Confirman sentencia por abuso en una fiesta estudiantil

El Tribunal de Impugnación no hizo lugar a un planteo de la defensa del hombre condenado a dos años de prisión en suspenso.

El Tribunal de Impugnación confirmó la sentencia a la pena de dos años de prisión en suspenso y pautas de conducta por el delito de abuso sexual simple perpetrado contra una adolescente de 16 años, por parte un hombre de 45 años, en el marco de una fiesta estudiantil que se realizaba en su vivienda.

El Tribunal de Juicio que lo condenó estuvo presidido por el juez de Juicio, Carlos Reussi, junto a los jueces de Garantías, Itziar Soly y Adrián Dvorzak.

Durante el debate la Fiscalía estuvo representada por Paula Rodríguez Frandsen, la Querella fue ejercida por Fernando Ruiz y la Defensa por Damián Torres.

En su escrito de impugnación abogado defensor señala como agravio “la arbitrariedad de la sentencia por errónea valoración de la prueba, desde que la declaración de los testigos que desacreditan la versión de la víctima ha sido valorada de manera parcializada.

Sostiene también que hubo una valoración ilógica de los hechos y se han producido contradicciones en la sentencia”. La teoría del caso de la defensa es que “el hecho de que un adulto de 40 años esté besándose con una joven de 16 de manera consentida, si bien es reprochable socialmente, no está tipificado en el Código como delito”.

El Tribunal de Impugnación indicó que “pese al importante esfuerzo en la defensa del imputado, no se ha logrado acreditar que en modo alguno se haya afectado el derecho de defensa o cambiado la teoría del caso de la acusación”.

Estableció además que “como lo explica la Fiscalía el análisis probatorio de la sentencia es global y no aislado, desde la declaración principal de la víctima, por el de sus amigas, las pericias presentadas, da explicaciones de como sucedieron los abusos”.

«La conclusión es que nunca hubo consentimiento. El juez no duda, demuestra la carencia de sustento de la posición del victimario”, indicó el fallo.

Por último el TI afirmó que “para nada es creíble que en una fiesta de comienzo de despedida del último año de la secundaria fuera el espacio de demostración de afecto de una niña de 16 años con un señor de 40 años, cuando su función era de cuidador del predio en el cual asistía su hijo”.


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