Club de Regatas: 50 años formando campeones

Eduardo Hernández puso la piedra fundamental de la institución en 1965, que hoy se convirtió en semillero de grandes deportistas. Tiene 120 socios y un solo empleado a sueldo.



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“Junto al remo” reza el cartel del Club de Regatas. Fotos: Chino Leiva

ANIVERSARIO

Desde 1965 la institución reúne a los aficionados al remo en Bariloche. Semillero de deportistas y dirigentes para la Selección Argentina, apuesta a seguir creciendo en lo social con proyectos comunitarios.

Eduardo Tomás Hernández llegó a Bariloche a mediados de 1964 luego de ser atraído –como tantos otros- por el encanto natural de la región. Sin embargo, además de su equipaje el “gallego” trajo consigo su pasión por el remo, deporte que solía practicar en Tigre (Buenos Aires).

Meses más tarde este hombre reunió otras voluntades y logró poner la piedra basal del Club de Regatas Bariloche. Tras conseguir que el municipio le cediera el predio que posee el club en el Brazo Campanario, a unos 20 kilómetros del centro de la ciudad, se dio inicio a una historia de lucha y sacrificio que también conoce de proezas deportivas.

Raúl Stuke es el presidente de la institución y conoció de cerca los preceptos que supo esgrimir Hernández. El ex remero y entrenador sabe de cerca lo que significa el club. De hecho, recuerda aquellas tardes en las que ayudaba a hacer bloques para construir el galpón en el que se guardan las embarcaciones. “Esto fue hecho a pico y carretilla. El césped lo sembraron los chicos”, relata acerca del esfuerzo puesto en el lugar.

Con medio siglo de vida institucional, actualmente se promueve una escuela de remo a la que asisten 70 niños, un grupo de “remo adaptado” que permite la asistencia de personas con discapacidades, e incluso 50 jóvenes que se preparan de cara a los Juegos Olímpicos de la Juventud que se realizarán en Buenos Aires en el 2018.

“En la medida que hagamos bien los deberes, el ENARD podría darnos una mano con equipamiento”, se esperanza Stuke acerca del siempre necesario aporte económico. La institución cuenta con 120 socios, cuya cuota mensual alcanza para pagar gastos corrientes y el sueldo de Marco Castañeda Cid, el único empleado, quien se desenvuelve como entrenador y cuidador del predio.

Stuke reconoce que permanentemente se trata de convencer a los organismos estatales de que están cumpliendo un rol social y que necesitan que les den una mano: “A veces no es continuo, pero el Estado está presente. Es fundamental para la vida del club, pero nosotros tratamos de demostrar que estamos haciendo las cosas bien. Que si invierten acá es algo que vuelve”, afirma.

A pesar de algunas complicaciones, el club siempre fue considerado un semillero para el seleccionado nacional. En la década del 90 se destacaron Guillermo “Pancho” Pfaab y María Julia Garisoain, quienes triunfaron en campeonatos Argentinos, Sudamericanos y Panamericanos. Además, Pfaab participó de los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92, los dos estuvieron en Atlanta ’96 y María Julia participó en Sidney 2000.

Más cerca en el tiempo aparecen Joaquín Iwan, Nicolai Fernández, José Moreschi y Agustín Radero. Stuke revela que algunas instituciones de Buenos Aires se sorprenden al ver que “un club chiquito, perdido en la Patagonia, pueda aportar tanto a la selección”, pero más allá de lo que puedan pensar cree que el éxito se da a partir del sacrifico, sin dejar de lado el duro clima patagónico que “puede templar a cualquier ser humano”.

El dirigente deportivo también destaca la “fuerte inserción” en la comunidad ya que logró que los alumnos de quinto a séptimo grado de la Escuela 48 de la Península San Pedro puedan tomar clases de remo, tal como sucede con los jóvenes en conflicto con la ley alojados en el Centro de Atención Integral de Niños y Adolescentes (Caina) del Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia.

La inesperada erupción del volcán Calbuco postergó los festejos por el 50 aniversario, que anunciaba la presencia de 12 clubes oriundos de las provincias de Buenos Aires, Mendoza y Chubut, además de localidades del sur de Chile.

Esta situación será otro de los breves impases que deberá sortear el club, pero Stuke no se detiene y avisa que apuesta a la construcción del día a día: “ahora el gran desafío es un gimnasio nuevo”, anuncia acerca de una edificación de 180 metros cuadrados que-esperan- acompañe el desarrollo de este deporte en la Patagonia.

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