Crece la mortalidad cardiovascular ante la falta de consultas

Al igual que ocurrió durante el primer semestre del 2020, el temor a los contagios genera demoras en la atención de pacientes con problemas del corazón. La situación preocupa a los referentes de la Salud, que solicitan mayor celeridad en las visitas a la guardia.

Al igual que ocurrió durante la primera etapa de la pandemia allá por 2020, las estadísticas de mortalidad intrahospitalaria amenazan con marcar un nuevo récord a nivel global. Argentina, como era de esperarse, no escapa de esta tendencia que fue registrada por la iniciativa “Stent-Save a Life”, un relevamiento a nivel mundial que intentó reflejar esta complicada situación.


Es que el temor a los contagios de Covid-19 sigue reteniendo a la gente que debe asistir a la guardia médica por problemas cardiovasculares. Esto genera retrasos en la atención, y mayor dificultad a la hora de tratar cuadros que ya están avanzados o con un pronóstico difícil. Si bien la situación se había aplacado hacia fines del año pasado, la segunda ola volvió a generar temor en los pacientes, que optaron nuevamente por estirar al máximo posible las visitas a la guardia.

“Estamos viendo infartos que hace tiempo no veíamos. Corresponden a casos en los que la gente convivió con los síntomas muchas horas antes de solicitar asistencia; incluso vemos más casos avanzados de trombosis venosas y trombosis pulmonares. Estas situaciones se veían hace 30 años o más, cuando la conciencia y el conocimiento sobre los signos que preanunciaban un episodio coronario o cardiovascular todavía eran muy poco conocidos por la población general”, afirmó el Dr. José A. Álvarez, médico especialista en cardioangiología intervencionista y miembro del Colegio Argentino de Cardioangiólogos Intervencionistas (CACI).

Para entender lo complicado de este contexto, basta con observar algunas estadísticas. Entre el 20 de marzo y el 31 de julio de 2020, y tomando en cuenta a 30 centros que se dedican a las angioplastías coronarias 24/7, la mortalidad intrahospitalaria había aumentado un 65% respecto al período anterior. Así, pasó de un 6,4% histórico (mantenido en 2019) a un 10,6% en pandemia. Y no solo eso: un estudio realizado por investigadores argentinos arrojó que si ese nivel se hubiera mantenido a lo largo de todo 2020, se podrían haber generado más de 10 mil pacientes nuevos de enfermedades cardiovasculares y entre 6 mil y 9 mil muertes que en otro contexto hubieran sido evitables.

Según aseguró el Dr. Martín Cisneros, cardioangiólogo intervencionista y Vicepresidente del CACI, “es notoria la merma de pacientes incluso en los consultorios, donde se observa una disminución: las restricciones impuestas a la circulación en transporte público, el miedo al contagio, la falsa creencia de que los centros médicos atienden solo urgencias, hacen que mucha gente siga postergando los controles y la realización de estudios preventivos. Todo ello contribuye a demorar los diagnósticos o, directamente, enfrentarnos con el problema ante la ocurrencia de un episodio cardiovascular”.

En las guardias se están respetando los protocolos, por lo que no hay ningún riesgo al asistir.


Hay que tener en cuenta algunos datos fundamentales: según el último informe de Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud de la Nación, se asigna a las enfermedades cardiovasculares un total de 95.826 decesos anuales. De allí, lo más representativo son las insuficiencias cardíacas (22.973), las enfermedades cerebrovasculares (19.210), los infartos agudos del miocardio (17.755) y demás problemas del corazón. No solo eso: si tomamos el total de muertes anuales con causa bien definida de este informe, se observa que el 30,4% corresponde a patologías cardiovasculares, lo que equivale a casi 1 fallecimiento de cada 3.

“Estas cifras nos dan una verdadera dimensión de lo que representan las enfermedades cardiovasculares en la salud de la población. No significa que estemos en contra de las medidas de prevención para evitar el contagio por Covid-19, pero grafica el nivel de gravedad de desatender o minimizar este conjunto de afecciones y la importancia de evitar la mortalidad y también las secuelas, porque muchas veces los pacientes no fallecen, pero quedan con discapacidades que afectarán su calidad de vida para siempre, como por ejemplo insuficiencia cardíaca o arritmias”, aportó el Dr. Diego Grinfeld, Presidente del CACI.

Una de las estadísticas más importantes para entender que en muchos casos estamos a tiempo de tratar la situación es que 9 de cada 10 fallecimientos por infarto se dan en personas que no recibieron atención hospitalaria. “Atendido en tiempo y forma, con la realización temprana de procedimientos de desobstrucción coronaria, como la angioplastia, en un alto porcentaje de casos se logra una recuperación exitosa y el paciente puede retomar sus actividades y llevar una vida prácticamente normal”, concluyó el Dr. Cisneros.

Estamos a tiempo de actuar. Ante el primer síntoma hay que dirigirse a la guardia , respetando todos los protocolos.


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