El mangangá patagónico entra en un mapa clave global de los abejorros
El estudio fue desarrollado por un equipo internacional y ofrece una base inédita para estudiar parentescos, conductas y resguardo de estos insectos esenciales para plantas silvestres y cultivos. Participó la bióloga Marina Arbetman del instituto INIBIOMA de Bariloche.
Los abejorros son polinizadores de los que dependen miles de plantas silvestres y cultivos en todo el mundo, y entender cómo evolucionaron es una pieza clave para su conservación. Un nuevo estudio publicado en la revista Insects construyó el árbol genealógico más completo de estas abejas hasta la fecha, con las 289 especies reconocidas del género Bombus.
Los investigadores incluyeron al único abejorro nativo de la Patagonia: el mangangá (Bombus dahlbomii). Conocido también como moscardón, es el más grande del mundo y destaca por su intenso color naranja cobrizo y su cuerpo peludo. Actualmente se encuentra en peligro de extinción debido a la introducción de especies exóticas invasoras.
Trabajo en equipo
Los resultados del trabajo en Insects permiten hacer comparaciones entre las especies de abejorros y abren una hoja de ruta para estudios sobre su comportamiento, ecología y protección a escala global.
El trabajo fue elaborado por Paul Williams y colaboradores del Museo de Historia Natural del Reino Unido, con financiamiento de la Academia China de Ciencias y del Sistema Chino de Investigación Agrícola en Apicultura. Colaboró la científica Marina Arbetman, del Instituto INIBIOMA, que depende del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue, en Bariloche, quien fue entrevistada por Diario RÍO NEGRO.
El árbol incompleto
Hasta este estudio, la referencia obligada para trazar el parentesco entre abejorros era un árbol elaborado hace veinte años, que cubría apenas el 71% de las especies hoy reconocidas. Muchas especies faltantes son extremadamente raras, viven en zonas remotas de alta montaña y resultan muy difíciles de encontrar, identificar y analizar genéticamente.
A ese problema se sumó que el sistema de clasificación de los abejorros cambió varias veces en ese período. Algunas especies fueron eliminadas de la lista y otras fueron incorporadas, lo que dejó el árbol anterior desactualizado.

El objetivo del equipo internacional fue construir un árbol evolutivo que incluyera todas las especies aceptadas, con las mejores técnicas disponibles, para que otros científicos pudieran usarlo como base en sus investigaciones.
El equipo combinó tres tipos de información genética. Primero usó datos de cinco genes (que evolucionan lento) y uno mitocondrial (que evoluciona más rápido) del árbol anterior como columna vertebral. Luego añadió secuencias de un gen mitocondrial llamado COI, que es como un código de barras genético para identificar especies. Para las especies más raras, los científicos extrajeron ADN antiguo de especímenes conservados en museos con técnicas especializadas de laboratorio.
Como tercer componente, los investigadores incorporaron resultados de un estudio genómico previo que analizó partes de unos 10.000 genes para establecer las relaciones más profundas entre los grandes grupos. Todo esto se procesó con un programa estadístico para estimar el árbol evolutivo más probable.
Fauna en América
Los resultados mostraron que las faunas de América Central y del Sur tienen las tasas de especiación más altas del mundo, es decir, sus abejorros evolucionaron en nuevas especies a un ritmo más acelerado que los del resto del planeta.
“El estudio muestra este patrón: en el último millón de años, la tasa de especiación (es decir la aparición de nuevas especies) es menor a la tasa anterior. Lo que no podemos saber es si se generan menos especies o si se extinguen más. Una hipótesis para testear es que el cambio climático —la aridez y, más recientemente, la actividad humana como la agricultura— esté provocando más extinciones que aparición de nuevas especies”, comentó Arbetman.
Ojos grandes, machos astutos: las dos estrategias de los abejorros para conseguir pareja
En el estudio sobre abejorros publicado por un equipo internacional llamó la atención el comportamiento de los machos: el 17% de las especies tiene ojos más grandes de lo normal, rasgo que se relaciona con dos estrategias distintas de búsqueda de pareja —competencia visual de velocidad o defensa de territorios simbólicos.}
“Observamos que en algunos grupos de abejorros los machos tienen los ojos mucho más grandes. Eso no es un rasgo al azar: está asociado con un cambio importante en la forma en que buscan pareja. Se observan dos estrategias distintas. Una de ellas es recorrer grandes áreas e intentar encontrar a una reina antes que los demás machos. Por eso los ojos grandes posibilitan la detección de reinas a mayor distancia y las antenas largas permiten captar feromonas mientras vuelan”, contó la bióloga Marina Arbetman.
“La otra estrategia: los machos no buscan activamente a las reinas por todo el paisaje. En cambio, cada macho ocupa un pequeño sitio y lo defiende de otros. Cuando una reina pasa por allí, intenta aparearse con ella. Este último es el territorio simbólico, que significa que no hay recursos a defender sino que se agarran una partecita de área y no permiten que haya otro macho ahí”, explicó la científica.
Los autores anticipan que estudios futuros con datos genómicos más extensos permitirán afinar tanto las relaciones antiguas como las más recientes del árbol. El equipo también señala que es probable que se describan nuevas especies en el futuro, y que otras ya conocidas sean reclasificadas a medida que cambien los criterios taxonómicos.
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