‘Corsi e recorsi’ de una localidad patagónica: expectativas y decepciones

Por Graciela Iuorno*


Desde su conformación, las nuevas provincias tuvieron una fuerte vinculación con el poder central y reprodujeron en su interior administraciones centralizadas y economías bastante estatizadas, salvo por algunas actividades productivas en manos privadas.


La explotación de carbón en las décadas del 60 y 70 marcó la época de oro de la localidad rionegrina. El desarrollismo fue su impulsor.

La fundación y el desarrollo de pueblos/ciudades, a lo largo de la historia, tienen diferentes derroteros y trayectorias, unas crecen en población, en actividades productivas, culturales, educativas, sanitarias, mientras otras son condenadas al crepúsculo o a su desaparición. Ciudades que crecieron y fueron prósperas con la explotación de un recurso o por la expansión de los medios de transportes, se vieron afectadas por ‘cambios de época’ o por falta de demanda de su producción.

En el caso de la Patagonia argentina, el Estado nacional tuvo un papel preponderante, no sólo por la relación de dependencia en la que mantuvo estas áreas hasta su provincialización, en las que designó a sus autoridades por más de setenta años, sino también porque explotaba prioritariamente sus recursos, entre otros, el petróleo y el carbón a través de empresas como Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), Yacimientos Carboníferos Fiscales (YCF) y además, se produjo el descubrimiento en 1944 de yacimientos de hierro en Sierra Grande. En 1969 se creó Hierro Patagónico Sociedad Anónima Minera (Hipasam). Desde su conformación, las nuevas provincias tuvieron una fuerte vinculación con el poder central y reprodujeron en su interior administraciones centralizadas y economías bastante estatizadas -salvo por algunas actividades productivas en manos privadas- ya que la mayoría de ellas dependen, aún hoy, de las regalías que ingresan en concepto de explotación de sus bienes.

En Río Negro, la expansión del Estado provincial desde el advenimiento de la democracia fue significativa: a las tradicionales políticas públicas de fomento y apoyo en los noventa se le sumó la prestación de servicios considerados estratégicos aumentando el nivel de deuda pública en disonancia con la direccionalidad impuesta desde el orden nacional. Situación que tiene marcas persistentes, más allá de los signos de los distintos gobiernos.


Hoy se vuelve a poner en el centro de los anuncios y de la atención de la prensa con la propuesta del hidrógeno verde…Como dijo W. Shakespeare “La expectativa es la raíz de toda angustia”


En el primer gobierno popular, en el contexto desarrollista nacional, se trazaron programas que buscaban expandir el este de la provincia y superar el perfil agropecuario provincial, logrando una manifiesta explotación industrial y de los recursos mineros. Sin embargo, la inestabilidad institucional provocó cambios en la política de desarrollo local que se sostiene en la idea de modificar el polo de desarrollo extrayendo recursos del alto valle para trasladarlos al aparato tecno-burocrático de la capital rionegrina.

En 1965 el gobierno del Dr. Arturo Illia planteó un plan ‘desarrollista alternativo’, poco conocido por cierto -será que los historiadores analizaron menos su política económica, dado que su gobierno fue visto con un alto grado teleológico, indagando más el porqué de su caída que su propuesta política-.

En los programas de fomento siderúrgico se puso énfasis en la máxima explotación de las reservas de las canteras argentinas Zapla (Jujuy), donde también había una planta de acero del ejército y la mina de Sierra Grande (Río Negro) que llegó a ser la más grande de Latinoamérica, enclave económico en la zona costera provincial (Salas Aron, 2015). Esta explotación se realizó a pesar que las reservas eras escasas, el costo de extracción alto y la calidad inferior al importado.

El objetivo era estratégico, el auto-sustento que evitara la dependencia con el mercado externo. Además, estaba previsto en dicho plan el proyecto de pavimentación de la ruta nacional 23 que permitía la integración económica, social y cultural de la provincia.

La crisis del ‘Estado benefactor’ y la aplicación de las políticas neoliberales que llevó a la privatización de empresas nacionales, afectó a la sociedad provincial y aumentó la desocupación. Sierra Grande, ciudad que se expandió al calor de su recurso minero vio crecer su población entre 1969 y 1991. En este último año el presidente Menem cerró por decreto la mina. La mayoría de su población vivía directa o indirectamente de la explotación minera como muchos de los pobladores de la zona. El pueblo que creció de forma explosiva, tiene según censo de 2010, 7404 habitantes, quedó en una situación desesperante con desocupación masiva y la emergencia de un pueblo fantasma. Las mujeres de los mineros con el corte de la ruta N° 3 y las marchas en el obelisco de Buenos Aires dieron lugar a las primeras acciones colectivas de la década en el país.

El gobierno rionegrino se hizo cargo de la mina en 1993, con el nombre de Hierro Patagónico Rionegrino Sociedad Anónima (Hiparsa), asumiendo el compromiso de llevar adelante la privatización -empresa china-, aunque tuvo resultados escasos de producción y calidad.

El desarrollo turístico de la costa -Playas Doradas- significó una estrategia y una salida económica para la población de Sierra Grande en las últimas dos décadas. Nuevamente en 2017, tras el cierre de la mina, apareció la esperanza y la ilusión para una parte de los habitantes con el anuncio del gobernador provincial de la instalación de la quinta central nuclear del país con capitales chinos.

Las acciones de Vecinos autoconvocados y protestas en Viedma dieron marcha atrás al proyecto. Nuevamente la desesperanza y el malestar de una población que se vio menguada en los años noventa y que no encuentra la oportunidad para el desarrollo económico y productivo.

Hoy se vuelve a poner en el centro de los anuncios y de la atención de la prensa con la propuesta del hidrógeno verde…Como dijo W. Shakespeare “La expectativa es la raíz de toda angustia”

* Historiadora, integrante del Centro de Estudios Históricos de Estado, Política y Cultura (Cehepyc) de la Universidad del Comahue, docente y escritora rionegrina.