Cinco destinos soñados para todos los gustos

El país tropical más grande del mundo tiene una propuesta para cada viajero en su litoral, donde no faltan el sol, un mar tibio ni la calidez de su gente.



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BRASIL

Es época de planear las vacaciones, de soñar con un lugar relajado, de pensar en una playa de arena fina y mar templado, una temperatura de agua que invite a hacer la plancha y no a largas carreras y saltitos para evitar que se congelen los pies. Es tiempo de desear que el clima no arruine el disfrute, que brille el sol y el termómetro no baje de los 30°. Es hora de ilusionarse con que la música impregne cualquier instante del viaje, con cerveja gelada y caipirinha. Sí, es momento de Brasil.

JUAN JOSé LARRONDO

juanjolarrondo@hotmail.com

El país vecino atraviesa un gran presente. Su economía crece a pasos de gigante, lo que redunda en mayores inversiones y mejoras en los servicios turísticos.

Además, será sede de los dos máximos acontecimientos deportivos internacionales en los próximos cuatro años, la Copa Mundial de Fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro 2016. Los ojos del planeta se posarán allí y nuevos aeropuertos, estadios, carreteras, hoteles, restaurantes, ya están siendo renovados o construidos de cero.

Sus ocho mil quinientos kilómetros de costa aseguran una playa ideal según el gusto de cada viajero. Aquí una guía para encontrar exactamente lo que se busca:

1. PORTO DE GALINHAS, FAMILIAR

A 65 kilómetros de Recife, Porto de Galinhas es uno de los destinos más buscados del nordeste. Hace menos de veinte años era un pequeño pueblo de pescadores al final de una carretera secundaria, con una playa repleta de palmeras y algunas casas de recifenses. Actualmente es uno de los destinos turísticos más importantes de Brasil, en parte porque todavía conserva algo de esa magia inspiradora que emana de los pequeños poblados abrazados por el mar y bendecidos por la naturaleza.

Su fama también fue creciendo, gracias a ser elegida “como la mejor playa de Brasil” durante siete años consecutivos, por la popular revista Viagem e Turismo.

El mayor atractivo son sus piscinas naturales. Cuando baja la marea, los bancos de corales próximos a la costa forman piletas llenas de agua cristalina, templada (28° promedio) y repletas de peces de infinitos colores que van y vienen entre pequeñas cavernas coralinas. Es un espectáculo tanto para los adultos como para los niños, que disfrutan haciendo snorkel y observando la vida marina sin ningún peligro. Un destino que se adapta a la familia y ofrece todos los servicios para los más chicos.

Con sol durante todo el año, bosques de cocoteros, extensas franjas de arena blanca y un mar verde esmeralda, este balneario reúne los ingredientes ideales para una postal perfecta.

Playas aledañas como Camboa, Muro Alto, Cupe o Carneiros, son una invitación para el relax y para disfrutar de las maravillas de un entorno natural incomparable. Maracaípe, situada a tres kilómetros de Galinhas, es ideal para los jóvenes, con pintorescos y entretenidos barcitos sobre la playa y la posibilidad de aprender o practicar surf en olas de gran calidad.

Si se sigue por su larga bahía se llega al “Pontal de Maracaípe”, donde hay preciosos manglares para pasear y piscinas naturales tan lindas como las de Galinhas, pero desiertas.

2. PORTO SEGURO, DIVERTIDA

Miles de brasileños de todo el país llegan a Porto Seguro para disfrutar de sus hermosas playas durante el día y de su impresionante fiesta nocturna.

Posee una infraestructura muy desarrollada, con cientos de hoteles y edificios llenos de colorido que se decantan por una estética colonial.

Ésta es la región del Nuevo Mundo donde desembocaron por primera vez los marinos portugueses y se pueden ver vestigios de aquellos primeros días de colonización. Sin embargo, lo que hace famoso a este lugar, es la Passarela do Álcool. La noche comienza temprano en este mercado a cielo abierto que tiene puestos de artesanías, música en directo inundando las plazas, y exquisitos cócteles de fruta fresca donde hacen capeta: guaraná, coco en polvo, canela, leche condensada endulzada y vodka.

Por aquí desfilan, religiosamente, los turistas desde el atardecer hasta la medianoche, antes de participar de las fiestas nocturnas que organizan los principales clubes de playa: el de Barramares es el más asombroso.

En Porto Seguro las mejores playas están hacia el Norte. Itacimirim, Mundaí y la más extensa, Taperapuán, con tres kilómetros de aguas transparentes, son excelentes para descansar de la ajetreada noche y recordar las conquistas o derrotas que trajo la luna.

3. PARATY, HISTÓRICA

Situada entre salientes penínsulas y playas escondidas, con un fondo de montañas selváticas, que se sumergen en una mágica bahía salpicada de pequeñas islas, Paraty es una de las joyas históricas más atractivas y exquisitamente conservadas de Brasil. Esta antigua aldea portuguesa fundada en el siglo XIV se ubica a 250 kilómetros de Río de Janeiro y es uno de los lugares más destacados de la llamada Costa Verde brasileña.

El centro colonial de Paraty es perfecto, no solo por su rica arquitectura centenaria, sino también por la ausencia de tráfico rodado. Desde su protección como Patrimonio de la Humanidad, el casco antiguo fue cercado con cadenas que no permiten el acceso a vehículos con motor. Entonces, las irregulares calles empedradas, son un lugar delicioso para pasear. Elegantes edificios blancos adornados con ribetes de varios colores y ventanas con celosías se mezclan con la belleza natural que envuelve a la ciudad.

Decenas de playas cristalinas se hallan a unos minutos de Paraty en barco o en autobús. Disfrutar la tranquilidad de la ciudad temprano por la mañana y al anochecer, mientras el resto del día se puede descansar sobre arenas blancas y nadar en un mar tibio es un plan que pocos lugares del mundo pueden ofrecer.

Vermelha, Lulas y Saco da Velha son las mejores playas que se encuentran a una hora en barco del casco histórico.

A Praia do Pontal, en cambio, se puede llegar caminando hacia el norte, al otro lado del río.

4. BOIPEBA, SECRETA

Al Sur de Ilha da Tinharé, al otro lado del estrecho río Do Inferno, se encuentra Ilha de Boipeba, vecina a Morro de San Pablo. Se ubica unos 200 kilómetros al sur de Salvador de Bahía y se puede acceder en avión desde allí. Es uno de esos destinos de playa relativamente remotos que todavía conserva un aire de aislamiento de la civilización ya perdido en muchos otros lugares playeros. Es ideal para quien busca aguas transparentes, una tranquilidad de isla, contacto con cultura local y un ecoturismo suave.

El pueblito donde viven los lugareños y se encuentran las escasas posadas para hospedarse se llama Velha Boipeba. Es tranquilo y rústico, no circulan coches y desde allí se puede recorrer la isla y sus fabulosas playas vírgenes: un escenario ideal para el que quiere desconectarse y disfrutar de las bellezas naturales.

Una de las maravillas de la isla es su tamaño: en unas horas es posible hacer una caminata a ritmo firme, pero sin estrés, y conocer todas las playas, de punta a punta. Mientras en tres o cuatro días ya es factible sentirse un experto y vivir como los lugareños. Es adictivo y peligroso, si se tiene la intención de volver a la vida cotidiana de cada uno.

5. FERNANDO DE NORONHA, ECOLÓGICA

El archipiélago de Fernando de Noronha, formado por 21 islas, está perdido en el Atlántico, a 525 kilómetros de Recife. Fue utilizado como prisión y como base militar estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, hasta convertirse hoy en un territorio turístico preservado, en el que impera una saludable filosofía de conservación ecológica. Está estrictamente prohibido levantar una piedrita, ya sea de un sendero o del fondo del mar. Fernando de Noronha es un área de Preservación Ambiental (30%) y Parque Nacional Marino (70%) reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

La isla mayor, de diez kilómetros de longitud, es la única que está habitada. Apenas dos mil moradores permanentes y un máximo de 300 turistas (que deben pagar una tasa de preservación de 40 reales por día) tienen el privilegio de disfrutar de un ecosistema perfectamente equilibrado, donde se destacan 26 playas paradisíacas, impolutas y prácticamente desiertas. De ellas sobresalen tres: Baía Do Sancho, Baía Dos Porcos y Praia Do Leao, consideradas las mejores de Brasil.

El acceso a las playas no es sencillo. Para llegar a Sancho, por ejemplo, hay que descender por una escalera metálica instalada en una fisura entre dos paredes de piedra. Sin embargo, el premio al esfuerzo es zambullirse en aguas que parecen cristal líquido y bucear entre las rocas, con imágenes hermosas siempre soñadas pero nunca vistas. Porque si Noronha es preciosa en la superficie, la otra mitad de su belleza la observamos con la cabeza debajo del mar: las aguas del archipiélago, riquísimas en nutrientes, son las preferidas de peces tropicales -negros, azules, turquesas, violetas, rayados, fosforescentes-, atunes, barracudas, morenas, tiburones, rayas, tortugas marinas y delfines.

(En Twitter @juanjolarrondo)


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