“¿Cómo no reflexionar la desmesura?”

El académico considera apasionante el estudio de una década donde talló un movimiento que a su juicio marcará la vida del país por un buen tiempo. La radicalización ideológica como respuesta a los problemas del modelo, el voluntarismo y la “excepcionalidad” argentina asoman como fuentes de interés.

Redacción

Por Redacción

–La investigación de la historia parece destinada a detenerse por largo tiempo en el kirchnerismo. ¿Por qué? –Porque el kirchnerismo es una construcción muy peculiar. Corriéndonos de la opinión que uno tenga sobre él, no puede negarse que estamos frente a un proceso de características, dinámicas y pulsiones muy definidas, apuestas muy terminantes y etcétera, etcétera. Un proceso de esta naturaleza no pasa sigilosamente de cara a la investigación histórica y de otras ramas de las ciencias sociales… ¡es una década muy intensa! –En términos del inglés Ian Kershaw para definir algunos procesos históricos de la Europa de entreguerras, el kirchnerismo “hace jadear la historia”… –Pero con particularidades entre los distintos tiempos, por así decir, que conforman esa década. –¿Qué particularidades, por ejemplo? –Soy de los que creen que, en términos ideológicos, el kirchnerismo se radicaliza a partir del 2008 y se radicaliza aún más cuando Cristina queda sola en la cúpula del poder con la muerte de su esposo. Creo que desde la perspectiva de la investigación de esos años hay mucho por trabajar. No estoy diciendo que él tuviera déficit ideológico en sus posicionamientos, su discurso, su sistema de decisión. Nada de eso. Digo que con Cristina se acelera la ideologización del poder. –¿Cómo leer esa aceleración? –Desde las dificultades, primero, que comienza a tener el kirchnerismo en tanto gobierno. Problemas que no impiden la reelección de Cristina en el 2011 pero tienen vigencia y hacia el futuro ya tenían dibujo grave, futuro que es el hoy. El círculo en el poder lo percibe, entonces apela a la radicalización ideológica para cohesionarse mirando la acumulación de problemas. Cohesión que apunta a fortalecerse hacia adentro ante el fracaso pero, además, le sirve para explicar los problemas hacia afuera. Colocarse como blanco de conspiraciones: los problemas los crean “los enemigos del modelo”. El kirchnerismo como víctima. –Volvamos a la pregunta inicial. Usted habló de lo peculiar del kirchnerismo… –Hace a la desmesura con que asume el ejercicio del poder y también al voluntarismo que le inyecta a ese ejercicio. La dimensión o, en todo caso, la discursividad permanente, la visión que tiene de sí mismo el kirchnerismo, fundada en cierta convicción de predestinación. –¿Chavismo o primo del chavismo? –Parecido, sí, aunque con menos mesianismo que el chavismo, que aspiraba a cuestiones que por lo menos a hoy no aspira el kirchnerismo: ser un modelo de sistema político para el mundo. Chávez se movió desde el convencimiento de liderar un proceso que el mundo debía copiar. Y hay una cuestión también muy interesante para explorar el kirchnerismo desde la historia. En esta década Argentina ha ratificado que es un país extraño, raro a la mirada del mundo… algo que hace a aquella vieja ecuación de que hay países desarrollados y menos desarrollados, pero está Argentina, que no sería lo uno ni lo otro. Esta década la iniciamos sin nada, con realidades atroces como lastre, con la imagen de país destruida, pero en medio de todo ese marasmo repetimos la historia de “país con suerte” y de las ruinas retornábamos para llegar a este presente donde los problemas nos estallan… y toda esa década en manos del kirchnerismo… –Como en el juego de los toros, de la gloria a la tragedia en un mismo viaje… –¿Y cómo no va a interesar a la historia ese viaje? Tremendo pero interesante viaje. ¿Cómo no reflexionar la desmesura? (C. A. T.) Marcos Novaro es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía. Ejerce cátedra en la UBA y es investigador del Conicet. Tiene una importante producción en investigación de la historia argentina. Entre sus obras se destacan “Representación y liderazgo en las democracias contemporáneas”, “Política y poder en el gobierno de Menem”, “Pilotos de tormenta”, “Cables secretos. Operaciones políticas en la Argentina de los setenta” y, junto con Vicente Palermo, el más riguroso tratado sobre el 76/83: “La dictadura militar”.

ENTREVISTA: Marcos Novaro, historiador


–La investigación de la historia parece destinada a detenerse por largo tiempo en el kirchnerismo. ¿Por qué? –Porque el kirchnerismo es una construcción muy peculiar. Corriéndonos de la opinión que uno tenga sobre él, no puede negarse que estamos frente a un proceso de características, dinámicas y pulsiones muy definidas, apuestas muy terminantes y etcétera, etcétera. Un proceso de esta naturaleza no pasa sigilosamente de cara a la investigación histórica y de otras ramas de las ciencias sociales... ¡es una década muy intensa! –En términos del inglés Ian Kershaw para definir algunos procesos históricos de la Europa de entreguerras, el kirchnerismo “hace jadear la historia”… –Pero con particularidades entre los distintos tiempos, por así decir, que conforman esa década. –¿Qué particularidades, por ejemplo? –Soy de los que creen que, en términos ideológicos, el kirchnerismo se radicaliza a partir del 2008 y se radicaliza aún más cuando Cristina queda sola en la cúpula del poder con la muerte de su esposo. Creo que desde la perspectiva de la investigación de esos años hay mucho por trabajar. No estoy diciendo que él tuviera déficit ideológico en sus posicionamientos, su discurso, su sistema de decisión. Nada de eso. Digo que con Cristina se acelera la ideologización del poder. –¿Cómo leer esa aceleración? –Desde las dificultades, primero, que comienza a tener el kirchnerismo en tanto gobierno. Problemas que no impiden la reelección de Cristina en el 2011 pero tienen vigencia y hacia el futuro ya tenían dibujo grave, futuro que es el hoy. El círculo en el poder lo percibe, entonces apela a la radicalización ideológica para cohesionarse mirando la acumulación de problemas. Cohesión que apunta a fortalecerse hacia adentro ante el fracaso pero, además, le sirve para explicar los problemas hacia afuera. Colocarse como blanco de conspiraciones: los problemas los crean “los enemigos del modelo”. El kirchnerismo como víctima. –Volvamos a la pregunta inicial. Usted habló de lo peculiar del kirchnerismo… –Hace a la desmesura con que asume el ejercicio del poder y también al voluntarismo que le inyecta a ese ejercicio. La dimensión o, en todo caso, la discursividad permanente, la visión que tiene de sí mismo el kirchnerismo, fundada en cierta convicción de predestinación. –¿Chavismo o primo del chavismo? –Parecido, sí, aunque con menos mesianismo que el chavismo, que aspiraba a cuestiones que por lo menos a hoy no aspira el kirchnerismo: ser un modelo de sistema político para el mundo. Chávez se movió desde el convencimiento de liderar un proceso que el mundo debía copiar. Y hay una cuestión también muy interesante para explorar el kirchnerismo desde la historia. En esta década Argentina ha ratificado que es un país extraño, raro a la mirada del mundo... algo que hace a aquella vieja ecuación de que hay países desarrollados y menos desarrollados, pero está Argentina, que no sería lo uno ni lo otro. Esta década la iniciamos sin nada, con realidades atroces como lastre, con la imagen de país destruida, pero en medio de todo ese marasmo repetimos la historia de “país con suerte” y de las ruinas retornábamos para llegar a este presente donde los problemas nos estallan... y toda esa década en manos del kirchnerismo… –Como en el juego de los toros, de la gloria a la tragedia en un mismo viaje… –¿Y cómo no va a interesar a la historia ese viaje? Tremendo pero interesante viaje. ¿Cómo no reflexionar la desmesura? (C. A. T.) Marcos Novaro es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía. Ejerce cátedra en la UBA y es investigador del Conicet. Tiene una importante producción en investigación de la historia argentina. Entre sus obras se destacan “Representación y liderazgo en las democracias contemporáneas”, “Política y poder en el gobierno de Menem”, “Pilotos de tormenta”, “Cables secretos. Operaciones políticas en la Argentina de los setenta” y, junto con Vicente Palermo, el más riguroso tratado sobre el 76/83: “La dictadura militar”.

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