“Compramos zapatos y al abrir la caja había ojotas”

Por Redacción

Quiero compartir con la sociedad las desventajas de un nuevo servicio de ómnibus de Córdoba a Cipolletti. Relataré para ello en forma breve mi última experiencia. Compré en Junín de los Andes pasajes de ida y vuelta a Córdoba. Los de vuelta consistían en dos servicios de coche-cama de la empresa Vía Bariloche desde Córdoba hasta Cipolletti y desde allí con transbordo a Junín de los Andes. Adquirimos con una amiga y mi hija las confortables butacas que ofrece dicho servicio –números 8, 9 y 10–, amplias y, por supuesto, una individual; además, por lo que el precio pagado indica, con un buen servicio de catering, frazadita, almohadita, etcétera. El sábado 13 de marzo a las 17:10 estábamos las tres en la terminal de Córdoba listas para tomar el colectivo en cuestión, cuyo horario de salida era a las 17:15. De pronto, y para nuestra sorpresa, se oyeron nuestros nombres por el altavoz: nos pedían que nos acercáramos a la plataforma X ya que el colectivo “nos estaba esperando”. Nos miramos y corrimos hacia ahí, pero sin ver nuestro colectivo… enseguida vino a mi memoria la plataforma 9 y 3/4 a la que Harry Potter debía llegar para tomar su tren al colegio de magia (plataforma invisible a los seres humanos comunes). Acá la plataforma estaba, era la 8, pero no el colectivo: en su lugar había un Vía Tac con servicio común lleno de gente esperando arriba para viajar y un par de choferes que nos decían: “¡Suban, suban, casi nos vamos sin ustedes! ¡Este colectivo sale a las 17!”. Nosotras, aturdidas y apuradas como hacienda al matadero. Nos cargaron las valijas, nos tacharon el número de butaca y nos pusieron otro y, de paso, nos dieron la fresca explicación de que el servicio que nosotras habíamos adquirido simplemente “no estaba más”. No me voy a extender ahora en calificativos… esto tiene nombre. Bien, muy claro, pero ¿quién tuvo la culpa? ¿El chofer? No. ¿El azafato? No. ¿El chico de la boletería de Junín a quien le aparecía en sistema el servicio que nos vendió? No… en fin, la culpa no es de nadie. Después de hacer nuestra queja por escrito, el servicio desapareció en serio, es decir, tres últimas giles lo pagamos… y ya. Culpa, de nadie, pero ¿responsabilidad? ¿Hacerse cargo? Hasta el momento, tampoco. Tal vez entre varios pensemos quién y cómo pueden resarcirnos de alguna manera (se escuchan sugerencias) por el precio inversamente proporcional al servicio, el mal viaje y en cierta forma lo que pareció una tomada de pelo que se llama estafa. Compramos zapatos y al abrir la caja había ojotas. Luciana Martin, DNI 25.492.851 Romina Kendziura, DNI 31.892.629 Graciela Bufalo, DNI 14.748.389 Junín de los Andes