Cerró el 35° Festival de Cine Independiente de Cipolletti

"Familia sumergida", de María Alché, puso el punto final, la noche del sábado, a la 35ª edición. La directora habló con Río Negro sobre cómo abordó el tema de la muerte en este filme.



Enfrentar la muerte de un ser amado es uno de los momentos más difíciles que una persona podría experimentar a lo largo de su existencia. Se trata de atravesar el duelo y sumergirse en esa angustia que, por momentos, pareciera no tener fin. El tema suele ser encarado, justamente, como una expresión de tristeza, pero eso no es lo único que experimentamos. De hecho, a veces la muerte puede incentivar una vida más intensa, a volverse un poco loco y, a veces, a dar un salto al vacío. Este otro costado no pretende negar el dolor que provoca la muerte, sino que propone abordar la idea de una historia colectiva, y de la muerte como un legado, en la película “Familia sumergida”, de María Alché. El sábado a la noche cerró el Festival de Cine de Cipolletti, junto con “Chubut, tierra y libertad”, de Carlos Echeverría.
En “Familia sumergida”, Mercedes Morán se mete en la piel de Marcela, cuya hermana acaba de morir. Es pleno verano y Capital Federal luce vacío, húmedo y caluroso. Mientras encara el duelo, tiene que enfrentar el desarmado de la casa, un tarea más que tortuosa y que no suele ayudar a mitigar el dolor.


En medio de aquel mar de lagrimas, un joven amigo de su hija aparece en su vida dispuesto a ayudarla. Su presencia da lugar a viajes y aventuras, en lo que serán días confusos que cruzarán a personas y conversaciones de otro tiempo, algo que la interpelará, siempre con su cotidianidad al acecho.
María Alché buscó reflexionar sobre esta idea del duelo, que “es mas loca” y que, además, “implica volverse un poco loco, porque la muerte también tiene que ver con la vida”, comparó. “A veces funciona como un golpe para estar mas vivo, para valorar el tiempo que es finito, o para tener más sexo”, ejemplificó.
“Me pareció que lo podía contar, se trata de ver como hacía esta persona para poder seguir dando cuenta de los que ya no están”, resumió María.
La película que anoche cerró el Festival de Cine de Cipolletti se filmó en 2017. “En aquel entonces todavía se podía filmar en varias semanas, ahora las películas del INCA están sufriendo recortes y ya no hay tanto lugar para rodajes así”, sostuvo la directora. “Tuvimos cabezas de equipo muy creativas, yo no se si la gente sabe esto, pero hacer una película lleva mucho tiempo, y mucha gente, y depende de la pasión de muchas personas que se ponen al hombro muchas decisiones y trabajo”, reconoció.
En ese sentido valoró el trabajo de la protagonista, Mercedes Morán, que “aportó desde su experiencia”, valoró, y a quien calificó como “una actriz increíble, con mucha vitalidad, cuyo magnetismo fue clave en la película, y la editamos en base a sus emociones”, resaltó.

Los ganadores del concurso

"Guacho", de Matías Magnano.

El gran premio del jurado fue para “Guacho, de Matías Magnano. Desde el Grupo Cine Cipolletti resaltaron que el material invitó a “pensar, a desarmar, a rearmar y a repensar otra vez las identidades territoriales, barriales y de género”. Para el jurado el cortometraje “retrata y denuncia la marginalidad sin estetizarla ni apelar jamás a una mirada exotista, sino apostando, en cambio, a encontrar siempre la imagen y la palabra justas”. Fue producido por el Colectivo Audiovisual Ceromilímetro.
El premio Patagónico Alberto Vilanova fue para “Bien de familia”, de Santiago Ferrería. Consideraron que muestra de forma justa “la vida en la Patagonia, con sus personajes, sus climas, paisajes y conflictos y por la valentía del registro en fílmico animándose a la improvisación”.
El premio a la mejor animación fue para “Transmuta”, de María Belén Tagliabue y Miriana Bazán. La mejor ficción se la llevó “Aquel verano sin hogar”, de Santiago Reale. El mejor documental fue “La hija indigna”, de Abril Victoria Dores Portaluppi.


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