Como un reality, pero en serio y en la Antártida

Trece europeos pasarán el invierno en uno de los lugares más inhóspitos con el fin de hacer investigaciones vitales



Los 12 hombres y una mujer que se enclaustraron el miércoles pasado en la estación antártica franco-italiana de Concordia sintieron por un momento la misma emoción que experimentan los participantes de un “reality show”.

Sólo que esta vez, no se trataba de un juego televisado, sino de una experiencia sin precedentes: pasar un invierno encerrados en una estación científica, en completa autarquía, en condiciones extremas y sin posibilidades de contar con ayuda exterior.

Durante los largos meses del invierno en el hemisferio austral, con una temperatura exterior de 60 grados bajo cero -que llega a -75 por las noches-, será virtualmente imposible aproximarse a la base, ubicada a 1.000 km de la costa en un continente helado de 14 millones de km cuadrados (equivalente a las superficies de Brasil, Argentina, Perú, Colombia y Bolivia).

En esas condiciones extremas, los 11 franceses y dos italianos serán casi inaccesibles: prisioneros del frío y de la noche, vivirán hasta noviembre a 3. 600 metros de altura en dos edificios cilíndricos de tres pisos -sostenidos por pilones- que tienen una superficie habitable de 1.500 m2. En un cuerpo se encuentran los laboratorios y los talleres, y en el otro los dormitorios y el restaurante.

Fruto de una colaboración entre el Instituto polar francés Paul-Emile Victor (IPEV, basado en Brest) y su homólogo italiano, Programma Nazio

nale di Ricerche in Antarctide (PNRA, Roma), la construcción de ese complejo, ubicado en la cúspide del llamado Domo C, costó 32 millones de euros (unos 40 millones de dólares). El lugar fue escogido porque allí ya existe una estación de verano.

Durante esta prolongada estadía, el personal de Concordia probará las instalaciones concebidas para la estación invernal y realizará investigaciones de glaciología, astronomía, climatología y medicina.

Una de las principales misiones consistirá en constituir una base de datos sobre las modificaciones climáticas en los últimos 900.000 años. A través de perforaciones del casquete glaciar, se podrán extraer diferentes capas de hielo que aportarán datos esenciales para estudiar las grandes alteraciones de temperatura a través de los siglos.

El equipo médico, en cooperación con la Agencia Espacial Europea, estudiará la adaptación del hombre a las condiciones hostiles (frío, altura, aislamiento), no sólo desde el punto de vista clínico, sino también en lo fisiológico y psicológico.

Los científicos aislados en Concordia también analizarán la evolución de la capa de ozono, la capa atmosférica polar y apasionante fenómeno que provoca el inicio de los vientos.

Esos ambiciosos objetivos serían imposibles de alcanzar sin un programa perfectamente organizado. “La vida tendrá un ritmo regular”, reconoce Michel Galland, electromecánico de la estación. D lunes a sábado, la jornada de trabajo se extenderá desde las 8.00 a las 17.30. El domingo será el día de descanso.

El cocinero francés Jean-Louis Duraffourg es el encargado de preparar las tres comidas: un bufet como desayuno, mientras que el almuerzo y la cena son servidos en mesas para cuatro o cinco personas. El domingo las 13 personas se sentarán en torno de una mesa familiar “con mantel blanco y flores artificiales”, prometió.

En este medio ambiente extremadamente frágil, se adoptaron las medidas necesarias para reciclar los residuos: “En dos años se completará el tratamiento de 90 por ciento de las aguas residuales producidas en la estación”, asegura la científica Claire Le Calvez. Por lo demás, “no arrojaremos nada a la naturaleza y no quemaremos nada. Todo será separado por categoría de residuos y enviado en contenedores a la base antártica Dumont d'Urville, y luego a Francia”. El equipo contempló inclusive las hipótesis de crisis que pueden presentarse en esas condiciones de aislamiento y sin posibilidades de recibir ayuda exterior inmediata. “Están previstas las principales alternativas para que podamos resolverlas nosotros mismos”, aseguró Michel Munoz.

En caso de emergencia médica, podrán contar con el auxilio del italiano Roberto Dicasillati. Si la estación resulta destruida por un incendio, los 13 científicos podrán replegarse a la base de verano: en un contenedor -ubicado a prudente distancia de los locales habitables- “hay víveres, ropa y equipamiento de seguridad” para sobrevivir hasta la llegada de los equipos de auxilio. Claire Le Calvez compara la vida dentro de la base a las condiciones que conocen los astronautas a bordo de una estación espacial. Si esta primera experiencia concluye exitosamente, para el futuro se proyecta enviar todos los años misiones permanentes de 16 personas que pasarán los nueve del invierno antártico en esas instalaciones. (AFP)


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