Cómo decorar tu casa de acuerdo a cada estilo

Hoy repasamos cuatro estilos bien definidos que pueden ayudarnos a tomar decisiones al momento de hacer cambios en nuestra casa.





El diseño de interiores tiene como objetivo principal la gestión de los espacios tomando como punto de partida las necesidades y preferencias de quienes los habitan. El objetivo principal es optimizar la estructura del edificio pensando en su funcionalidad.
Una vez que esto se define, es el momento de la decoración de interiores, es decir, la elección de los elementos de mobiliario y accesorios, los colores, las texturas, la iluminación y todo aquello que forma parte del valor estético del espacio, y que definirá su aspecto final.
Y en todo este conjunto de acciones que se ponen en marcha a la hora de “vestir” un ambiente, aparece el concepto de “estilo”. Tantas veces utilizamos esta palabra que vale la pena detenerse un poco en su real alcance.


Entendemos por estilo un conjunto de rasgos y características que definen una moda o un uso particular, haciéndolo diferente de otros. Una manera particular de hacer algo, una expresión distintiva.
En decoración, “estilo” es una manera de ambientar un espacio a través de ciertas pautas, que regirán la composición, las formas, los colores, los muebles y todo lo que forme parte del lugar. Esas pautas surgen de un contexto socio-histórico-cultural determinado, que le brinda características propias.
Vamos a realizar entonces un recorrido por cuatro estilos que pueden ayudarnos a tomar decisiones al momento de hacer cambios en nuestra casa.


Estilo industrial:

También llamado Estilo Loft (desván), está inspirado en la arquitectura típica de la industria y tiene sus orígenes en los años 50 de Nueva York. La sensación que transmite es la de un espacio incompleto, donde los materiales de la construcción “gruesa” han quedado a la vista.

Todo aquello que en la construcción convencional se oculta, aquí se muestra. Cañerías de agua, luz, instalaciones, ladrillos, cemento, estructuras metálicas, techos altos sin disimular. Completan el conjunto unos pocos muebles rústicos, lámparas metálicas, y muy pocos accesorios ornamentales y textiles.

Estilo escandinavo:

Nórdico, o simplemente Scandi, remite a los fríos inviernos de los países del norte de Europa: Noruega, Dinamarca, Finlandia y Suecia. Se caracteriza por sus amplios espacios despejados y luminosos, predomina el color blanco en todos los planos de los ambientes como paredes, techo, mobiliario; combinado con maderas también claras, en muebles y pisos.


Por las duras condiciones climáticas de la geografía donde nació, este estilo busca crear espacios que brinden confort, comodidad y una sensación de bienestar. Elementos de líneas simples, materiales nobles, textiles cálidos y colores neutros en las gamas de grises y marrones.


Estilo rústico:

Esta ambientación pone el foco en destacar la belleza de la naturaleza. La apariencia de este estilo remite a las antiguas viviendas rurales. Colores cálidos claros y terrosos, textiles sin estampado y pisos de piedra o madera en espacios amplios y luminosos.

Gran variedad de materiales nobles, como barro, cerámica, mimbre, yute, sisal, y géneros como lino y algodón. Lanas, pieles, cueros, cacharros y muebles antiguos reciclados; todo lo que compone la decoración rústica tiene una gran conexión con el pasado.

Estilo shabby chic:

La traducción del nombre sería como un “desgastado elegante”, tiene su base en las grandes casas de campo de origen británico. Su principal característica es la mezcla de muebles antiguos reciclados, con colores pastel (rosa, verde agua, lila); géneros estampados en pequeñas flores (liberty), encajes y tules. Los espacios shabby chic producen una sensación de suavidad y lucen femeninos y románticos.


Es una decoración fácil de lograr, ideal para aquellas personas que disfrutan reciclando y pintando muebles. Con pocos elementos se consiguen ambientes de tono soñador y etéreo.

Cecilia Daniele
Diseño de interiores -UNRN


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