo, pero sostenido en estructuras de mando del peronismo y el radicalismo no derraman ninguna lágrima por «Isabelita», Cafiero y Ruckauf. La dinámica de los justicialistas es impiadosa. Hay alineamiento forzoso detrás del jefe, que determinó hacer de la causa de los derechos humanos un basamento de su gestión. Inevitablemente, se dice en la Rosada, las investigaciones iban a terminar en la Triple A.
Ya casi no quedan dirigentes de gravitación vivos de esa época. Uno de ellos, el ex presidente provisional Italo Luder, se encuentra añoso y enfermo.
Kirchner se prepara a viajar a la cumbre de Brasil el próximo jueves. Si bien recomienda no apurarse con las candidaturas, ya está dispuesto a recorrer el país en franca actitud de campaña. Está sorprendido con la dispersión que existe en la oposición y no le ve ninguna chance a Roberto Lavagna, su exitoso ministro de Economía, lanzado para destronarlo con sustento de Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde. Cree más en el crecimiento de Mauricio Macri, como ariete de un polo de centroderecha.
Los deseos presidenciales podrían verse frustrados por la misión conciliatoria que ha emprendido Juan Carlos Blumberg, empeñado en acercar entre otros a Macri con Lavagna.
La economía marcha con las velas extendidas, aunque hay señales de alzas de precios que la ministra Felisa Miceli trata controlar a través del aumento a las retenciones agropecuarias, como anticipó este diario. Hay serios baches por situaciones de inseguridad extrema, de gatillo fácil o de desbordes piqueteros que, en el caso del pleito con Uruguay por las papeleras, está obstruyendo la estrategia nacional ante organismos internacionales.
El entendimiento impulsado por Kirchner en Catamarca un radical y una peronista saadista contra Luis Barrionuevo marcan la tendencia en ascenso de la concertación plural. Ese esquema podría trasladarse a Río Negro. El presidente se inclinará por el que mejor mida en las encuestas. Podría inclinarse, entonces, por el radical Miguel Saiz en desmedro del justicialista Miguel Pichetto, quien demandó un reconocimiento efectivo a su probada lealtad. «Sigo siendo candidato a gobernador», repite el titular del bloque de senadores del PJ.
Pero Pichetto también sabe que, si Kirchner hace un paréntesis y no va por la reelección porque «los segundos períodos siempre han sido malos», él tendrá un lugar asegurado al lado de Cristina.
ARNALDO PAGANETTI
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