Con el tanque vacío

Redacción

Por Redacción

Si bien la economía ha crecido a “tasas chinas” en los años últimos, no lo ha hecho la producción de energía. Por el contrario, como señaló la semana pasada un grupo conformado por ocho ex secretarios de Energía, entre el 2003 y el 2009 la Argentina fue el único país significante de América Latina que se las arregló para reducirla. Las cifras en tal sentido son lapidarias. Mientras que en la región en su conjunto la producción de energía subió el 15% en dicho lapso, con Perú anotándose un aumento del 68% y Brasil uno del 28%, en nuestro país cayó el 7%, proeza que en vista de la forma irracional de tratar a las empresas del sector del gobierno kirchnerista dista de ser sorprendente. Cuando Néstor Kirchner inició su gestión en mayo del 2003, optó por darles a las empresas energéticas un lugar privilegiado en su lista de responsables máximos de la debacle económica de dos años antes, para entonces castigarlas diciéndoles que por haber prosperado en la década menemista deberían devolver el dinero trabajando a pérdida y congelando las tarifas. Por lo demás, según los ex secretarios, la gestión kirchnerista se ha basado en “licitaciones poco claras para favorecer a empresarios afines” y, es innecesario decirlo, “amenazas y concesiones arbitrarias”. Las consecuencias inevitables del desmanejo así supuesto no tardaron en manifestarse: toda vez que hace mucho calor, o frío, se multiplican los apagones que, por decisión del gobierno, afectan en primer lugar a la industria, aunque con frecuencia creciente están perjudicando a los usuarios de las zonas urbanas residenciales que se han habituado a abonar por lo que consumen una pequeña fracción de lo que pagan sus equivalentes en países vecinos como Chile y Brasil. Asimismo, mientras que en el 2005 el sector energético alcanzó un superávit externo de 6,4 mil millones de dólares, casi la mitad del superávit comercial total, a juicio de los ex secretarios de Energía es probable que en el año corriente arroje un déficit. Por entender el gobierno kirchnerista que cualquier modificación de su estrategia energética sería tomada por una derrota, hasta ahora las advertencias formuladas por los ex secretarios han caído en oídos sordos. Todo hace pensar en que seguirá negándose a prestarles atención. La reacción del secretario de Energía actual, David Cameron, ha sido la de cualquier integrante del equipo gobernante ante una crítica a su gestión: afirmó que “cuando esos funcionarios estuvieron a cargo consumieron reservas de gas y petróleo y no repusieron nada”, y tampoco “hicieron nada para aumentar la exploración”, dando a entender así que los problemas del país en la materia se deben a que en los veinte años que siguieron al hundimiento de la dictadura militar no se hizo esfuerzo alguno por aumentar la producción. Puesto que antes de la llegada de los Kirchner el sector disfrutaba de buena salud gracias a las inversiones cuantiosas que se efectuaron en la supuestamente catastrófica década de los noventa y, de todos modos, la energía hacía un aporte muy positivo a la balanza comercial, tales declaraciones sólo impresionarán a los oficialistas más fanatizados y más amnésicos. Una de las características más notorias del equipo kirchnerista es el escaso interés que sienten sus integrantes por el mediano o largo plazo. Obsesionados como están por el pasado, creen que la mejor forma de superar dificultades consiste en atribuirlas a gobiernos anteriores. Un resultado previsible de la miopía así supuesta ha sido el desarrollo –o falta de desarrollo– del sector energético; otros han consistido en el ímpetu ya irrefrenable adquirido por la inflación que, alimentada por la torpeza de funcionarios como el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, sigue cobrando fuerza, y, lo que es más grave todavía, el deterioro alarmante del sistema educativo nacional. Podría argüirse que el crecimiento vigoroso, impulsado por los precios muy altos de los commodities que exportaríamos, tomó por sorpresa a los Kirchner, razón por la que no previeron que la demanda energética se intensificaría tanto en apenas un lustro. Con todo, ya han transcurrido varios años desde que se hizo evidente que la economía pronto necesitaría contar con más petróleo, gas y electricidad, pero los voceros gubernamentales hablan como si realmente creyeran que heredaron un déficit energético enorme.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 860.988 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Domingo 13 de marzo de 2011


Si bien la economía ha crecido a “tasas chinas” en los años últimos, no lo ha hecho la producción de energía. Por el contrario, como señaló la semana pasada un grupo conformado por ocho ex secretarios de Energía, entre el 2003 y el 2009 la Argentina fue el único país significante de América Latina que se las arregló para reducirla. Las cifras en tal sentido son lapidarias. Mientras que en la región en su conjunto la producción de energía subió el 15% en dicho lapso, con Perú anotándose un aumento del 68% y Brasil uno del 28%, en nuestro país cayó el 7%, proeza que en vista de la forma irracional de tratar a las empresas del sector del gobierno kirchnerista dista de ser sorprendente. Cuando Néstor Kirchner inició su gestión en mayo del 2003, optó por darles a las empresas energéticas un lugar privilegiado en su lista de responsables máximos de la debacle económica de dos años antes, para entonces castigarlas diciéndoles que por haber prosperado en la década menemista deberían devolver el dinero trabajando a pérdida y congelando las tarifas. Por lo demás, según los ex secretarios, la gestión kirchnerista se ha basado en “licitaciones poco claras para favorecer a empresarios afines” y, es innecesario decirlo, “amenazas y concesiones arbitrarias”. Las consecuencias inevitables del desmanejo así supuesto no tardaron en manifestarse: toda vez que hace mucho calor, o frío, se multiplican los apagones que, por decisión del gobierno, afectan en primer lugar a la industria, aunque con frecuencia creciente están perjudicando a los usuarios de las zonas urbanas residenciales que se han habituado a abonar por lo que consumen una pequeña fracción de lo que pagan sus equivalentes en países vecinos como Chile y Brasil. Asimismo, mientras que en el 2005 el sector energético alcanzó un superávit externo de 6,4 mil millones de dólares, casi la mitad del superávit comercial total, a juicio de los ex secretarios de Energía es probable que en el año corriente arroje un déficit. Por entender el gobierno kirchnerista que cualquier modificación de su estrategia energética sería tomada por una derrota, hasta ahora las advertencias formuladas por los ex secretarios han caído en oídos sordos. Todo hace pensar en que seguirá negándose a prestarles atención. La reacción del secretario de Energía actual, David Cameron, ha sido la de cualquier integrante del equipo gobernante ante una crítica a su gestión: afirmó que “cuando esos funcionarios estuvieron a cargo consumieron reservas de gas y petróleo y no repusieron nada”, y tampoco “hicieron nada para aumentar la exploración”, dando a entender así que los problemas del país en la materia se deben a que en los veinte años que siguieron al hundimiento de la dictadura militar no se hizo esfuerzo alguno por aumentar la producción. Puesto que antes de la llegada de los Kirchner el sector disfrutaba de buena salud gracias a las inversiones cuantiosas que se efectuaron en la supuestamente catastrófica década de los noventa y, de todos modos, la energía hacía un aporte muy positivo a la balanza comercial, tales declaraciones sólo impresionarán a los oficialistas más fanatizados y más amnésicos. Una de las características más notorias del equipo kirchnerista es el escaso interés que sienten sus integrantes por el mediano o largo plazo. Obsesionados como están por el pasado, creen que la mejor forma de superar dificultades consiste en atribuirlas a gobiernos anteriores. Un resultado previsible de la miopía así supuesta ha sido el desarrollo –o falta de desarrollo– del sector energético; otros han consistido en el ímpetu ya irrefrenable adquirido por la inflación que, alimentada por la torpeza de funcionarios como el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, sigue cobrando fuerza, y, lo que es más grave todavía, el deterioro alarmante del sistema educativo nacional. Podría argüirse que el crecimiento vigoroso, impulsado por los precios muy altos de los commodities que exportaríamos, tomó por sorpresa a los Kirchner, razón por la que no previeron que la demanda energética se intensificaría tanto en apenas un lustro. Con todo, ya han transcurrido varios años desde que se hizo evidente que la economía pronto necesitaría contar con más petróleo, gas y electricidad, pero los voceros gubernamentales hablan como si realmente creyeran que heredaron un déficit energético enorme.

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