Con golpes de artes marciales se defendió de dos ladrones

Una pareja fue golpeada y amenazada en un robo., Los delincuentes no contaban con que el hombre sabía artes marciales. En un forcejeo los anuló con “llaves”. “Estoy segura que si no le entregaba el dinero, nos mataban a todos”, dijo la mujer.

NEUQUÉN

NEUQUÉN (AN).- Adrián tiene aún la mirada en brasas. Sangra de una oreja y está furioso. Jorgelina está herida y cansada. Los dos, novios desde hace años, experimentaron una situación extrema cuando un par de ladrones irrumpió en la vivienda familiar en busca de dinero.

Los golpearon y amenazaron con matarlos, pero no tuvieron en cuenta que el muchacho tenía conocimientos en artes marciales y armas. Tanto que con una “llave” desarmó a uno de los delincuentes y los hizo huir a los tiros.

A uno lo hirió en la espalda y el otro fue atrapado por la policía, a quien liberaron luego porque no se probó su participación en el hecho.

El episodio comenzó cerca de las nueve de la noche del martes. La pareja disfrutaba de una cerveza y hablaba de cosas menores, en compañía de “una tía que está operada” y un pequeño sobrino, que en ese momento salió de la casa de la calle Cerros Colorados al 350 para ir en busca de un choripán a lo de un vecino.

El niño dejó la puerta entreabierta y los ladrones aprovecharon. Uno con un pasamontañas (”el más experimentado”), el otro a cara descubierta, ambos empuñando armas de fuego. Adrián se los encontró en el living. “Ésta es la casa del dueño de Los 60, dónde está la plata”, escuchó, seco.

“Los años 60” es un histórico boliche de calle Roca, que anoche festejaba su aniversario 25.

Los ladrones estaban convencidos de que en la casa había mucho dinero, como Adrián de que “al menos el del pasamontañas lo conocía”, “a mí y a mi suegro”.

Buscaban a Jorge Fiorini, el propietario del local bailable que a esa altura de la noche estaba junto a su mujer en un cotillón, precisamente buscando “cosas para la fiesta”. Ataron a Adrián, Jorgelina y la tía operada y comenzaron a revisar.

Los nervios giraban en los pasillos de esa casa del barrio Belgrano. Adrián Leiva (27 años) dice que intentó “manejar la situación dándole dinero de a poco”.

Primero dos mil de su billetera, luego parte del sueldo de su novia, pero “querían más”.

“Traé un cuchillo, lo vamos a apuñalar para que hable”, le dijo el más experimentado al más joven.

Vieron aparecer un Tramontina. Las mujeres gritaron, Adrián recibió un culatazo que le cortó la oreja y quizá en ese golpe lo abordó una idea: sabía que podía desatarse (eran cordones finos), tenía que separarlos, desarmar a alguno de los ladrones e intentar llegar a la calle.

“Era la única forma que salieran de la casa”, recordó.

Entonces, dijo que había más plata en la habitación del suegro, en un placard, alto. Ahí liberó las muñecas y comenzó una pelea con el ladrón de cara visible.

“Le tiré con todo lo que tenía. Ya en la puerta le hice una llave (de arte marcial) y le puse el revólver en la cabeza. El otro me apuntaba con una 9 mm., pero no se animaba a tirar. Empezó a golpearme, a esa altura yo estaba algo mareado porque me habían abierto la cabeza y la oreja. Corrieron, y les tiré. A uno tres tiros, al otro dos. A uno le di en la espalda, trastabilló, gateó, se levantó y siguió. Al otro lo detuvo la policía a unas cuadras de acá”, relató.

¿Les apuntaste al cuerpo?, se le planteó. “Les tiré a pegar, obvio”, dijo.

Adrián y Jorgelina fuman. La nicotina parece tranquilizarlos. Dicen que les llevaron entre 11 y 12 mil pesos. Saben que no es una pérdida. “Estoy segura que si no le entregaba el dinero, nos mataban a todos”, dice Jorgelina.


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